La Muerte de Osama Bin Laden y las mentiras de los Medios de Comunicación

Acaba de anunciar Obama que EEUU ha dado muerte a Osama Bin Laden y, por supuesto, todos los medios de comunicación se encargan de repetirlo machaconamente como siempre hacen como elementos integrantes del programa de propaganda de guerra prestablecido.  Sin embargo lo que no cuentan es que es muy probable que Bin Laden lleve muerto hace ya varios años como en su día testimoniaron importantes personas y políticos, como la primera ministra de Pakistán afirmó en 2007, la cual también murió asesinada después de hablar.“Acaba de anunciar Obama que EEUU ha dado muerte a Osama Bin Laden y, por supuesto, todos los medios de comunicación se encargan de repetirlo machaconamente como siempre hacen como elementos integrantes del programa de propaganda de guerra prestablecido. Sin embargo lo que no cuentan es que es muy probable que Bin Laden lleve muerto hace ya varios años como en su día testimoniaron importantes personas y políticos, como la primera ministra de Pakistán afirmó en 2007, la cual también murió asesinada después de hablar.”

Los Estados Unidos están desesperados.
Obama necesitaba una victoria.
La muerte de Osama Bin Laden Obama constituye una “victoria”.
Permitirá ahora a los Estados Unidos retirarse de Afghanistan “honradamente”.
Y talvez Obama podrá ser reelegido
?

Externamente – Los Estados Unidos, viven como predadores, como piratas: deben constantemente enviar ejercitos para invadir y ocupar paises para saquearlos.
Como el Imperio romano, el Imperio estadounidense está en demasiadas guerras al mismo tiempo.
Como en Vietnam, Laos y Cambodia, los Estados Unidos estan en el atolladero de Afghanistan, Pakistan, de las revueltas arabes y africanas.
Irak – Salieron de Irak pero dejaron un pais en plena guerra civil, con un gobierno titere que el pueblo va a derrumbar un dia.
Afghanistan – La guerra de Afganistan es particularmente desastrosa porque los EE.UU. no consiguen derrotar la resistencia afghana.
La resistencia de Afganistan tiene el apoyo del pueblo y solo acabará con la derrota de los Estados Unidos.
Es tiempo, para los EE.UU. de retirar sus tropas porque la resistencia es invencible y está costando mucho.
Un clima de insurrección parece se haber acalmado, pero la realidad no cambia.
Los pueblos en los paises arabes y africanos estan reflexionando.

Internamente en Estados Unidos la crisis economica, social, moral aumenta cada vez mas, al ritmo de las deudas del pais.
En Estados Unidos mismo, la situación es cada vez más revolucionaria, porque Obama no cambió nada porque no puede cambiar nada.

Antonio Artuso

Lo primero que debe decirse es que Osama Bin Laden fue una “creación” pura de Estados Unidos, país que en 1979 necesitaba detener el avance soviético en Afganistán a como fuera. La CIA fue la encargada de hacer el trabajo de reclutamiento.

Lo segundo que debe recordarse es que la familia Bin Laden —nada revolucionarios, más bien aristocráticos— fue socia de la familia Bush en negocios vinculados a los combustibles.

Finalmente, debe tenerse presente que en septiembre de 2001, cuando caían en pedazos los restos de las emblemáticas Torres Gemelas, el clan “terrorista” salía de Estados Unidos en un avión facilitado por el gobierno de ese mismo país (1).

Luego de todos esos datos, que el Departamento de Estado se ha ocupado de esconder con relativa eficacia a lo largo de los años, ¿puede creerse realmente que se haya matado a Bin Laden? ¿Cómo es posible que no exista una sola fotografía o video de su cuerpo acribillado a disparos?

Con el aún fresco recuerdo de Saddam Hussein ahorcado por los mismos funcionarios —con filmación incluida— y una veintena de registros de supuestos terroristas asesinados por el mismo régimen, ¿cómo creer que no se pudo sacar siquiera una foto de celular al fenecido Bin Laden?

La realidad indica que el “terrorista” falleció en diciembre de 2001 debido a una grave afección renal que lo aquejaba en esos mismos días. Todos los biógrafos que han investigado su vida coinciden en ello, incluido el prestigioso David Ray Griffin, ex profesor emérito de la Escuela Claremont de Teología de California (2).

En tal sentido, el mismo especialista duda de los mensajes que han ido apareciendo a lo largo de los años y que fueron atribuidos supuestamente a Bin Laden. Como se publicó en otro artículo de este mismo sitio, “el Profesor Bruce Lawrence, director del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad Duke y la persona más experta en ese “terrorista”, argumenta que el creciente lenguaje secular en los videos y cintas de Osama (las más antiguas están plagadas con referencias a Dios y el Profeta Mahoma) son inconsistentes con su estricta religión Islámica (Wahhabism). Él puntualiza que en uno de los videos, Bin Laden lleva un anillo de oro en uno de sus dedos, un adorno prohibido entre los seguidores de Wahhabi.”

