Protegiendo los intereses de la casta privilegiada

Escribe Luis Casado.  Politika.cl

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Las gigantescas manifestaciones que se desarrollan en Chile desde el 18 de octubre en adelante no han encontrado ninguna respuesta política: el gobierno de Sebastián Piñera, considerando que está en guerra contra su propio pueblo, solo ha recurrido a la represión. Bombero pirómano, el gobierno no ha hecho sino agravar las cosas.

Los acuerdos políticos negociados a espaldas de la ciudadanía, en lo que sus propios protagonistas bautizaron como “cocina”, tampoco han logrado calmar los ánimos. Partidos políticos parasitarios, que no tienen ninguna legitimidad de cara a la población, intentan dar lecciones de democracia fijandole límites a la participación ciudadana. Otro desastre.

El gobierno, en una movida desesperada, imaginó movilizar a las FFAA para “proteger infraestructura crítica”. Sin antes derogar el Decreto Ley 1086, impuesto por la dictadura en el año 1983, que hace de la policía uniformada un Estado dentro del Estado: una amenaza concreta a la convivencia social y a los derechos ciudadanos. El Juez Urrutia, en el Congreso, sostuvo que de ese modo el Estado de Chile “viola permanentemente los DDHH”.

Mientras tanto cunde el desorden, la sociedad ya no sabe a qué santo encomendarse y hay quienes esperan sacar rédito del temor que provoca la violencia desatada y los saqueos que en no pocas ocasiones han sido tolerados, sino perpetrados, por funcionarios de Carabineros.

Algunos irresponsables, tan ignorantes como oportunistas, movidos por su propio temor a perder la teta, reclaman la aprobación de la ley que quiere Piñera para que las FFAA asuman un papel que no es el suyo. Como argucia, más que como argumento, aducen que en Francia y en Bélgica los gobiernos ya echaron mano a las FFAA para ese propósito. Veamos qué hay de realidad en esas afirmaciones.

Sentinelle es una operación del ejército francés, desplegada después de los atentados de los días 7, 8 y 9 de enero de 2015, para hacerle frente a la amenaza terrorista y proteger los “puntos sensibles” del territorio nacional. La operación Sentinelle fue reforzada después de los ataques del 13 de noviembre de 2015 en la región parisina. Así, 10 mil efectivos son movilizados permanentemente a un costo de un millón de euros al día.

Los ataques mencionados fueron reivindicados por el Estado Islámico, fueron perpetrados por terroristas entrenados que utilizaron armas de guerra y poderosos explosivos, y causaron centenares de muertos.

¿Qué semejanza hay entre la situación chilena y los ataques del Estado Islámico?

Sentinelle… ¿evitó otros atentados? No. El 14 de julio del 2016 un atentado realizado con un camión lanzado a toda velocidad mató 87 personas en Niza. Ni los militares, ni la profusión de cámaras de vigilancia en toda la ciudad, sirvieron de nada.

En agosto de 2017, el Instituto Francés de Relaciones Internacionales juzgó la operación Sentinelle “costosa”e “inútil”. El investigador Elie Tenenbaum afirmó: “Hoy día, digan lo que digan el ejército y el ministerio de Defensa, que intentan convencernos de lo contrario desde el inicio, esos militares son utilizados como supletivos de las fuerzas de policía (…) con poderes extremadamente limitados, cuya presencia y aporte a la seguridad es mínima”. Tenenbaum indicó igualmente que aparte la securización de la calle Charonne durante el atentado contra el teatro Bataclán, los militares “solo han intervenido para protegerse a sí mismos”.

Según el coronel (R) Michel Goya: “Si examinamos el balance real de la intervención de los militares en el territorio metropolitano desde octubre de 1995, se constata que estrictamente ningún atentado, del origen que fuese, fue jamás evitado por la presencia militar. (…) Los únicos terroristas que los soldados neutralizaron son los que les atacaron a ellos mismos”. También declaró: “Esta operación, que en realidad dura desde hace 22 años porque no es sino una extensión del Plan Vigipirate (…), son 20 millones de jornadas de trabajo y entre 800 millones y mil millones de euros de sobrecosto.”

De enero a agosto del 2017, 100% de los ataques terroristas en Francia fueron dirigidos contra los militares y los policías, y ninguno apuntó a los civiles. Según la historiadora Bénédicte Chéron : “Es imposible saber si el dispositivo disuade porque no se sabe si ciertos terroristas renunciaron a algún ataque gracias a la presencia de militares. (…) Los únicos ataques que fueron evitados estaban dirigidos contra ellos, y no contra civiles”.

Para Cédric Mas, miembro del grupo de reflexión Action Résilience, a los ojos de ciertos terroristas, los militares aparecen como blancos “más honorables” que los civiles.

Para el general (R) Vincent Desportes: “Este dispositivo no le da satisfacción a nadie porque aporta muy poco en términos de seguridad. Por el contrario, le ofrece a los terroristas blancos militares claros a quien quiera atacarles”.

Para Bénédicte Chéron la operación Sentinelle es “una solución política fácil de mostrar y se hace difícil explicar que hay que salir de ella cuando la amenaza no ha disminuído sino aumentado”. Chéron estima que la operación se justificaba al principio, pero que “la perennización de ese modelo y el despliegue masivo de soldados, cuando se sabe que toda persona depositaria de la autoridad pública es un blanco, plantea interrogantes. La propia utilidad de Sentinelle no ha sido demostrada.”

Bélgica, Italia y Reino Unido

Bélgica desplegó, –después de los atentados de enero 2015, y reforzó luego cuando los atentados del 13 de noviembre en París y Saint-Denis, así como los atentados de marzo 2016 en Bruselas–, la Opération Vigilant Guardian, siguiendo el modelo de Sentinelle.

En febrero 2015, Italia desplegó 4.800 soldados en las calles para proteger de eventuales ataques terroristas un cierto número de edificios, entre los cuales el Vaticano.

Luego del atentado de Manchester en mayo 2017, el Reino Unido decidió lanzar la operación Temperer, que prevé el despliegue de 5.100 militares en las calles del país.

Francia, el Reino Unido, Italia y Bélgica participaron activamente en los bombardeos contra Libia, contra Siria, y desde luego en la guerra de Iraq, para no mencionar las guerras de Afganistán, Yemen, Malí, etc., intervenciones militares que más tarde pasaron factura.

¿Es este el caso de Chile? No. En Chile el enemigo designado es el propio pueblo chileno. Lo que se quiere proteger son los intereses de una casta privilegiada. Militarizar la solución de los problemas sociales y políticos solo puede llevar a una catástrofe de proporciones.

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Acuerdo antidemocrático

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Escribe Felipe Portales – Politika.cl

La aspiración mayoritaria de la población de obtener una Constitución democrática a través de una Asamblea Constituyente, que pueda iniciar un profundo proceso de transformación del modelo económico, social y cultural legado por la dictadura, se verá nuevamente frustrada, de confirmarse los quórums establecidos en el acuerdo negociado por parlamentarios de la derecha y de la ex Concertación.

78373748_10156363402732610_1945057673221242880_n.jpgEn efecto, el quórum de dos tercios exigidos para que la Asamblea apruebe sus textos significa, en la práctica, que la derecha minoritaria va a imposibilitar el establecimiento de una Constitución que pueda fijar los marcos para una democratización del conjunto de la sociedad que ella impuso a través del régimen de Pinochet. En definitiva, con aquel quórum, nada que no quiera la derecha quedará en la nueva Constitución.

De este modo, se hará muy difícil, sino imposible, que en el catálogo de derechos se establezcan diversos derechos económicos y sociales. Seguramente, la derecha no aceptará, por ejemplo, reconocer en la Constitución el derecho al trabajo o a una compensación digna en caso de no poder obtenerlo. O que el derecho a la seguridad social se estipule de manera de tener que sustituir las AFP, al excluir un sistema de simple ahorro forzoso de capitalización individual administrado por instituciones privadas; y de terminar con los privilegios de que disfrutan las Fuerzas Armadas y Carabineros a este respecto. O que el derecho a la salud se garantice a través de un sistema universal público de salud, sin perjuicio de que existan proveedores de atención de salud privados.

Será muy difícil también que la derecha acepte definir los derechos laborales de forma tal de impedir la sistematización del trabajo precario o su tercerización, con lo cual se eluden en muchísimos casos las obligaciones previsionales de los patrones o se sobreexplota a los trabajadores; o la definición de los derechos sindicales en línea con los Convenios de la OIT que el propio Estado de Chile ha ratificado. También será muy difícil que acepte la estipulación de un efectivo
derecho a un medio ambiente libre de contaminación, que impida la existencia de “zonas de sacrificio”; o establecer una efectiva función social del derecho de propiedad, estipulando que, por razones de bien común, y a través de la ley, se puedan efectuar formas de expropiación de bienes con pagos diferidos.

