La segunda guerra fría y América del Sur

Viraje estratégico de Estados Unidos.

Raúl Zibechi – Vientoo Sur Agencias Informativas

La “guerra contra el terror” inaugurada por George W Bush tras los atentados del 11 S, está siendo desplazada por la “contención” de China, la nueva estrategia delineada por el Pentágono para cercar y, eventualmente, ahogar a la potencia asiática, con el objetivo de mantener la supremacía global. El último viraje del imperio involucra de lleno a Sudamérica.

Noviembre fue el mes en que se plasmó el cambio de rumbo. “En nuestros planes y presupuestos para el futuro, vamos a asignar los recursos para mantener nuestra fuerte presencia militar en esta región”, dijo Barack Obama el 17 de noviembre ante el parlamento australiano. En la edición de noviembre de Foreing Policy, la secretaria de Estado Hillary Clinton hizo algunas precisiones. “Durante los últimos diez años hemos dado ingentes cantidades de recursos a Irak y Afganistán. En los próximos diez años, debemos ser inteligentes acerca de dónde invertimos nuestro tiempo y energía, de forma que logremos la mejor posición posible para mantener nuestros liderazgo”.

En la próxima década, según Clinton, Estados Unidos realizará la mayor inversión “diplomática, económica, estratégica y demás, en la región Asia-Pacífico”. Como en toda estrategia estadounidense, lo militar y lo económico forman una sola política. En lo inmediato, se adelanta el despliegue de 250 infantes de marina en Darwin (norte de Australia), hasta alcanzar los 2.500 militares. Hasta ahora el Pentágono cuenta con bases en Japón, Corea del Sur, Taiwán y Guam, pero al establecerse en Australia forma una tenaza sobre la salida de China al Océano Pacífico. Esta política forma parte del objetivo no declarado de formar una “OTAN del Pacífico” para presionar y cercar a China.

El segundo paso no es militar sino económico. Consiste en un ambicioso acuerdo de libre comercio entre varios países del Pacífico denominado Acuerdo de Asociación Trans-pacífico, TPP (1). Hasta ahora se trata de nueve países: Australia, Brunei, Chile, Estados Unidos, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. China es dejada fuera y se consigue romper la ASEAN, la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, donde ese país tiene un papel hegemónico.

Según Michael T. Klare, el nuevo centro de gravedad de la política estadounidense supone el abandono de Oriente Medio, que durante medio siglo fue su prioridad, para focalizarse en la que considera su principal adversaria. La lectura del Pentágono sostiene que el talón de Aquiles de la economía china son las importaciones de petróleo que llega al país necesariamente por el Mar del Sur de China, donde Obama prevé su mayor despliegue militar (2).

La respuesta de China sigue consistiendo en apostar al diálogo, pero fortaleciendo sus estructuras defensivas. A diferencia de las potencias occidentales, que ascendieron a caballo de las guerras de conquista (desde España y Portugal hasta Inglaterra y Estados Unidos), el ascenso chino se basa en el comercio y la diplomacia. Esa diferencia es a la vez su potencial mayor, en la medida que no es una potencia agresiva, pero a la vez su debilidad, ya que puede ser desplazada por la fuerza como sucedió en Libia.

Debilidad estructural

La crisis de los Estados Unidos es más grave que la que atraviesa la Unión Europea. “Ahora insolvente se tornará ingobernable, arrastrando a los estadounidenses y a quienes depende de él a conmociones económicas, financieras y monetarias, geopolíticas y sociales violentas y destructivas”, asegura el Boletín Europeo de Anticipación Política (Geab No. 60, 16 de diciembre).

En los próximos cuatro años el país que diseñó el mapa global desde 1945, vivirá siempre según este pronóstico, “parálisis institucional y la desarticulación del bipartidismo tradicional”, una espiral de recesión-depresión-inflación y “la descomposición del tejido socio-político”. Es cierto que semejante pronóstico suena apocalíptico, pero ¿quién hubiera pensado que la agencia S&P llegaría a degradar la calificación del país?

A escala internacional Estados Unidos cada vez tiene menos aliados. Immanuel Wallerstein recuerda que sólo en noviembre y la primera mitad de diciembre la Casa Blanca “ha tenido confrontaciones con China, Pakistán, Arabia Saudita, Israel, Alemania y América Latina” (La Jornada, 18 de diciembre). Los fracasos se extienden: Obama envió al secretario del tesoro, Timothy Gethner a Europa para sugerir alternativas a la crisis y fue olímpicamente ignorado; fue humillado por Pakistán y luego por Irán, ya que al parecer el drone que “aterrizó” en ese país no sufrió un accidente sino que fue bajado por un ciberataque.

Pero la situación más grave es la interna. Un estadounidense de cada seis recibe bonos de alimentación así como uno de cada cuatro niños; el 57 por ciento de los niños vive en hogares pobres; el 48,5 por ciento vive en grupos familiares asistidos por el Estado, frente a un 30 por ciento en 1983 (The Economic Collpase, 16 de diciembre). Llama la atención el agravamiento de la situación social en pocos años: desde 2007 el ingreso familiar cayó un siete por ciento; en zonas de California el precio de la vivienda cayó un 63 por ciento, el precio promedio de una casa en Detroit es de 6.000 dólares y el 18 por ciento de las viviendas de Florida están vacías. Un niño de cada cinco experimenta episodios de vida en la calle.

