¡El mundo ya tiene su emperador!

Adolfo Pérez Esquivel Nobel de Paz 1980 De Nóbel a Nóbel.
Carta abierta a Barack Obama
Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica

Obama Emperador

Alberto Maldonado S

El señor Barak Obama, Premio Nobel de Paz (¿anticipado?) con una cara que irradiaba felicidad, como que hubiera desaparecido del territorio USA el fascista Tea Party de los republicanos, anunció que el terrorífico Osama Bin Laden había sido “eliminado” (¿asesinado?) por un comando especial SEAL del ejército de su país, en un sector residencial muy cercano a Islamabad, capital de Pakistán, limítrofe con Afganistán.

De creerle al señor Obama, el “malo” de Osama tuvo que ser muerto a tiros junto a una mujer (¿una de sus esposas o hijas?) en una especie de fortaleza en la que se escondía, desde hace años. También fueron muertos otras dos personas, que supuestamente eran de su guardia personal.

Y el señor Obama, al mismo tiempo que comunicaba a la comunidad tan “grata noticia”, aseguraba que el cuerpo de Osama fue llevado a un buque militar norteamericano y arrojado al mar, a fin de no dejar huellas de un terrorista tan maldito, a quien, su antecesor, el señor Bush hijo, “le declaró culpable” del ataque y derribamiento de las torres gemelas, en el corazón de New York (el tristemente 11 de septiembre/2001) una acción atroz que le costó la vida a más de 3.000 inocentes, entre ellos, no pocos latinoamericanos y poquísimos judíos

Hasta aquí —y al parecer— todo en regla, como en esas películas estadounidenses de la vieja Europa medieval, cuando un pobre diablo era sentenciado por el rey, sin fórmula de juicio, y porque a su majestad así le ha parecido. Pero esas películas nos recuerdan hechos pasados y superados (de los siglos 15, 16, 17) y el señor Obama, Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, nos estaba hablando un martes 3 de mayo del siglo 21.

¿Recuerda alguien, en el mundo entero, que después del trágico 11-S, un tribunal penal norteamericano, o algún remedo de tribunal USA —por lo menos similar al que hace poco declaró inocente al terrible terrorista Luis Posada Carriles (ese si declarado y confeso—) se haya reunido en algún lugar del extenso territorio norteamericano, para seguirle un juicio penal y declararle culpable al señor Osama Bin Laden, de tan descomunal acto terrorista?

No. No se recuerda tal juzgamiento, solo que el mundo no se haya informado de aquello por ser un asunto sumamente delicado, de política externa y de seguridad nacional.

Lo único que se recuerda es que el señor Bush hijo, después de que fue sorprendido por una cámara indiscreta, “leyendo” un folleto infantil que lo tenía en sus manos, pero al revés, declaró al mundo entero que los infalibles servicios de inteligencia norteamericanos (que después fueron unificados bajo un solo mando) habían establecido que los
malhechores eran unos musulmanes que operaban bajo el nombre de “Al Qaeda” (¿O Al Kaed?) y que su dirigente máximo (es decir el más malo de los malos) era un tal Osama Bin Laden.

Entonces, el mundo conoció (hace más de 10 años) por fotografías, a un señor desgarbado, alto, de luenga barba pintada de blanco-negro, de aspecto bonachón y descendiente de una de las ramas de la nobleza saudí, una de las tantas autocracias árabes del medio oriente, muy leal y muy amiga de los Estados Unidos de Norteamérica. ¿De dónde le venía a este señor y sus seguidores tanto odio contra USA?

Poco a poco, pero a cada rato, los curiosos y averiguadores de siempre, fueron develando el misterio. Osama y su grupo Al Qaeda fueron las fichas armadas y llenas de dólares que hicieron la vida imposible a la ex Unión Soviética, cuando esta cometió el craso error de pretender defender la “revolución socialista” en esas tierras. Tan pronto como los rusos fueron derrotados y los talibanes asumieron el poder abgano, la CIA-USA y otros organismos de inteligencia de los Estados Unidos pensaron que Al Qaeda y Osama Bin Laden estaban obligados a seguir haciendo lo que ellos les ordenaran (en especial, los cuidados y desarrollo de los sembríos de amapolas de las que se procesa el ansiado opio); pero, ocurrió que los talibanes, en lugar de dedicarse a lo que debían, comenzaron a derribar monumentos y efigies, como la del mismo Buda.

Y Al Qaeda y Bin Laden, de amigos de ayer pasaron a ser enemigos de hoy, con el agravante de que cuando organismos como la CIA declara enemigo a un amigo de ayer, no descansa hasta cuando el susodicho pasa a formar parte del mundo de los sin zapatos, como dice algún bromista de radio. O tiene que refugiarse en algún lugar del mundo, hasta que, de todas maneras, tiene que morir.

Según David Ray Griffn (profesor de filosofía) Bin Laden o como se llamara, murió hace 10 años (concretamente, en diciembre/2001). Está comprobado que en julio del 2001, un tal Osama Bin Laden estuvo en un hospital de Dubai, haciéndose un tratamiento de diálisis y que desapareció” de ese hospital después de comprar dos equipos de diálisis, para tratar de vivir, por lo menos un tiempo más, ya que, según los expertos, una persona que requiere diálisis diaria, por más que quiera, no vive mucho tiempo más.