Lo mismo puede decirse respecto a la pretensión norteamericana de asegurar que al arrojar el cuerpo del “terrorista” al mar se estaría cumpliendo con un rito islámico. Eso es falso y hasta contradice el dogma musulmán, mal que le pese a los medios que reprodujeron el dato sin dudar.

Y si de contradicciones se trata, la más relevante tiene que ver con la afirmación oficial de que se sabía desde agosto de 2010 que Bin Laden se encontraba en la morada donde finalmente fue liquidado. ¿Por qué se esperó tanto tiempo? ¿Por qué no se lo acabó allí mismo para evitar todo el daño que pudiera eventualmente hacer si seguía vivo?

Más aún, ¿por qué los mismos funcionarios primero dijeron que la idea era capturar a Bin Laden vivo y luego admitieron que se había tratado de una “operación a matar y no para detenerlo”?

Razones de una mentira

Si Bin Laden estaba muerto desde 2001, ¿por qué el gobierno norteamericano sostuvo lo contrario durante todos estos años? Sencillamente porque se debían justificar ciertas operaciones de ataque en países como Afghanistan, donde Estados Unidos controla el negocio de los narcóticos.

Ahora, cuando la comunidad internacional —a la que se suman los propios ciudadanos norteamericanos— ha llegado al límite al decir “basta” respecto a la invasión a ese país, la muerte de Bin Laden parece ser la mejor excusa para retirarse. Lo ocurrido también le calza de maravillas al presidente Barack Obama, cuya imagen viene en picada en los últimos meses.

En fin, la muerte de Bin Laden ha dejado más dudas que certezas, incluso en la sociedad norteamericana. Los cronistas de ese país aseguran que, “si la gente no ve el cuerpo de Osama, posiblemente no crea que lo mataron”, según la certera crónica de diario La Nación.

Y si algo le faltaba a la farsa, ha sido justamente la aparición de una supuesta foto de Bin Laden muerto, la cual prontamente se demostró falsa.

Lo sintomático del caso es que la difusión de la imagen ha sido un supuesto “error” de Associated Press (AP), la principal agencia de noticias de Estados Unidos, íntimamente vinculada con el poder de turno.

¿Hace falta agregar algo más para revelar semejante parodia?

(1) Cabe preguntarse por qué el gobierno de Estados Unidos ocultó que un día antes del atentado a las Torres Gemelas hubo un encuentro secreto entre los capitostes de la CIA y el ISI, el despiadado servicio secreto de Pakistán, organismo que ha encubierto desde siempre a Bin Laden.

(2) Incluso el diario egipcio Al-Walfs reprodujo el 26 de diciembre de 2001 una nota necrológica de Bin Laden que se imprimió primero en The Observer de Pakistán. En ella se habla de su muerte pacífica debida a complicaciones pulmonares derivadas de su enfermedad renal.


El circo mediático en EE.UU.
Bin Laden y “La carta robada”

Luis Martín-Cabrera
Rebelión

En la carta robada, el cuento de Edgar Allan Poe, el prefecto de policía busca infructuosamente por todas las habitaciones de uno de los ministros, una carta que le ha sido robada a la reina y que compromete el honor de ésta. Para ello, el prefecto y su equipo han entrado varias veces de manera ilegal en el cuarto del ministro, han registrado habitación por habitación, mueble a mueble, han utilizado incluso agujas para pinchar las almohadas en busca de la carta y, mi favorito, han desmontado incluso las patas de la cama y de la mesa para buscar en el interior de éstas sin que la carta apareciera por ningún lugar. Desesperado, el prefecto acude al primer investigador de la novela policial, Auguste E. Dupin en busca de ayuda. Con su característico ingenio de salón Dupin resuelve inmediatamente el misterio, porque la carta estaba simplemente encima de una cómoda, a la vista de todo el mundo.

Pues bien, si se piensa bien, el reciente asesinato de Osama Bin Laden no es sino una versión gore y siniestra de La carta robada. Después de todos estos años, Osama no estaba en una cueva de las montañas de Afganistán haciéndose la diálisis dos veces por semana y dirigiendo las operaciones de Al qaeda por computadora como el que juega a la Jihad en una play station, sino que lo teníamos ahí, delante de nuestras narices, instalado cómodamente en una mansión de alta seguridad a las afueras de Islamabad. Y es que a veces tener las cosas demasiado pegadas a los ojos es una manera de no ver lo que está pasando, una especie de ceguera inducida que nos deja a oscuras. Esta ceguera no es sólo un problema epistemológico, sino también un problema ético, ya que la búsqueda de aquello que no se ve porque está delante ha permitido justificar, entre otras cosas, las guerras de Afganistán, Irak, Pakistán y Yemen, la tortura, las prisiones ilegales, Abu Graib, Guantánamo, la tortura, los bombardeos con aviones no tripulados, la aprobación del Patriot Act, las escuchas ilegales, la islamofobia, el recorte de las libertades civiles, y los miles de muertos caídos en la “guerra contra el terrorismo”.