46803694_2036544043072199_4965887663476310016_n.pngMenos aceptará la derecha estipular como una de las funciones y deberes fundamentales del Estado –en lugar de un carácter subsidiario- el de generar las condiciones -a través de una planificación indicativa y de estímulos tributarios, crediticios, arancelarios y de diverso orden- para un desarrollo científico-tecnológico y una industrialización de nuestras materias primas, con efectivos
sistemas de vigilancia pública para impedir que dichas actividades se manchen con formas de corrupción. Y tampoco aceptará que se establezca un dominio del Estado del agua y de los yacimientos mineros, sin perjuicio de su explotación o uso por parte de privados a través de concesiones administrativas; o en sociedades mixtas con el Estado.

Por otro lado, difícilmente aceptará la derecha reconocer constitucionalmente a los pueblos indígenas y sus derechos específicos, en concordancia con los tratados internacionales en la materia. O establecer el plebiscito como una forma de resolver los conflictos sobre reformas constitucionales entre los poderes Ejecutivo y Legislativo; o de aceptarlo como iniciativa de acción pública por un número significativo de ciudadanos. O terminar con las atribuciones de virtual “superponer” que tiene actualmente el Tribunal Constitucional. También será muy improbable que la derecha acepte quitarle la autonomía operacional de que disfrutan las Fuerzas Armadas y Carabineros, pese a la patética experiencia sufrida recientemente por el gobierno de Piñera al respecto.

Por cierto, éste no constituye un listado exhaustivo de las cosas que la Constitución no podrá incluir, debido al poder de veto que tendrá la derecha en la Asamblea, de mantenerse el quórum de los dos tercios.

Evidentemente que este quórum repugna a lo esencial del concepto de democracia de que las mayorías son las que deben tomar las decisiones que comprometen al conjunto de la sociedad. Por esto es que virtualmente todas las Asambleas Constituyentes del mundo han operado bajo el principio de mayoría. La excepción que se ha mencionado al respecto es la de Sudáfrica, en el que el tratamiento de siglos de la minoría blanca a la mayoría de color fue tan bárbaro e inhumano, que generó un terror de aquella de quedar “entregada” a la mayoría, de tal modo de condicionar el fin del apartheid a compartir el poder, al menos por un cierto tiempo. Pero, llegar a sumarnos a la excepcionalidad sudafricana,
revelaría una bochornosa concepción de nuestro país.

Es cierto que nuestra historia ha sido tremendamente autoritaria, racista y clasista; estando muy lejos del mito democrático con que se nos ha infatuado desde pequeños. Pero, de allí a irse al otro extremo, y de plantear que aquella ha estado al nivel de inhumanidad de Sudáfrica ¡es demasiado! Además, que revela una gigantesca mala conciencia de nuestra clase alta…

Por otro lado, es loable querer que nuestra Carta Fundamental sea lo más consensual posible e, incluso, estipular normas reglamentarias que estimulen aquello, ¡pero no socavando el esencial principio democrático de mayoría!

En este sentido, podría perfectamente estipularse que, en principio, deberían darse por aprobadas todas las disposiciones que obtengan al menos los dos tercios de los asambleístas en ejercicio. Y que respecto de las disposiciones aprobadas por mayoría absoluta pero que no alcancen los dos tercios, se deje abierta la posibilidad de que la minoría apele al pueblo -¡el real soberano, en definitiva!-
para que este último resuelva en un plebiscito ratificar la postura mayoritaria de la Asamblea, o aprobar la propuesta respectiva de la minoría.

Además, no se ha reparado que siguiendo la lógica de los dos tercios, las disposiciones relativas a las reformas constitucionales en la nueva Constitución deberán establecer que cualquier modificación de ésta requerirá también de los dos tercios. Y que la ex Concertación tendrá que allanarse a ello ya que, de lo
contrario, ¡no habrá norma sobre ello! Y evidentemente ningún texto constitucional puede ser aprobado sin que incluya una norma respecto de sus eventuales modificaciones futuras…

Pero este quórum de los dos tercios no sólo es antidemocrático, sino también absurdo, en la medida que podría dejar una Constitución mutilada, respecto de materias propias de ella sobre las que no se alcanzasen acuerdos con dicho quórum. Es por ello que constituye un elemento esencial de la técnica jurídica respecto de órganos colectivos, que contemple todas las eventuales conformaciones de opinión en orden a obtener finalmente una decisión colectiva.

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Asimismo, el planteamiento hecho por algunos asesores constitucionales de la ex Concertación, en orden a que las materias que no obtengan resolución en la Asamblea, podrán ser aprobadas posteriormente por los congresos por simple mayoría, no es efectivo. Generalmente estas materias también están cubiertas por las leyes orgánicas constitucionales vigentes (¡que continuarán como están mientras no sean explícitamente modificadas!) cuyo quórum es de 4/7, salvo que este sea modificado por la Asamblea; obviamente, con el acuerdo de los dos tercios…

En definitiva, el acuerdo constitucional concordado entre la derecha y la ex Concertación (y al que se sumaron algunos partidos del Frente Amplio, ¡hecho por el que se provocó la fractura de éste!) es antidemocrático, puesto que no permitirá que las grandes mayorías populares que desean un profundo cambio de nuestro sistema político, económico y social, puedan obtenerlo; de mantenerse el infausto quórum propuesto.

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“La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”

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By Sergio Martínez (desde Montreal, Canadá) Noviembre 16, 2019

“La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas” había escrito Nicanor Parra en su libro Artefactos (1972) en ese afán que tenía de tomarle el pelo a todo el mundo. Pero como en política todo puede suceder, he aquí que lo que hubiera parecido una arrancada poética o antipoética en este caso, ha venido a materializarse plenamente en este singular acuerdo firmado entre la noche y la madrugada del jueves al viernes de esta semana.

Llamado pomposamente Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, y rápidamente elevado a la categoría de “acuerdo histórico” por los medios controlados por la derecha, al examinarse su contenido conocido (porque no extrañaría que hubiera algunas otras partes mantenidas bajo reserva, como ocurrió cuando se negoció la transición a finales de los años 80), lo cierto es que no garantiza paz social alguna y ni siquiera de que vaya a haber una nueva constitución.

Visto este proceso que lleva al acuerdo, con el beneficio de la distancia y su resultado, hay que admitir que al tratar de entender el manejo por parte de los dirigentes de la oposición que lo negociaron, uno se enfrenta con dos posibilidades: o los negociadores de la oposición son una tropa de incompetentes a quienes sus contrapartes de la derecha les metieron el dedo en la boca cuantas veces quisieron, o son una manga de traidores a los que les importa un comino el clamor de manifestantes a quienes en algunos casos este proceso les ha costado literalmente un ojo de la cara.  Si fuera el primer caso, los negociadores de la derecha esa noche deben haber ido a celebrar con champaña, por lo fácil que les salió echarse al bolsillo a sus contrincantes; si fuera el segundo caso, ambos equipos de negociadores habrán compartido la champaña.

Por cierto no es extraño que el acuerdo enfatice lo de la paz social ya que el costo económico de todo este período de protestas ha tenido un importante efecto que sin duda afecta a las empresas, desde las grandes a las pequeñas. Y la economía en general se ha visto resentida, lo que algunos esperan cambie, si es que esa “paz social” se hace real. Por de pronto el Ministro de Hacienda se declaraba contento con el repunte en la Bolsa de Comercio y la baja del dólar, signos que el gobierno espera que les sirva para su propio provecho político. Pero en estas materias las realidades cambian muy a menudo.

Naturalmente el hecho mismo que la derecha, que hasta hace poco se negaba siquiera a considerar la idea de una nueva constitución, se haya allanado –aunque a regañadientes– a aceptar la idea, no se debe al poder de convencimiento de los parlamentarios y dirigentes de la oposición, sino a la masiva presencia del pueblo chileno en las calles durante ya casi un mes.  Un proceso iniciado por estudiantes y que ha llegado a convertirse en un movimiento transversal reclamando pensiones dignas, acceso a la salud, educación de calidad y por cierto una nueva constitución, ya que lograr esos objetivos de la llamada agenda social no puede hacerse dentro del marco restrictivo de la presente ley fundamental. Y –no olvidar– en esa radicalización de sus demandas, hasta la continuidad del gobierno de Piñera estuvo en juego. Para el presidente este acuerdo es un valioso salvavidas del cual puede aferrarse.