El mundo recordará que después del derrumbe (¿implosión?) de las torres gemelas y de las acusaciones de la CIA-Bush, los agenciosos cables del imperio no volvieron a acordarse de Osama sino muy de vez en cuando, como el terrorista más terrorista de todos los tiempos; y nada más. En especial, se acordaron de Bin Laden cuando el imperio decidió ir a buscar en Irak unas supuestas armas de destrucción masiva, que también resultaron inexistentes, por lo que los estudiosos de siempre aseguran que “en toda guerra lo primero que muere es la verdad” y que en estos tiempos de tecnología de punta, “todo hecho es susceptible de un montaje” Y al Osama, como era grandote, le hicieron unos cuantos hasta que el presidente USA decidió matarlo de una vez y desaparecerlo en el mar.

A lo que voy, es a demostrar que, desde siempre, el imperio y los imperitos han hecho lo que les ha dado la gana, sin rendirle cuentas a nadie. Por lo menos cuando existía la URSS y se hablaba de la guerra fría (que era bien caliente) como que los EE.UU. y sus aliados de siempre, cuidaban las apariencias. Mas, desde los años 90, como que ya no necesitan ni eso. Invaden un país libre y soberano, cuando les da la gana o con cualquier pretexto; y no les pasa nada. Pruebas al canto:

Para invadir Afganistán guardaron las apariencias con una resolución del llamado Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y con la abstención de Rusia y, por supuesto de China. Para invadir Irak no solo que no esperaron este permiso sino que lo invadieron con una mentira grandota.

Y ahora, contra Libia, hay una resolución del Consejo de Seguridad pero solo para los “bombardeos humanitarios”. Y hasta aquí, a más de “unos cuantos muertos marginales” (varios cientos de civiles, entre ellos un hijo u tres nietos de Gadafi) el imperio y los imperitos europeos, no saben qué más hacer para favorecer y aliviar a los “rebeldes” que, por lo que se les ve en televisión, son una especie de patotas que están felices jugando a la guerra y presionando a las monarquías y repúblicas europeas, que se creen tan civilizadas, a ver cuánto dan y cuántos aceptan en sus propios países.

A más de estos deslices, el gran emperador Premio Nobel de la Paz (anticipado) también ha asumido el papel de fiscal supremo del mundo. Sin que nadie le diga nada (antes de los “bombardeos humanísticos”) en Libia, declaró llana y sencillamente que Gadafi ya era un gobernantedescalificado (¿por quiénes?) y que había sido sentenciado a dejar el poder.

Digo yo: de hoy en adelante, solo hay que valerse del señor Obamba y pedirle que declare descalificado a un mandatario; y ya, afuera. Para qué rebeliones o manifestaciones.

Digo yo, para lo mismo sirven esos organismos que la burocracia continental y mundial han logrado establecerlos, a fin de que nos digan a los pueblos “subdesenvolvidos” (como dicen los que hablan portugués) lo que está bien y está mal.

¿Para qué sirven la OEA y todo su aparataje, si ya nadie le hace caso?

¿Para qué seguir financiando organismos como la Comisión de Derechos Humanos si una relatora de asuntos comunicacionales (una señora de apellido Botero, colombiana,
por más señas) si ella da más crédito a un tal FUNAMEDIOS, una ONG financiada por la USAID, para que nos diga que en este Ecuador de hoy, el Presidente Correa es “un riesgo para la libertad y la democracia” porque responde los insultos y los chistes (malos, la mayoría) que la sagrada oposición mediática, le dirige todos los días del año?

A lo que voy. Alguna vez, el doctor Velasco Ibarra preguntó molesto a un periodista sipiano, que le había preguntado si iba a recurrir al derecho internacional para plantear una demanda por los intereses territoriales de Ecuador, “de que derecho internacional me está hablando señooor! Si es conocido en el mundo entero que en cualquier diferendo territorial termina imponiéndose la fuerza. Se impone siempre el más fuerte señor” remató el doctor Velasco Ibarra.

Y después de haber visto lo que está pasando en el mundo de hoy, puedo asegurar que lo que se dio en el pasado reciente, respecto de alguna normatividad universal lograda por las Naciones Unidas, pues aquello ha pasado a mejor vida, como Osama. Ahora, si el emperador mayor USA, o el Consejo de Seguridad de las NN.UU o el Tribunal de La Haya o los israelitas, o la OEA y tantos y tantos otros, los que nos dicen quién está condenado y quién no, quien nos dice quién es terrorista y quién no, los que califican de buenos a unos y de malos a otros.

Por ello, yo sugiero que a los perdedores de la consulta popular de ayer 7 de mayo, consigan que Obama, o alguna otra estrella del sector mediático, declaren que esa consulta es inconsulta y que el pueblo ecuatoriano no tiene razón, que el presidente Correa ya ha sido descalificado como Jefe de Estado. Y santas pascuas.

Para qué más viajes a quejarse en Estados Unidos. ¿O no?

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