Como en La carta robada, Estados Unidos ha puesto el planeta patas arriba, ha tratado de destruir la fábrica social de todo Oriente Medio para cortarle la cabeza a un monstruo que tenía delante de sus ojos y que además había salido de sus propias entrañas. No nos olvidemos que todavía se puede leer la declaración del Presidente Ronald Reagan llamando a los Mujahidin “freedom fighters”, luchadores por la libertad, en 1983, con motivo de la invasión soviética de Afganistán [1].

¿Qué sentido tiene, entonces, ahora haber llegado al final de la búsqueda?

Como en las malas historias policíacas la resolución del crimen o el misterio pretende ser una respuesta tranquilizadora para la sociedad: se ha hecho justicia, el criminal ha sido castigado por sus crímenes, el orden social ha sido reestablecido, los ciudadanos pueden volver a la apacible mediocridad de sus anodinas vidas y, sobre todo, pueden volver a dormir tranquilos. Además de todos estos efectos político-literarios, el asesinato de Bin Laden pretende sobre todo ser construido como un gigantesco espectáculo mediático cuyas luces pretenden dejarnos a todos ciegos. Algo de esto intuyeron Paco Ignacio Taibo II y el Subcomandante Marcos cuando escribieron en su novela negra “Muertos Incómodos” :

“Burbank es la capital del cine porno de Estados Unidos, un pueblucho cerca de Los Ángeles, moteles y empresas triple x, coge y coge, filma y filma, viva el capitalismo salvaje. Y junto todo y me digo: ‘¿A poco estos culeros de Bush y sus amigos están haciendo los comunicados de Bin Laden, los mensajes del demonio, en un estudio porno en Burbank, California, que hasta desierto tienen por allí? ¿A poco todo es un montaje, una fábrica de sueños de mierda, con un ex-taquero mexicano llamado Juancho de personaje central? Yo, de verdad, no me lo tragaba’, me decía: ‘¿cómo vas creer?’ Pero, ¿a poco no es bonita la historia?”.

Y es que cuando las cosas van mal, “Producciones El Pentágono” pone en marcha su máquina de sueños (o más bien de pesadillas) para tranquilizar a la población civil mediante altas dosis de entretenimiento imperial-militar. No se trata de caer en teorías de la conspiración, pero ¿no es un poco sospechoso que el anuncio de la captura y muerte de Bin Laden se haga el primero de mayo, un día que además no se celebra en Estados Unidos? ¿No es demasiado conveniente que el anuncio de la muerte del más malo de los malos se haga el mismo día que las fuerzas de la OTAN bombardean a civiles y matan a uno de los hijos de Gadaffi en Libia?

Pueden ser sólo coincidencias, lo que si es innegable es que el aparato mediático militar de los Estados Unidos esta espectacularizando el asesinato de Bin Laden con un propósito doble: dejar a oscuras, como en La Carta robada, los problemas internos y externos del país y promover entre la ciudadanía un complejo melancólico agresivo que siga justificando las guerras imperiales por los recursos de Oriente Medio.

El fundido en negro que ha producido el asesinato de Bin Laden tiene por objeto, como ha señalado Santiago Alba Rico, ocultar todo lo que ha estado pasando en el mundo Árabe desde las revueltas de Tunez, Egipto, Siria o Bahrein a la intervención militar de la OTAN [2]; Hillary Clinton tuvo incluso la desfachatez de conectar, en su comparecencia, el asesinato de Bin Laden con la lucha por la libertad del pueblo árabe. Pero además de tapar y sacar partido de todo lo que esta pasando en Oriente Medio, la película Bin Laden tiene otro objetivo crucial, ocultar que las cosas en casa van muy mal. El desempleo sigue creciendo, las cárceles están llenas de afroamericanos, latinos y blancos pobres, Obama ha deportado a más latinos que Bush en sus ocho años de mandato, millones de personas han sido desahuciadas, muchos más no tienen acceso al seguro medico y cada vez se hace más evidente que el neoliberalismo sólo puede sobrevivir a costa de ser cada vez más agresivo y de transferir más bienes comunes a manos privadas: atacar a los sindicatos de trabajadores públicos, destruir las universidades públicas y producir, en definitiva, más miseria, desigualdad y exclusión.