Así, en medio del crecimiento de la presión popular, se aparece este acuerdo cupular y que lejos de interpretar el sentimiento y presión de las bases del pueblo más bien apuestan a su desmovilización. Examinemos los puntos del acuerdo de manera crítica. La derecha ha tenido que ceder al aceptar un plebiscito inicial con dos preguntas, implícitamente reconociendo que hay que redactar una nueva constitución. Eso lo han destacado líderes opositores, sin embargo si es así ¿por qué la primera pregunta del plebiscito será sobre si la ciudadanía quiere una nueva constitución? Si el punto ya estaba zanjado y la derecha había aceptado esa realidad, esa pregunta es redundante y en ese caso la pregunta debió haber sido sólo sobre qué método para la redacción de una nueva constitución preferiría la gente. Incluso en esta, que sería la pregunta más pertinente, se aceptó utilizar una terminología que mueve a confusión: alternativa (a) Convención constituyente mixta, parlamentarios y miembros elegidos de la ciudadanía. Alternativa (b) Convención constituyente con ciento por ciento de sus integrantes elegidos de la ciudadanía. Esta última es la asamblea constituyente, pero la derecha impuso la utilización de otro nombre que en los hechos distorsiona el sentido de la alternativa y puede, potencialmente, confundir a alguna gente, al ver que ambas son “convenciones” y no encontrar en la papeleta la palabra “asamblea” que es por lo que luchó. Eso sin dejar de lado que, dado lo tramposa que es la derecha, al mantenerse esa primera pregunta sobre sí se quiere nueva constitución o no, de aquí a abril, es decir seis meses casi, bien puede montar un entramado publicitario desacreditando la idea y argumentando –mañosamente por cierto– que en cambio se priorice la llamada agenda social, y que para eso no sería necesario una nueva constitución, lo que sabemos es falso.

Por cierto el tema más contencioso ha sido el del quorum requerido para aprobar los diversos contenidos de la nueva constitución: dos tercios (66% de los constituyentes) lo que en los hechos le da a la derecha el poder de veto sobre cualquier punto que se quiera introducir en la constitución. Esto simplemente considerando que en cualquier elección regular, la derecha ha obtenido históricamente al menos un tercio de la votación. En una elección de ciudadanos constituyentes lo más probable es que ese porcentaje se mantuviera. La derecha incluso quería que en caso de no haber acuerdo sobre un punto, rigiera el articulado pertinente de la actual constitución, eso no fue aceptado al quedar en claro que la redacción del texto parte de cero (página en blanco). Lo que significaría que en ese caso no habría texto, y como no puede haber vacío legal, cualquier tema que no fuera objeto de acuerdo sería simplemente materia de ley. Esto entraña un riesgo: por ejemplo, si se propone en la nueva constitución que la educación y la salud sean considerados bienes públicos, ajenos al lucro, y no hay acuerdo, ello podría legislarse, pero cualquier cambio futuro en la legislación podría modificarlo y por simple mayoría.

Tampoco está para nada claro cómo se hará la elección de los ciudadanos constituyentes, sea para la alternativa (a) o (b). Mario Aguilar y otros dirigentes de la Mesa de Unidad Social planteaban que el proceso se diera a partir de la base, desde los cabildos que se han estado desarrollando en todo el país y que ellos designaran a sus representantes. Al fin de cuentas ¿cuál habría sido el objeto de todo ese proceso democrático de consulta desde las bases? Esto es importante porque bien puede suceder que los partidos políticos –en general ausentes e irrelevantes durante todo este proceso de efervescencia social– deseen que la elección de constituyentes se haga como han sido todas las elecciones tradicionalmente, con el rol protagónico de los partidos, que contando con muchos más recursos, podrían terminar desplazando a los dirigentes de base que han estado haciendo funcionar los cabildos y han estado manifestando en las calles todo este tiempo.

El proceso de demandas ciudadanas ha estado creciendo día a día, y sí, ha tenido también ese lado amargo de una violencia irracional, de destrucción y de saqueos. Fenómeno que aun está rodeado de muchas sospechas, ya que ha habido innumerables registros audiovisuales que muestran connivencias entre los llamados encapuchados y agentes policiales. Sólo una investigación muy acuciosa en el futuro, podrá dilucidar quizás, quiénes estuvieron detrás de esos actos delictivos, quien alentó y compensó a toda esa turba de lumpen que destruyó estaciones de metro, saqueó locales comerciales, incluso de pequeños y medianos comerciantes. Sorprende en todo caso, que el trabajo propiamente policial de investigar y detener a los hechores de esos sucesos de vandalismo, muestre hasta ahora tan pocos resultados. En los casos de ataque a las estaciones de metro, por ejemplo, sólo habría cuatro detenidos, entre ellos un menor, otro sujeto con antecedentes criminales y el que ha tenido más notoriedad, el profesor de matemáticas de la Universidad del Desarrollo –una casa de estudios de propiedad de la UDI–Roberto Campos Weiss, un sujeto que despierta muchas sospechas ya que podría tratarse de un agente provocador, en todo caso importante para averiguar cuál podría ser la trama que conduzca a quienes están detrás de los desmanes.

¿Acuerdo para la Paz Social y una Nueva Constitución? Las dudas son muy grandes como para creerlo, por lo que esperamos que la movilización se mantenga. No porque uno no quiera un retorno a un estado de certidumbres: que va a haber el metro y los buses funcionando, las oficinas o los negocios abiertos. Y por cierto, porque incluso aquí, desde la distancia, he visto con gran dolor los desmanes del lumpen: la destrucción de estaciones del metro y algunos de sus trenes, que para un país de pocos recursos sabemos es un alto costo, además de ser de utilidad al pueblo. La destrucción de edificios patrimoniales como el que ocupaba una universidad privada, el ataque incendiario contra una hermosa iglesia decimonónica en el barrio Lastarria, la utilización de mobiliario del Centro Gabriela Mistral para hacer fogatas, la conversión de la Plaza Italia de área verde en zona desértica y en general, la visión de grandes secciones de la ciudad convertidas en tierra arrasada, no son espectáculos gratos y los delincuentes que han perpetrado estos hechos y especialmente quienes los hayan estimulado y financiado deben ser castigados.

Cierto, las manifestaciones masivas por demandas sociales de indudable justicia traen desgraciadamente consigo estos “daños colaterales”, pero ello no debe llevar a intentar una salida apresurada de la crisis. Como alguien dijo: “No se trata de que todo esto termine lo antes posible, sino que termine lo mejor posible”. Y el acuerdo firmado entre gallos y medianoche no conduce precisamente a la mejor salida de la crisis, porque ha sido hecha sólo para salvar la imagen de los propios firmantes, para su propio beneficio.

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A casi un mes del alzamiento, Piñera tiembla frente al despeñadero

Escribe Andrés Figueroa Cornejo. politika.cl

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Sebastián Piñera tiene mucho que hacerse perdonar. Pero no es el único. Hoy su única salida es irse. Dimitir. Ese es el único modo de detener el juego de masacre y devolverle la tranquilidad a millones de ciudadanos. Junto a Piñera debe partir el Congreso ilegítimo, responsable de toda la legislación que esclaviza a los hogares de nuestro país. Un montón de oportunistas, negociantes, traficantes de influencia, corruptos y prevaricadores, culpables del dolor y el sufrimiento de los últimos 30 años. Muchos de ellos estuvieron con Pinochet. O sea robando desde hace casi medio siglo. Ya basta.

Una vez más, y cuando aún no acaba la jornada de protestas populares, este martes 12 de noviembre, Piñera y su gabinete ha aparecido en cadena nacional de medios masivos de comunicación para no ofrecer soluciones a los derechos sociales por los cuales hace casi un mes, millones de personas están en movilización permanente en todo el país.

Antes de su alocución, las opiniones en las redes sociales se dividían entre quienes esperaban el anuncio de su renuncia, y quienes aguardaban el establecimiento del estado de sitio y el retorno, todavía mucho más cruento, de los militares a las calles.
Sin embargo, el todavía presidente Piñera se limitó a ofrecer tres puntos que ya había mencionado profusamente antes: un “acuerdo por la paz y contra la violencia”; una indefinida “agenda social”; y el acuerdo con el sistema de partidos políticos de la institucionalidad para ‘cocinar’ una “nueva constitución”, con una inextricable mayor “participación de la ciudadanía”.

En términos de represión en contra del pueblo en lucha, llamó a reintegrarse a las policías a aquellos efectivos que habían pasado a retiro recientemente para que colaboren con los vigentes.

En el mismo tono, se atrevió a decir que su gobierno “no tolerará ninguna violación de los derechos humanos”, y, a la vez, que desde el miércoles 13 de noviembre se perseguirá y castigará a quienes hayan “incitado y fomentado actos de violencia”, de acuerdo a la Ley de Seguridad Interior del Estado. Esto último pareciera apuntar a reprimir a liderazgos sociales, aunque aún tiene que ponerse en práctica para evaluar su impacto y sentido.

Además de una intensificación de la criminalización sobre la población que se está manifestando, Piñera fue incapaz de mostrar nuevas cartas. Al parecer, ya no las tiene.

La debilidad política de Piñera respecto de los soportes de las fuerzas tradicionales de la derecha dura y subordinada al imperialismo estadounidense, como la misma oficialidad de la FFAA o el alto clero, lo coloca al desnudo frente a una población que sólo espera su caída definitiva.

Él es el principal responsable político de la violación sistemática de todos los derechos humanos contra miles de chilenos. Ni siquiera merece la pena recordar las más de 20 personas muertas en las protestas; las violaciones a mujeres y hombres por uniformados; la tortura repetida contra menores de edad; el horror de la pérdida de la visión, parcial o total, que provocado el espanto mundial; el uso de armamento de guerra ante un pueblo desarmado.

