La proverbial falacia chilena.Proposición chilena para polonizar Bolivia


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Día Histórico – 22 de septiembre de 1900
Luis S. Crespo

Angel Custodio Vicuña, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Chile en el Perú, y que años antes había desempeñado igual cargo en Bolivia, cumpliendo instrucciones de su Gobierno, propuso al presidente del Perú, Eduardo López de Romaña y al Ministro de Relaciones exteriores, Felipe de Osma, el arreglo de la cuestión de Tacna y Arica, sobre la base de un concierto internacional para operar la conquista de Bolivia.

Como nació en Chile la idea de polonizar Bolivia

Desde hacía algunos años, la idea de la polonización de Bolivia, como recurso eficaz para liquidar de una vez por todas la Guerra del Pacífico, era cosa aceptada y arraigada en la opinión pública chilena. Ya en 1897 se hablaba de esta idea, con la mayor crudeza, en los altos círculos políticos y sociales de Santiago. Haciéndose eco de ella, uno de los más autorizados órganos de la prensa, decía:

“Bolivia sin puerto en el Pacífico es una especie de feto internacional sin pulmones, que tiene que asfixiarse, que está condenada a morir. Para seguir siendo una nacionalidad necesita indispensablemente una salida hacía las naciones; pero sentado como verdad comprobada el hecho de que Bolivia necesita un puerto en el Pacífico para vivir las consecuencias que deducen los que toman en cuenta, ante todo, los intereses chilenos, son absolutamente distintas de las que deducen aquellos que consultan los intereses bolivianos.

Sin un puerto en el Pacífico -se ha dicho en Chile- Bolivia es un país imposible, Bolivia se muere. He ahí el hecho.

¿Pero se deduce de aquí que Chile está obligado a dar un puerto a Bolivia?

No. Lo que lógicamente se deduce es que si se ha injertado en el continente un país geográficamente absurdo, que no tiene condiciones propias de existencia, este país no tiene razón de existir, no puede vivir, debe desaparecer como nación.

Chile no es una botica continental, obligada a suministrar tónicos y específicos a los débiles y moribundos; no debe sostener ficticiamente la vida de un pueblo por medio de operaciones que se parecen a la transfusión de la sangre, puesto que para Bolivia viva, se le exige una parte de su propio ser y de su vitabilidad propia. Hay un interés chileno y un interés boliviano ambos encontrados.

Sería, no absurdo, porque otra es la palabra, que los chilenos fuésemos a resolver este gran problema con criterio boliviano desatendiendo el interés chileno”. (Editorial de “El Porvenir” de Santiago, de noviembre de 1897).

La Conferencia de Magallanes y el “caso” de Bolivia”

En febrero de 1899, los presidentes de la Argentina, Julio A. Roca y de Chile, Federico Errázuris, celebraron en el estrecho de Magallanes una conferencia de caracter internacional. En esta entrevista, Chile, además de dejar arregladas sus cuestiones sobre límites con la Argentina, adquirió la libertad de obrar en los asuntos del Pacífico en la forma que más conviniera a sus intereses, y, según lo asegura un escritor chileno, allí se trató también del “caso de Bolivia”.

Según ese mismo escritor, “después de la conferencia de Magallanes, Chile no tenía ya nada qué temer, pues el abrazo de los dos presidentes significaba el abandono total y completo a la sola voluntad de aquella nación el arreglo de sus cuestiones con Bolivia y el Perú”.

Los cierto es que el general Roca, con un egoísmo verdaderamente funesto para el Perú y Bolivia, había dicho al oído del presidente Errázuris que él se encogería de hombros ante todo lo que hiciera Chile para liquidar sus cuestiones derivadas de la guerra de 1879.

La nueva actitud de Chile

Armado el presidente Errázuris con las seguridades de la presidencia argentina en estas cuestiones y de que podía contar por lo menos la cooperación moral del Gobierno argentino, imprimió nuevo rumbos a la política internacional de Chile con respecto al Perú y Bolivia.

Como primera medida del nuevo plan, hizo notificar a Bolivia, en forma bastante cruda, por medio de la famosa nota del Plenipotenciario Abraham Köning, de que debía perder toda esperanza de alcanzar el traspaso de los territorios peruanos en caso de que pasaran a pertenecer a Chile.

Al mismo tiempo, envió a Lima, en calidad de agente diplomático, a Angel Custodio Vicuña, personaje considerado entonces como el más apto para proponer al Gobierno del Perú la polonización de Bolivia.

¿Quién era Ángel Custodio Vicuña?

El 11 de octubre de 1890 fue recibido por el gobierno de La Paz, don Angel Custodio Vicuña, como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Chile en Bolivia.

A principios del año se produjo la revolución chilena y el Gobierno boliviano, por razones expuestas en otra crónica, se vio ante la necesidad de reconocer la beligerancia de la junta revolucionaria establecida en Iquique y de entrar en conferencias diplomáticas con el agente de la misma, Juan G. Mata.

El plenipotenciario Vicuña, que pertenecía al partido de Balmaceda, se irritó ante la actitud del Gobierno boliviano y después de lanzarle un brulote en forma de nota oficial, pidió sus pasaportes y abandono precipitadamente el país, llevando de él, como era natural, la más ingrata impresión. Fue este el personaje a quien Chile envió a Lima en calidad de agente diplomático, encargado de una trascendental misión.

Vicuña propone la polonización de Bolivia

A principios de 1900 llegó a Lima el Plenipotenciario chileno, y en el mes de septiembre del mismo año, insinuó verbalmente al presidente de la república, Eduardo López de Romaña, la idea de un concierto internacional para operar la conquista de Bolivia. No contento con esto, propuso también al ministro de relaciones exteriores, Felipe de Osma, el arreglo de la cuestión de Tacna y Arica, cediendo el Perú estas provincias a Chile a cambio de la alianza ofensiva entre los dos Estados para declarar la guerra a Bolivia, cuyo territorio –decía-, “habría de ofrecer amplias compensaciones a los gastos y esfuerzos de la empresa”.

La proposición fue rechazada perentoriamente, pero Vicuña insistió en ella, manifestando que el Perú debía abandonar toda esperanza para la ejecución del plebiscito convenido en el tratado de 1833.

El comentario de un escritor peruano

Un escritor peruano -José María Barreto-, al comentar la proposición chilena, dice: “Es de suponer que el señor Vicuña propuso la polonización de Bolivia de acuerdo con su gobierno, pues algunos diarios de Europa y de América hablaron oportunamente de que en las conferencias de Magallanes, entre los presidentes Errázuris y Roca, éste último “no se había opuesto categóricamente a la idea de reparto de aquella república que entonces estaba convulsionada por una guerra civil”.

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