Después de los ataques del 11 de septiembre, se hizo muy difícil tener una conversación sosegada sobre lo que había pasado o presentar objeciones a la naciente guerra contra el terror, las pocas personas que salimos a la calle para protestar la guerra en Afganistán nos encontrábamos con un ambiente hostil e intimidatorio. Todavía no se había caído la segunda torre gemela cuando Peter Jennings, el corresponsal de ABC News, advertía de que se trataba de un “acto de guerra” y exigía venganza. Desde entonces la ciudadanía norteamericana ha sido sometida sin interrupción a un chantaje emocional cuyo objetivo es instalar en la sociedad civil un complejo melancólico agresivo que justifique la agenda neoimperial de la oligarquía norteamericana. Desde el 11 de septiembre todos y cada uno de los ciudadanos de los Estados Unidos fueron interpelados por el Estado para transformarse en receptáculos de las víctimas de los atentados de las torres gemelas. Los muertos no están en ningún memorial están encriptados en cada uno de los ciudadanos, y es precisamente porque están dentro que no se pueden ni olvidar ni velar, para defenderlos de su olvido sólo queda actuar agresivamente contra aquellos que pretender poner en peligro nuestra seguridad y las de las víctimas del 11 de septiembre que llevamos dentro.

Este complejo de miedo y agresión sirvió no sólo para justificar las guerras sino que también produjo increíbles réditos electorales para George W. Bush. Por eso, coincidencia o no coincidencia, el fantasma de los muertos del 11 de septiembre vuelve a agitarse sobre nuestras cabezas, nos interpela otra vez desde la euforia y el miedo que produce el espectáculo de la muerte de Bin Laden para que volvamos a unirnos en torno al complejo melancólico-imperial y su maquinaria de muerte. Resulta patético escuchar a Obama apelar a la unidad nacional como durante el 11 de septiembre o el intento de asesinato de la congresista Gabriel Giffords, ahora que se ha “hecho justicia”. ¿Qué significa unirse entorno al asesinato de Bin Laden? ¿Formar una comunidad afectivo política en torno a un desaparecido (el cuerpo fue arrojado al mar como durante la dictadura Argentina)? ¿Justificar la tortura (la confesión que supuestamente llevó al descubrimiento de Obama fue obtenida bajo tortura en Guantánamo)? ¿Naturalizar la violación de la soberanía de un país (hoy es Pakistán mañana podría ser Inglaterra en busca de Assange)? ¿Confundir la justicia con la venganza? ¿Celebrar la muerte?

Sí, es cierto que muchas personas, inducidas por los fuegos artificiales de todos los medios, liberales y conservadores, se lanzaron a las calles a celebrar el asesinato de Bin Laden, es cierto que los estudiantes de la Universidad de Ohio se tiraron a un lago para celebrar, es cierto que Glen Beck, el comentarista conservador de la Fox, abrió su programa con una banda de música, pidió que se exhibiera el cuerpo de Bin Laden de pueblo en pueblo como en la Edad Media y soltó una lagrimita mientras pasaba en la pantalla los nombres de todas y cada una de las víctimas del 11 de septiembre, pero también es cierto que la mitad de la población se niega a celebrar bien por cansancio emocional bien porque no aceptan las consecuencias de este pacto siniestro de muerte. Hay esperanza. [1] Ronald Reagan. “ Message on the Observance of Afghanistan Day” http://www.reagan.utexas.edu/archives/speeches/1983/32183e.htm

[2] Santiago Alba Rico. “Matar a Bin Laden, resucitar Al qaeda” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=127592

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2 respuestas a La Muerte de Osama Bin Laden y las mentiras de los Medios de Comunicación

  1. Ximena Pino dijo:

    Ciertamente, muchos sabemos que se había hablado que este sujeto, Osama Bin Laden, habría muerto ya hace casi 9 años, pero que se mantuvo oculta dicha muerte. Naturalmente, ahora al imperio le conviene parecer mas en control y qué mejor que “ejecutando” a un individuo, tal vez, odiado mundialmente. Por lo mismo, quién se va a atrever a reclamar que para la democracia de E.E.U.U. no existe el respetar la legalidad internacional y haber procesado a Bin Laden [como a tantos otros] de acuerdo a sus propias leyes, con las que juegan a diestra y siniestra, de todos modos. – Una vez mas, con tal actitud, demuestra el imperio su carácter matonezco pues, de acuerdo a la información que ellos mismos han proveido al mundo entero, este sujeto estaba indefenso. ¡Vaya valentía del imperio! –

  2. maria paz dijo:

    ahi sta mi correo x si a alguien le interesa conocerme tng 21 años.

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