Lo cierto es que a las fuerzas, intereses y grupos sociales que representa Piñera, les interesa mucho menos “acordar” alguna combinatoria de cambio constitucional con la oposición institucional, que perder su puesto en La Moneda. ¿Habrán medido con mayor exactitud las relaciones de fuerza y la naturaleza del movimiento que la propia oposición? ¿Prefieren mantener a su peón de turno en el Ejecutivo que realizar algunas concesiones menores a la Constitución de Pinochet?

La lucha por la salida de Piñera del Ejecutivo continúa siendo el primer desafío de un pueblo que ha despertado y durante cuatro semanas no deja de multiplicarse y destruir el miedo tras su paso. Los procesos constituyentes son posteriores a la resolución del problema del poder. Y el poder está en manos de la oligarquía aún.

Por lo demás, cualquier fórmula de nueva constitución demanda los tiempos largos que Piñera y los suyos necesitan para intentar recomponerse. La oposición institucional no termina de comprender la totalidad contradictoria y en pleno desenvolvimiento de un movimiento inédito.

Los manifestantes continúan reproduciendo su descontento antiguo, pese al terror mediático y las municiones. Duros son los caminos de la libertad.

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Telescopio: la irracionalidad engendra irracionalidad

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Escrito por Sergio Martínez (desde Montreal, Canadá)

Aristóteles tendría mucho que decir respecto de la actual crisis en Chile. En su Política, en referencia a lo que hoy llamamos economía, ya distinguía entre oikonomikos de donde deriva el actual término economía, y que se refería a las actividades para el mantenimiento de cada familia, el trabajo y el manejo de los bienes de intercambio que permitían la subsistencia. El otro concepto era chrematisike que se refería a las actividades destinadas a sacar ganancias. Para Aristóteles, esta última era una actividad carente de toda virtud y más aun, quienes la practicaban, para él eran “parásitos”.

Al parecer en Chile se han cansado de los “parásitos”, los que especulan con los fondos recaudados por las AFP, se benefician de las ganancias de las Isapres que a su vez se aprovechan de las necesidades de salud de la gente, o de ese pequeño, pero poderoso porcentaje de dueños de bancos, inmobiliarias y socios de consorcios transnacionales que se han estado enriqueciendo a costa del trabajo de los chilenos desde los tiempos de la dictadura y que en democracia simplemente se arrimaron a la sombra de los jerarcas partidarios que administraban el modelo.

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Sin embargo Chile ha llevado el modelo parasitario de la economía neoliberal a un extremo tal, que ha destruido a su vez las bases mínimas para una resolución medianamente racional de los conflictos, particularmente del conflicto derivado de la inequidad social. Y sin racionalidad, bueno, todo puede suceder, como lo hemos visto estos días.

¿Y es importante esto de la racionalidad, de la razón? De nuevo el viejo Aristóteles nos puede ayudar. Para el filósofo griego el bien supremo era la felicidad, la que definía de un modo muy diferente a como la definiría mucha gente hoy. Para Aristóteles la felicidad era el buen uso de la razón. Noción que a su vez puede tener diferentes interpretaciones y extensiones: tener clara conciencia de por qué hacemos lo que hacemos, por ejemplo, algo que conecta con la noción existencialista del “ser para sí”, el ser consciente.

En nuestra tradición marxista también adoptábamos ese razonamiento cuando hablábamos de la clase “en si” y la clase “para sí”. En el primer caso como dato estadístico: la clase trabajadora, por ejemplo, en términos cuantitativos, cuántos son. En el segundo caso, la clase con conciencia de tal, el dato cualitativo.

Por cierto, la dictadura y el modelo económico neoliberal alteraron mucho el concepto mismo de clase trabajadora u obrera. De hecho, por la desindustrialización de Chile, la clase obrera se ha visto notoriamente disminuida, en cambio otros segmentos de trabajadores, principalmente en las áreas de servicio, han sido los que han tomado su lugar al menos en términos numéricos, aunque no en un sentido cualitativo: probablemente una gran parte de esa clase trabajadora en funciones de servicios en el comercio, el aseo de edificios, la seguridad o en la llamada economía informal (vendedores ambulantes, trabajadores ocasionales) no participa en ninguna instancia organizativa que defienda sus intereses o que siquiera de manera remota contribuya a formarles una conciencia de clase.

El peor efecto de esta transformación de la economía, sin embargo, ha sido el hecho que varios centenares de miles de gente que alguna vez eran parte de ese conglomerado que se podía llamar “trabajadores” han sido arrojados a las numerosas huestes de los que Los Prisioneros en su famoso tema llamaron “los que sobran” y de esos, simplemente una gran cantidad ha pasado a engrosar las filas del lumpen.

En una conversación familiar hace unas semanas conversábamos de este fenómeno y a alguien hasta le pareció curioso este término, quizás escuchado en algunos círculos, pero cuyo origen no todos conocen. Marx utilizó el término alemán lumpenproletariat  en su obra El 18 Brumario, describiéndolo domo “el deshecho de todas las clases”…”una masa desintegrada” compuesta de “individuos arruinados y aventureros desgajados de la burguesía, vagabundos (gente en situación de calle se diría en el lenguaje engolado que se usa en Chile), soldados desmovilizados, pájaros de cuentas liberados de prisión, ladronzuelos diversos, mendigos, gente operando en el oficio de la prostitución, etc.” Marx indica cómo Louis Bonaparte se apoyó en esta gente en su pugna por el poder. He aquí entonces un primer dato importante: el rol político instrumental que puede desempeñar el lumpen. Otto Bauer añade otro dato importante respecto al lumpen esta vez en el siglo 20, el lumpen incorporado a los grupos de choque del fascismo, tanto en Alemania como en Italia.

Para los chilenos no hace falta recurrir a esas referencias bibliográficas: en nuestra propia experiencia, el lumpen era la “carne de cañón” de los grupos de extrema derecha fascistoide, Patria y Libertad y el Comando Rolando Matus, operando durante los años de la Unidad Popular. Elementos del lumpen como el infiltrado dirigente poblacional Osvaldo “Guatón” Romo integraron después del golpe redes de delación e incluso como Romo, fueron parte de los equipos de torturadores de la DINA.

El modelo neoliberal, con su afán destructivo de la industria manufacturera chilena que redujo y en algunas ciudades liquidó a la clase obrera, mientras que a la vez promovía un consumismo obsesivo, produjo también un efecto devastador en lo que antiguamente llamábamos “los sectores populares”, principalmente habitantes de las poblaciones obreras y de ciertos barrios. Desplazados de las posibilidades de trabajar en industrias que ya no existían, los hijos de la otrora orgullosa clase obrera, en muchos casos pasaron a engrosar las filas del lumpen. En la ausencia de trabajos estables, con la televisión y la presión de su entorno tentándolos a comprarse la marca de zapatillas de moda y el celular más espectacular, los jóvenes de las poblaciones, los que otrora acompañaban a los partidos de izquierda a hacer campaña por sus candidatos y que compartían en veladas culturales, ahora se convertían en consumidores de droga, micro-traficantes, o en el “escalón más alto” de esa nueva cultura instalada, en los guardias armados de las pandillas de narcos.

Con la instalación de esa nueva cultura, subproducto del modelo económico neoliberal, el resultado ha sido la instalación de la irracionalidad, como norma, porque es evidente que la vida del lumpen no puede ser una vida feliz. Nótese que aquí convergen las definiciones de felicidad aristotélica (felicidad = buen uso de la razón) y la noción que comúnmente entendemos hoy como estado de realización personal y social. En un sistema donde impera la irracionalidad, sólo puede generarse más irracionalidad.

Las protestas masivas que se han desarrollado con éxito y mayormente de modo pacífico, han encontrado como respuesta la irracionalidad de un gobierno que impertérritamente intenta continuar como si “aquí no pasa nada”. Entonces tenemos esa insólita declaración de guerra, por muy retórica que haya sido. Las manifestaciones son a menudo atacadas por los carabineros cuando se desenvuelven pacíficamente, a lo más interrumpiendo el tránsito, pero no causando daños. Paradojalmente, cuando de manera muy sospechosa, aparecen individuos encapuchados que atacan, destruyen y prenden fuego a las estaciones del Metro, esos mismos policías no aparecen. De igual modo ha ocurrido con los saqueos a tiendas y la irracional destrucción de semáforos, paradas de buses y señalización vial. “Es cosa de locos” decía alguien que no es chileno al ver el despliegue policial en la televisión. En Providencia la gente saqueaba las tiendas sin ser molestada. Mientras en una gran cantidad de casos –actuando contra manifestantes legítimos– los carabineros se han comportado de un modo brutal que ya ha sido abundantemente denunciado, por otro lado cuando se trata de actos de delincuencia como los saqueos o los repetidos ataques a estaciones de Metro y buses, que todo el mundo repudia, demuestran un grado de inacción que hace pensar que o son cómplices de esos actos, o son terriblemente incompetentes. ¡Si ni siquiera pudieron defenderse de un ataque como el que sufrieron dos carabineras a manos de alguien con evidentes intenciones asesinas, pero que un policía adiestrado para esos casos debió advertir que el ataque venía y actuar en consecuencia!

¿Hay un intento deliberado de crear una situación límite: multiplicación de la violencia, saqueos y destrucción de infraestructura a fin de que la ciudadanía se vuelque contra los manifestantes en general, y empiecen a pedir mano dura? ¿Hasta dónde puede ese irracional planteamiento llegar? ¿Restaurar el estado de emergencia? ¿Crear condiciones para un golpe militar?

En ese impactante film de Francis Ford Coppola Apocalipsis ahora el renegado coronel Walter E. Kurtz emite su famosa perorata: “el horror, el horror tiene cara…y tú tienes que hacerte amigo de ese horror. El horror y el terror moral son tus amigos. Si no, ellos son tus enemigos, enemigos que deben ser temidos…”  Una sensación extraña es para mí ver a mi país de origen envuelto en esta crisis, cuyos sucesos veo a distancia a través de la televisión y las redes sociales. Dolor por la destrucción irracional que tiene lugar. Como el horror de Kurtz, la irracionalidad sembrada por quienes diseñaron ese proyecto disfuncional de país, hoy ven sus efectos a veces bastante cerca, aunque no lo suficiente como para darse cuenta de la irracionalidad en que viven.

 

 

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Arde Chile!!!

¿Arde Chile? Sí… del fuego de la libertad. Estos momentos, en que todo parece posible, se inscribirán con letras de fuego en las memorias de millones de niños, jóvenes y menos jóvenes. Para proteger para siempre la ventana de lo posible… Una nota de Edmundo Moure.

 

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Escribe Edmundo Moure – Octubre 23, 2019

En menos de una semana se derrumbó el mejor ejemplo de la política ultra neoliberal en América Latina. El “oasis chileno” se quedó sin agua, la “perla”capitalista del Cono Sur se disgregó entre los dedos del presidente magnate, Sebastián Piñera. Frases broncíneas se viralizaron en las redes sociales:

“Sabíamos que existían las diferencias, pero nunca pensamos que molestaran tanto”; “estábamos haciendo las cosas bien, pero fuerzas oscuras y externas nos están desestabilizando”; “el comunismo internacional, liderado por Venezuela, complota para que fracasemos”, etcétera.

La ceguera de la clase social y económica que aún gobierna Chile es endémica; emana desde una visión feudal de la Historia que estos grupos no han podido superar en esta isla del fin del mundo, que sigue imperando incluso entre sus profesionales universitarios: médicos, abogados, ingenieros; qué decir entre los empresarios, convencidos de que el manejo de la economía es un simple ejercicio de ingresar y sacar dinero de la faltriquera de un hacendado del siglo XVIII, pagándoles a sus peones con las migajas que caen de su mesa, pidiéndoles que se encomienden a la Virgen María, si tienen hambre…

En menos de cuarenta y ocho horas, la bomba social estalló, extendiéndose, desde Santiago del Nuevo Extremo, hacia el norte y hacia el sur, en este largo pétalo, no solo de “mar y vino y nieve”, como escribe Neruda, sino de lava ardiente, flujo de las erupciones provocadas por reiterados abusos, injusticias, latrocinios y corrupciones. En estas últimas, se han visto involucradas, hasta sus cimientos, las instituciones “respetables” de la sociedad chilena: Iglesia, Fuerzas Armadas, Carabineros…

Ni siquiera los jueces han escapado de esta lacra que permea los organismos del Estado y también la actividad privada. No hay pan que rebanar, como decían nuestras abuelas.

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El escándalo de las pensiones miserables, sustentado por el sistema previsional inicuo de las AFP, creado por los “expertos” de la dictadura, entre ellos, el siniestro lacayo de Pinochet, José Piñera, hermano mayor de Sebastián el Breve; la destrucción concertada de la educación pública, en beneficio del lucro privado, a través de la proliferación de universidades espurias y sin acreditación académica rigurosa; el negocio impune de la salud, administrada por inescrupulosos mercaderes, como el actual ministro de la cartera, doctor Sergio Mañalich, dueño de una de las mayores clínicas-hoteles, como se conocen entre nosotros; el sistema de subcontratación de servicios y tareas productivas, que perjudica aún más los bajos salarios y deja a miles de trabajadores sin protección social; la apropiación del agua por particulares y empresas mineras, cuyos manejos venales han ido destruyendo la actividad de los pequeños propietarios agrícolas y crianceros de la zona central de Chile, hoy asolada por la peor sequía de los últimos cincuenta años; la tala de los bosques nativos y su reemplazo por especies de rápida productividad, favoreciendo a las grandes forestales que, en la zona de la Araucanía, usurpan los territorios mapuches y ahogan su cultura; la contaminación de ríos, lagos y mares, mediante un manejo abusivo de los recursos pesqueros…

La lista de iniquidades y trapacerías resulta interminable y no cabe en una simple crónica. Sin embargo, su extensión y hondura en el tiempo han provocado el incendio civil cuyas llamas amenazan, tanto a los poderes fácticos como a los instituidos. Los canales de la televisión abierta y los periódicos de mayor tiraje, todos al servicio incondicional del poder, hacen gala de su hipocresía desinformativa, poniendo el acento en los saqueos, desmanes y quemas de supermercados, farmacias y tiendas; destrozos y sabotajes en la red del Metro, algunos de ellos de sospechosa ocurrencia…

Omiten la fuerza y extensión de las protestas sociales en contra del gobierno derechista; asimismo, los asesinatos y vejámenes contra civiles, por parte de la policía y la soldadesca drogada, esgrimiendo la manida coartada de supuestas provocaciones. Es decir, la amenaza de una olla que se golpea versus una AK6 manejada por un energúmeno acorazado.

Cincuenta muertos, cientos de torturados, miles de heridos que no figuran en las “informaciones” de la gran prensa amarilla. Se ha impedido al director del Instituto de Derechos Humanos el ingreso a los centros asistenciales de salud, negándole toda información fehaciente sobre muertos y lesionados.

Menos mal que contamos con las redes sociales y medios no vendidos al sistema, para informarnos de la realidad que estamos viviendo, que supera con mucho las febles y erráticas respuestas del poder ejecutivo y sus ridículas medidas de mitigación ante la conmoción nacional. Porque un incendio de esta magnitud no se apaga con gasolina, ni con tanquetas ni con la más despiadada de las represiones, invocando, como hace la derecha extrema, al fantasma de Augusto Pinochet.

Por su parte, el parlamento chileno está dando un triste espectáculo, alejado de la gente, como ha sido su tónica durante veinte años, enfrascados sus miembros a sueldo en descalificaciones e insultos mutuos, ignorando las reales aspiraciones y necesidades del pueblo.

Y aunque “Carlos Marx esté muerto y enterrado”, hoy en día, Sebastián Piñera, exhausto y aterrado ante la amenaza de las “hordas marxistas”, parece repetir lo cantado por Serrat en un tema memorable:

-“Amo, se nos está llenando de pobres el recibidor”.
-“Diles que el señor no está, que anda de viaje y que no sabes cuándo va a regresar…”

Mientras tanto, Chile seguirá ardiendo. ¿Hasta cuándo?

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19 DE SEPTIEMBRE: EL DÍA DE “LAS GLORIAS DEL EJÉRCITO” (MASACRES, GOLPES DE ESTADO, “MILICOGATE, PINOCHET, CHEYRE, FUENTE-ALBA, OVIEDO…”)

Por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

Primera Piedra

 

No hay nada que celebrar el 19 de septiembre y opino que las fiestas patrias, en vez de tanto Tedeum y marchas militares, debiera considerarse como un día de recuerdo de los valores republicanos.

El ejército chileno ha ganado más guerras masacrando a su propio pueblo que frente a potencias extranjeras: la Guerra del Pacífico, por ejemplo, la ganaron más bien los ministros civiles plenipotenciarios

del gobierno de Aníbal Pinto que los militares. Tanto generales como almirantes se hicieron famosos por sus pocas luces y carencia de capacidad estratégica, y los únicos héroes de esta guerra fueron los civiles, Rafael Sotomayor y José Francisco Vergara, sumados al capitán Arturo Prat, (poco menos que un intelectual, despreciado por sus ignorantes almirantes), pues el general Baquedano sabía solo atacar con bayoneta calada, sin importar preservar la vida de su tropa.

Con el pretexto de pretender “civilizar” a los mapuches el ejército emprendió la llamada“Pacificación de la Araucanía”, que no fue más que la guerra de exterminio e usurpaciónde tierras, contra el pueblo que había resistido por tres siglos en embate de los españoles.

El historiador Gabriel Salazar contabiliza 23 masacres impunes llevadas a cabo por ejército de Chile.

Desde el golpe de Estado, en 1924, contra Arturo Alessandri Palma, el ejército se acostumbró a apropiarse del poder por la fuerza, (mi abuelo, Rafael Luis Gumucio Rivas, dirigente del Partido Conservador, se mostraba satisfecho porque la derecha había expulsado del poder al demagogo Alessandri; el humorista Genaro Prieto, en ese tiempo redactor del Diario Ilustrado, perteneciente a este Partido, le reconvino diciéndole que“porque era cojo no había hecho la guardia, ́servicio militar ́, por consiguiente, no sabe cómo son los militares, pues cuando se toman el poder no lo sueltan nunca más”, yaprendió esta lección, pues de ahí en adelante fue antimilitarista, y en su casa podría haber curas y políticos, pero jamás militares).

A la caída de Carlos Ibáñez del Campo, (1931), los militares no se atrevían a salir con uniforme a la calle. En las Memorias del Carlos General Prats González se consigna que los militares, atemorizados por los civiles, se negaban a embarcarse en una aventura, sin embargo, durante el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, Ariosto Herrera intentó derrocar al Presidente radical. Durante el segundo gobierno de Carlos Ibáñez, la llamada línea recta tenía claro su propósito golpista. Durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva algunosmilitares protagonizaron el llamado “tacnazo”.

Desde el golpe de Estado de 1973, las Fuerzas Armadas se transformaron en “fuerzas de ocupación” contra su propio pueblo, asesinando, haciendo desaparecer, torturando yexiliando a miles de chilenos.

El general Augusto Pinochet Ugarte, además de haberse convertido en un asesino impune,fue un ladrón consumado, incluso, los derechistas que lo calificaban como “salvador de la patria”, porque los había librado de convertirse en una nueva Cuba, (lo dice la publicación de El Mercurio, del día 11 de septiembre 2019), ahora no se atreven a rendir

culto público al general, que usaba para sus negociados algunos alias,entre ellos el de “Daniel López”, y noes el único general que utilizó seudónimos para evitar, en definitiva, la acción de la justicia, pues antes, por ejemplo, lo hizo Carlos Ibáñez delCampo, con el nombre “Domingo Aránguiz”.

Después del triunfo de NO en el plebiscito de 1988, Pinochet pactó con los líderes de la Concertación de Partidos por la Democracia, entre

muchos acuerdos políticos, el que los políticos no tocarían a los militares, un área de exclusivo dominio de Pinochet. El mismo general comandante en jefe lo dijo con toda claridad que si tocaban a uno de sus hombres habría un nuevo golpe de Estado.

Ya en democracia “protegida”, y con su Presidente, Patricio Aylwin Azocar, cuando losdelegados de investigación de crímenes de la dictadura dieran a conocer el Informe Rettig, el ejército se dio el lujo de rechazarlo.

Con motivo de las acusaciones contra su hijo, Augusto Pinochet Jr., y la investigación de la Cámara de Diputados sobre negociados con FAMAE, se rebeló contra el gobierno establecido en dos ocasiones.

Los generales en jefe que le sucedieron aprendieron muy bien las martingalas para malversar los bienes fiscales. A su vez, los gobiernos democráticos exageraron en honrar su firma, y no se entrometieron en los asuntos militares, y a tal grado que pudieron hacer uso y abuso de los recursos destinados a las fuerzas armadas, incumpliendo los ministros de Defensa y Hacienda con el deber de fiscalizar y defender el dinero de todos los chilenos. Sabemos que en Chile la impunidad es la ley, ninguno de ellos ha sido investigado por incumplimiento de deberes.

 

El general del “nunca más”, Juan Emilio Chyre, fue condenado a tres años de prisiónremitida, (pena muy baja para crímenes de lesa humanidad que no prescriben nunca),como encubridor de torturas y crímenes, perpetrados en La Serena, por la “caravana de lamuerte” cuando era un joven teniente.

Las Fuerzas Armadas percibían el 10% de las ventas del cobre, pero los militares, buenos discípulos de su líder Pinochet, se robaron gran parte de los millones de dólares, que se distribuían entre ellos, incluyendo, desde luego, el alto mando, disimulando los gastos con facturas y boletas, material ideológicamente falso.

El cabo, Juan Carlos Cruz, y el coronel, Clovis Montero se pusieron de acuerdo para falsificar la firma de los encargados y así atiborrar sus billeteras en pesos y dólares. El cabo Cruz, con un sueldo de 500 mil pesos mensuales, por ejemplo, despilfarró 2 mil millones de pesos en el Tragamonedas del Casino Monticello, que le regalaba alimentación, alojamiento y estacionamiento.

(Me permito recomendar la lectura del libro de Mauricio Weiber, Traición a la patria)

Montero se auto acusó en una conversación grabada, llevada a cabo con el ex contralor del ejército, Schafik Nazal, en la cual le advierte que también se está investigando al comandante en jefe del ejército, Juan Miguel Fuente-Alba, por la reventa de autos de lujo, marca Audi. El monto de lo defraudado por los implicados equivale, según el autor de este libro, a la construcción de ocho hospitales, la erradicación de todos los campamentos en Chile, el monto de la reforma tributaria, aprobada por Presidente Bachelet y la construcción de todos los liceos emblemáticos.

Una de las aristas del milicogate fue el descubrimiento de la vida de lujos, muy superior a su salario, del general en jefe del ejército, que alcanza al monto de 3 mil millones de dólares, producto del desvío y mal uso de los gastos reservados, que no se rinden hasta ahora, salvo la declaración de que constituyen una buena inversión para el país.

El general sumaba en su patrimonio 19 propiedades y 10 autos de lujo; la parcela de agrado, en Chicureo, Santa Filomena, la pagó de contado por la suma de 500 millones de pesos; en su casa trabajaban 21 personas, entre ellos, varios cocineros, todo a costa de todos los chilenos. Con los gastos reservados regalaba a las esposas de los generales, (incluso en retiro), finas joyas, y a los maridos, relojes de lujo. (A Fuente-Alba lollamaban “el señor de los anillos” y “el príncipe”, por el símbolo de los autos y de gustosexquisitos).

 

Los pasajes y viáticos, cuando no eran utilizados, los revendían y, a veces, los de primera clase eran cambiados a turistas, quedándose los generales con la diferencia. París era uno de los paraísos predilectos, y alojaba en un elegante hotel de Champs Elisées, en una suite con vista a la Tour Eiffel.

Otro de los implicados es también el ex comandante en jefe, Humberto Oviedo, acusado por la fiscal Romi Rutherford, de malversación de fondos fiscales, otro de los implicados, además, en el mal uso de los gastos reservados, que han sido aprovechados por su mujer, (hoy llamada a declarar), y por sus hijos, que se aprovecharon al pedir pasaportes diplomáticos, cuando no cumplían misión alguna, y, como si fuera poco, recibían un viático de 3 mil dólares por persona.

En todo caso, los ciudadanos tienen derecho a la presunción de inocencia, por consiguiente, hay que agregar el ́condicional ́ en cada uno de los párrafos de acusación.

No hay nada que celebrar el 19 de septiembre y opino que las fiestas patrias, en vez de tanto Tedeum y marchas militares, debiera considerarse como un día de recuerdo de los valores republicanos.

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Pueblos de estiércol

Hasta el año 1939 los periodistas occidentales le cantaban loas a Hitler. Solo uno logró disipar la niebla que cubría sus propósitos. El Führer se tomó el tiempo de opinar sobre América del Sur, el continente en que sufrió una de sus primeras derrotas militares: el hundimiento del Graf Spee, a la cuadra de Montevideo. Una nota de Arturo A. Muñoz.

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No es necesario viajar muy atrás en la Historia de las naciones sudamericanas para constatar cuán grande ha sido la cobardía ante la voracidad de los imperios del hemisferio norte


Escribe Arturo Alejandro Muñoz

Politika.cl


La frase del título de esta nota no me pertenece. Jamás habría pensado siquiera llamar ‘pueblos de estiércol’ a quienes conforman las naciones sudamericanas. Menos aún siendo yo parte de ellas. Lo dicho, la frase no es mía… Es de Adolf Hitler, quien expresó su lapidaria opinión sobre las naciones sudamericanas en uno de los tantos almuerzos efectuados en “la guarida del lobo”, su refugio en Prusia Oriental durante el desarrollo de la Segunda Guerra.

La opinión de Hitler en uno de esos almuerzos fue recogida por un periodista alemán, transcrita luego a una especie de folletín y enviada finalmente a Inglaterra, donde fue transformada en un libro de exitosa venta escrito por Henry Picker: “Hitler. Anatomía de un Dictador. Conversaciones de sobremesa en el cuartel general del Führer, 1941-1942” (Ediciones Grijalbo S.A., México DF – Barcelona; 1965).

Respecto del punto que interesa a esta nota, dijo Hitler:

“Los Estados Unidos consiguen de esos países todo lo que quieren gracias a sobornos grandiosos, los que se explican por la inferioridad racial de la población de los Estados sudamericanos que, además, son hostiles a Alemania. La inferioridad se muestra también en el comportamiento contra los alemanes allí residentes, ya que, por lo visto, es innato en los bajos instintos de toda la vulgaridad de esos pueblos ‘escupir’ a los seres superiores. En realidad, deberíamos desembarcar allí alguna vez para poner nuestro puño bajo las narices de semejantes ‘pueblos de estiércol’.”

Molesta, indigna incluso, leer un comentario de ese calibre. Más aún si lo expresó el peor criminal y genocida del siglo veinte. Pero, la indignación se transforma en vergüenza cuando la dura realidad avala el comentario del líder nazi. Nuestro controvertido historiador Francisco Antonio Encina ya había escrito mucho antes (año 1912) una de sus obras de mayor trascendencia: “Nuestra inferioridad económica”, siendo acusado por sus detractores de tener ideas racistas y plagiar capítulos de la ‘Historia de Chile’, de Diego Barros Arana, tanto como falsificar hechos históricos con amena pluma.

Todo lo anterior data de los años 1912 y 1941. ¿Muy antiguo? Avancemos entonces en los calendarios y fijemos la mirada en los comienzos de la actual centuria en nuestra vapuleada Sudamérica…

Colombia: ha vivido muchas décadas bajo las leyes de una política predadora impuesta por gobiernos obsecuentes del imperio estadounidense. Ello ha posibilitado, neoliberalismo mediante, la existencia de un poderoso narcoestado y un violentísimo paramilitarismo de ultra derecha permeando el andamiaje social, político y económico de esa república, instituyendo el secuestro de personas y el asesinato de líderes sociales como una forma “normal de gobernabilidad”.

Junto a lo anterior cohabita una guerrilla que pareciera no debilitarse y que se hace dueña de amplias zonas del país. Los gobiernos derechistas, en especial los encabezados por Álvaro Uribe (dos administraciones), abrieron las puertas de Colombia –y con ello las del subcontinente sudamericano– a la instalación de siete bases militares estadounidenses en su territorio (Palanquero, Apiay, Bahía Málaga, Tolemaida, Malambo, Laranda y Cartagena), con el desabrido discurso que la presencia armada de Estados Unidos en ese país pondría atajo y punto final a la guerrilla, al narcotráfico y al paramilitarismo. Los hechos duros y fríos demuestran que ello está absolutamente alejado de la realidad. Hoy, Colombia es uno de los más fieles ‘cachorros’ de Washington.

Venezuela: es uno de los países más ricos en recursos naturales en Sudamérica; petróleo, gas, oro, coltán, bauxita y hierro, además de contar con los espléndidos llanos del Orinoco que le permiten poseer una masa ganadera de enorme volumen. Durante más de un siglo este país fue una especie de propiedad estadounidense, no sólo en lo económico, también en lo político ya que el estado de cosas imperante dificultaba seriamente la presencia de una izquierda parlamentaria. Cuando la gente decidió salir a la calle a protestar, se le reprimió con extrema dureza. El “caracazo” es un ejemplo de ello.

En 1989 los venezolanos no aceptaron las reformas económicas del presidente Carlos Andrés Pérez, quien de golpe y porrazo decidió liberalizar completamente la economía del país, siguiendo los dictámenes del FMI y de Washington, poniendo en práctica una serie de medidas que fueron drásticamente resistidas por la población. Ante la poderosa manifestación popular, Carlos Andrés Pérez ordenó a la Guardia Nacional y al ejército salir a las calles y reprimir las manifestaciones. El resultado fue la masacre de mil o más personas.

Años más tarde, el ex coronel Hugo Chávez Frías resultaría electo presidente de la república, e iniciaría el largo proceso conocido como “revolución socialista y bolivariana”, que hoy enfrenta una grave crisis económica y política debido al cerco comercial impuesto a Venezuela por los gobiernos de EEUU (Obama y Trump). Debemos agregar a eso el cuestionable manejo administrativo y político del actual presidente Nicolás Maduro. Venezuela, que ha sido un sempiterno cachorro del imperio, hoy sufre las consecuencias de intentar no serlo.

Brasil: el gigante sudamericano es un aliado tan estrecho de EEUU que en ocasiones se transforma –al igual que Colombia– en lacayo más que en cachorro. Atendiendo a una ‘recomendación’ de Washington y Londres, fue el único país sudamericano que se plegó a los aliados en la Segunda Guerra Mundial enviando tropas a ese conflicto global. Fue también el primer país en obedecer sin remilgos las recomendaciones que Washington quería hacer aplicar en su ‘patio trasero’. El año 1964 los militares impusieron la deleznable “Política de Seguridad Nacional”, cínica forma de justificar la dictadura y las violaciones a los derechos humanos.

Hubo luego un período extraño. Fernando Collor de Melo (quizás el más relevante payaso político de esa época), Itamar Franco y Fernando Henrique Cardoso fueron imponiendo la idea de privatizarlo todo, obedeciendo a las sugerencias del FMI… hasta que llegaron Lula da Silva y Dilma Rousseff quienes pudieron provocar algunos ajustes a la economía neoliberal en beneficio de los trabajadores y pobladores del país.

Entonces, el imperio del norte volvió a actuar, aprovechando esta vez la innegable corruptibilidad de los políticos brasileños, parlamentarios y dirigentes partidistas en el nordeste del territorio. Apareció el ‘Lava Jato’ y los detentores del neoliberalismo salvaje se hicieron de la conducción del país. Primero Michel Temer (hoy enjuiciado y detenido por corrupción), y luego Jair Bolsonaro, ex oficial de ejército devenido diputado, reconocido proto fascista y contumaz admirador y cipayo de EEUU (en especial de Donald Trump). Ambos, Temer y Bolsonaro, han regresado el país a las doctrinas estadounidenses, claramente separatistas (del resto de Latinoamérica), de violento anti-izquierdismo y franca acción predadora de recursos naturales.

En Perú, los presidentes de las últimas décadas se encuentran detenidos, procesados e incluso encarcelados. Alan García, Alberto Fujimori, el “cholo” Toledo (prófugo), el nacionalista Humala y el socialdemócrata PPK, son perseguidos por la justicia… por corruptos e incluso por asesinos (Fujimori). Todos ellos, sin excepción, han sido cachorros del imperio cumpliendo a rajatabla y sin chistar las instrucciones emanadas desde Washington.

Lo mismo sucede en Argentina, donde los edictos estadounidenses y del FMI constituyen verdaderas leyes para el gobierno del empresario Mauricio Macri, quien ha logrado devolverle la pobreza a más del 30% de los argentinos al poner en acción las ideas y consejos del Banco Mundial, de la Casa Blanca y de los predadores empresarios transnacionales.

De Chile, esta ‘perla del subcontinente’ según los saurios de las finanzas mundiales, ¿es necesario escribir lo que ya todos sabemos? Único país del orbe donde las aguas son privadas (las nubes tienen dueños), y la previsión social un robo contra los trabajadores. Todo cuenta con el visto bueno de las cofradías políticas que maman de la misma teta que el mega empresariado; el sindicalismo es asfixiado oficialmente; la solidaridad fue convertida en un elemento inútil, acaso negociable; el consumismo enfermizo provoca el fuerte endeudamiento de más del 60% de la población activa; esta es una nación en la que nada le pertenece a Chile como país ‘soberano’, pues todo, absolutamente todo, se encuentra en manos privadas, satisfaciendo así a los imperios: sus capitales se han apropiado ‘legalmente’ de buena parte de los recursos e infraestructuras del país andino.

Podríamos gastar páginas y páginas hablando de este tema al desmenuzar la dependencia soez de las naciones sudamericanas del imperio del norte. En verdad habría que escribir una obra completa para dejar constancia del profundo nivel de servilismo que nuestros países sudamericanos han tenido y siguen teniendo respecto de los EEUU. Constatando que los dirigentes de esas naciones han sido y son corruptos, traidores, mentirosos, y en algunos casos, ladrones y delincuentes.

En fin, como naciones somos un verdadero ‘chiste’. Es doloroso comprobar que en esta parte del continente nada ha cambiado en lo sustancial desde la década de 1940. Por ello, resulta aún más lamentable y humillante constatar que sobran los motivos para dar crédito a aquello de ‘pueblos de estiércol’.

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La estrecha relación entre Drogadicción y Delicuencia

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La confusa semántica del miedo

Politica.cl


Escribe Edmundo Moure


Alfonso Castelao decía que los ricos duermen mal, en continuo sobresalto por el miedo a ser desposeídos de sus bienes. Los pobres, al parecer, reposan mejor, tal vez ayudados por el cansancio físico y la ausencia de otros desasosiegos que no sean los de la cotidiana subsistencia. Asimismo, los poderosos le tienen más miedo a la muerte que el vulgo; y, aunque la religión les promete también la vida eterna, puesto que la misericordia de Dios es infinita, siguen prefiriendo –por ahora- las bondades del reino de este mundo y se resisten a morir. Un ejemplo, patético y desesperado, es el de Walt Disney, que hizo congelar su cuerpo ante la posibilidad de que la ciencia llegara a descubrir las claves para vencer a la terrífica Parca. Previó, a un altísimo costo, su posible resurrección, en cuerpo y alma, aun cuando nadie sabe si ésta resiste el hielo del frigorífico o si vuela presurosa hacia otras dimensiones.

Las continuas amenazas que ven cernirse sobre ellos quienes disfrutan privilegios de poder, rango, clase o fortuna, en la forma de atentados, reales o imaginarios, sobre sus propiedades y bienes, que constituyen su valor supremo, por encima del derecho a la vida proclamado más como paliativo casuístico que ético, les llevan a construir, además de sus propias fortificaciones, alarmas, seguros y defensas de toda especie, una particular semántica, la del miedo, pródiga de contradicciones y adjetivos hiperbólicos.

El lenguaje nos otorga esa herramienta de exageración, como recurso de cautela ante el peligro. Así, la destrucción de una vidriera comercial en una marcha de protesta será calificada, no de simple delito, sino de acto “vandálico”, “anarquista” o aun “terrorista”. Pero las palabras poseen su propia sabiduría expresiva, su equilibrio de conjugaciones, una suerte de recelo o conciencia reprobadora ante los excesos; de ahí que ciertas afirmaciones o sentencias cargadas de matices alarmantes o terroríficos o pavorosos, caigan en el pleonasmo o en la hipérbole, produciendo, a la postre, el resultado opuesto a su intención originaria.

Una de esas palabras, repetidas y manoseadas en su constante aplicación a diversos hechos, situaciones y actos, es el concepto “terrorista”, para definir a cualquier individuo que ejecute acciones fuera del marco de la ley y del orden público, entendido este como la barrera protectora que aísla y guarda mi mundo íntimo de las agresiones de ese enemigo que siempre es el “otro”, según Borges.

Esta palabra, de suyo inquietante, posee connotaciones políticas y emocionales, por lo que su continuo uso y aplicación está casi siempre en entredicho. Por otra parte, los matices y singularidades en cada contexto de aplicación, exigen un riguroso tratamiento o uso adecuado del concepto, para no caer en inmediato descrédito.

Dostoyevski, en su célebre novela Los Endemoniados –(algunos traducen “Los Demonios”, aunque no es equivalente estar endemoniado que ser directamente vástago de Lucifer)-, el atormentado narrador ruso describe el comportamiento de un puñado de individuos que llevan a cabo actos de terror en contra del poder de la autocracia zarista, en nombre de valores como libertad, justicia e igualdad. No son revolucionarios, en el sentido épico o justiciero, sino desnudos nihilistas, descreídos de la divinidad, de la moral imperante y de todo lo que les rodea; una suerte de suicidas que no creen ni en ellos mismos, ni menos en una posible trascendencia; muy diferentes a esos que llamamos “terroristas islámicos”, que al parecer están muy convencidos de su carácter de “mártires de Alá”, seguros de que su proceder les llevará enseguida a disfrutar las delicias del paraíso musulmán, que a juzgar por los dichos de sus creyentes, es harto más placentero y atractivo que el etéreo edén de los cristianos.

Parientes consanguíneos de los terroristas a que aludimos, serían los propugnadores del anarquismo, o entes malignos de la anarquía. Los desmanes callejeros, las dudosas bombas de ruido, las leyendas en rojo o negro pintadas sobre las paredes de centros de estudio o de otras instituciones respetables, son señales de las peligrosas actividades de los anarquistas. Muy pocos saben, en realidad, qué es el anarquismo como ideología; tampoco interesa, la cuestión es aplicar el término y señalar a un nuevo tipo de enemigo de la paz social y, por supuesto, de la propiedad privada.

España, un viejo país de larga historia y de escasa vida democrática (en estimación cronológica) es quizá único en la extensión del anarquismo. En los albores de la guerra incivil (1936-1939), la fuerza política y social organizada más numerosa de la Península era la Federación Anarquista Ibérica (FAI), con sus dirigentes y líderes legendarios, como Durruti y Ascaso, con su Columna de Hierro, que luchara en el Frente de Aragón. Estos “cabecillas” o “bandidos” o “forajidos”, como los describía y motejaba la prensa de derecha (ABC allá, El Mercurio aquí), incursionaron en América del Sur, a comienzos de los años 30.

Se registran al menos dos asaltos perpetrados por ellos a bancos en Santiago de Chile. Luego pasaron a México, en parecidos andares. Reunían fondos para la causa y aspiraban a los implícitos cien años de perdón que el refrán promete… Como contracara de su leyenda negra, sabemos que muchos anarquistas eran artesanos y tipógrafos, apostaban a la instrucción permanente de la clase obrera, a la iluminación por el conocimiento, lo que se traduciría en la conquista de un mundo mejor. Eran renuentes a todo mando superior y enemigos del principio de autoridad institucional pequeñoburgués.

Otro concepto que acompaña a los referidos, es el de “vándalo”, gentilicio de un pueblo germano procedente de Escandinavia, famosos por la ferocidad con que diezmaron a las legiones romanas, a comienzos del siglo V. Todo acto destructivo, especialmente en la vía pública, será calificado como “vandalismo”, aunque para los sectores derechistas la preferencia se incline por hablar, sin ambages, de “actos terroristas”: su propio miedo agigantado en el espejo cóncavo. Es el prisma que se aplica, hasta la saciedad, a las quemas de camiones de empresas forestales, a los incendios de casas, iglesias, escuelas y predios en la Araucanía, muchos de ellos de incierta procedencia. Es una forma de desvirtuar, por anticipado, la llamada “causa mapuche”, circunscribiéndola al ámbito de la propiedad privada y a los atentados y amenazas contra ella.

En Chile, los principales cruzados contra el “terrorismo” son los hermanos Kast. Ambos han sido testigos de feroces ataques a las fuerzas especiales policiaco-militares desplegadas en territorios Mapuche (Walmapu), por parte de bien armados indígenas, con armas de última generación, presumiblemente de procedencia rusa, nunca vistas por algún otro testigo… Ningún medio de prensa ni voceros responsable ha corroborado estas terroríficas revelaciones, pero constituyen una especie de verdad testimonial para muchos compatriotas, que las replican a través de vías vertiginosas, Internet mediante, para seguir alimentando la fatídica dupla del miedo-odio: lo que se teme, al extremo de provocar terror, debe ser destruido.

Los individuos pertenecientes a estos sectores, nada quieren saber del terrorismo de Estado que asoló a Chile durante diecisiete largos años, llevando a la muerte, a la tortura, a la represalia y al exilio a miles de compatriotas; ni siquiera se dan por enterados –o hacen lo del avestruz- del asesinato de un ex ministro (Orlando Letelier), de un presidente de la república (Eduardo Frei Montalva), de un comandante en jefe del ejército (Carlos Prats) y de su esposa.

La causa de esta voluntaria ceguera es bastante simple: esos hechos jamás afectaron su derecho de propiedad; por el contrario, en muchos sentidos lo fortalecieron, reasegurando prebendas y privilegios, como ha sido el caso de la familia Kast y de otros grupos o clanes a los que la dictadura militar-empresarial gratificó, adjudicándoles, a vil precio, empresas y bienes del Estado para su propio disfrute y beneficio de clase.

Entre ellos figuran algunos de los actuales ministros y funcionarios de alto rango en La Moneda. Y el propio Sebastián Piñera, que forjó su enorme fortuna personal al amparo de las irregularidades bancarias que propició la dictadura pinochetista, cuando desató otro tipo de terror bien dirigido, el financiero, echando mano a los recursos del Estado de Chile para evitar la quiebra de los principales bancos y despojando, de paso, a muchos infortunados emprendedores que no figuraban entre su cohorte de incondicionales.

Pero hay que tener cuidado, porque las palabras, mal empleadas, tarde o temprano nos harán pagar sus falaces equívocos, sobre todo las que se pronuncian y escriben con la gramática espuria de la mala leche.

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BOLSONARO PERSONA NON GRATA EN CHILE

El Presidente Sebastián Piñera ha invitado al electo Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, a visitar nuestro país. Bolsonaro ha declarado públicamente su admiración por el dictador Augusto Pinochet, validando expresamente la tortura y los asesinatos. Además, ha emitido declaraciones de marcado carácter racista, homofóbico y misógino. Por otra parte, ha propuesto restar a su país de los acuerdos internacionales que buscan frenar el cambio climático y recortar importantes derechos sociales. Por todo ello, y por las nefastas consecuencias que pueden tener para nuestro país y los países de la región los efectos políticos de la invitación de Piñera, la visita de Bolsonaro violenta la recta conciencia democrática del pueblo de Chile.

¡Manifestemos activamente nuestro repudio a esta innoble visita!

¡Declaremos a Bolsonaro persona non grata! 

 

E-mail: ciudadanosporlamemoriaXXI@gmail.com

Twitter: @CiudadanMemoria

 

CIUDADANOS POR LA MEMORIA

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Santiago, 4 de marzo de 2019.

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