Todos los días aparecen datos nuevos que revelan el deterioro social y moral del país. La revista Pediatrics, de la Academia de Pediatras, reveló que a los 23 años uno de cada tres estadounidenses ha sido arrestado en algún momento. En 1965 sólo lo habían sido el 22 por ciento a esa edad (USA Today, 19 de diciembre). Según los autores del estudio, esos datos no significan que haya una mayor criminalidad juvenil, sino que “obedece a leyes más estrictas” ante situaciones de escándalo público o consumo de sustancias prohibidas. Concluyen que los arrestos de jóvenes tienen consecuencias nefastas para su desarrollo y alientan “comportamiento violento y conductas antisociales”. Si el estudio discriminara los arrestos que sufren negros e hispanos, los resultados hubieran sido escandalosos.

Un cerco a la integración

En una situación interna e internacional tan grave, el viraje estratégico puede, como señala Klare, llevar al mundo a una situación “extremadamente peligrosa”. En su opinión, compartida por otros analistas, estamos ingresando en una nueva guerra fría que no excluye “el dominio y la provocación militar” con fuerte énfasis en el control de los hidrocarburos del planeta. Si el objetivo de Estados Unidos frente a China consiste en “poner de rodillas a su economía, mediante el bloqueo de sus vías de suministro de energía”, esa política -que no es nueva- es de hecho un anuncio para el resto del mundo. Recordemos dos hechos: Sudamérica aporta el 25 por ciento del petróleo que importa Estados Unidos y los mayores descubrimientos de crudo en la última década están en aguas territoriales brasileñas.

Las exportaciones de Venezuela al país asiático están en el punto de mira. Las inversiones chinas en ese país acumulan 40 mil millones de dólares desde 2007. PDVSA exporta 430 mil barriles diarios de petróleo a China pero las estatales chinas CNPC y Sinopec planean multiplicar por diez su bombeo de crudo en el país hasta llegar a 1,1 millones de barriles diarios en 2014, para lo cual han recibido cinco áreas en la Faja Petrolífera del Orinoco, que requieren unos 20.000 millones de dólares en inversiones cada una (Reuters, 20 de diciembre).

El viraje de Obama cuando insiste en que “Estados Unidos es un país del Pacífico”, cuando siempre había sido un país Atlántico, no sólo implica tejer alianzas en Asia sino también en América Latina. El TPP incluye a Chile y Perú y espera involucrar a México. En paralelo, el 5 de diciembre en Mérida los cuatro países de la Alianza del Pacífico (Chile, México, Perú y Colombia) acordaron lanzar el bloque comercial en junio de 2012, crear un mercado integrado con sus bolsas de valores y eliminar las tarifas aduaneras luego de 2020.

Para Andrés Oppenheimer, “veremos una división de facto de América Latina, entre un bloque del Pacífico y un bloque del Atlántico” (La Nación, 13 de diciembre). El análisis conservador desestima la recién estrenada Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). En efecto, el columnista de La Nación (que además escribe en The Miami Herald y es analista político de CNN en Español) sostiene que en la cumbre presidencial de Caracas hubo apenas “discursos poéticos sobre la unidad regional”, sin ninguna consecuencia económica.

Una de las tendencias más importantes que se ha disparado luego de la crisis de 2008, es hacia la conformación de bloques regionales y comerciales, que redunda en un retorno del proteccionismo. La reciente decisión del Mercosur de elevar el arancel externo del 14 al 35 por ciento, forma parte de esa tendencia que busca proteger a la región ante la exportación de los países centrales de los productos que no pueden consumir internamente.

Con la crisis se redujo la demanda de Europa y Estados Unidos, lo que está provocando que países emergentes como China e India acumulen stocks de mercancías que pretenden colocar a precios muy bajos, lo que está afectando las industrias de la región, en particular a Brasil y Argentina. Ciertamente, los países que no tienen un importante sector industrial, como Paraguay y Uruguay, no se benefician con ese tipo de medidas pero, sin embargo, pueden obtener mayores cuotas de exportación hacia los grandes de la región.

Brasil toma nota

En Brasil ha ganado espacio la convicción de que debe enfrentar nuevas amenazas y que ellas provienen de los países centrales, en particular de los Estados Unidos. Lo interesante es que esa convicción atraviesa a toda la sociedad, arriba y abajo.

Cinco días después del discurso de Obama ante el parlamento australiano, militares brasileños filtraron a la prensa un informe interno del Ministerio de Defensa sobre la situación del equipamiento de las diversas armas. La prensa conservadora tituló que buena parte del material bélico se había convertido en “chatarra” y aseguraba que de las cien embarcaciones de combate de la Marina apenas 53 están navegando y que sólo dos de sus 24 aviones A-4 están operativos (O Estado de Sao Paulo, 22 de noviembre).

La difusión del “informe secreto” se produjo en un momento en que diversos sectores, incluyendo al ministro de Defensa, Celso Amorim, presionan para acelerar el proceso de modernización y equipamiento de las fuerzas armadas, y muy en particular de la Marina encargada de defender la Amazonia verde y la azul, en referencia a las dos principales riquezas del país: biodiversidad y petróleo. Otro de los puntos neurálgicos es la compra de 36 cazas a Francia que lleva más de dos años paralizada. Sin embargo, la prensa no destaca los importantes avances que se están realizando en la fabricación de submarinos con importante transferencia de tecnología.

El general de brigada (retirado) Luiz Eduardo Rocha Paiva, miembro del Centro de Estudios Estratégicos del Ejército con amplia trayectoria militar y formación estratégica, analizó el reciente viraje estadounidense advirtiendo que la “pérdida de espacios” de la superpotencia y sus aliados repercute directamente sobre la región sudamericana y Brasil. Vale la pena reproducirlo extensamente porque refleja la mirada de buena parte de los gobernantes, militares o no, del país. “Los conflictos llegaron a nuestro entorno. El fracaso o éxito limitado de Estados Unidos y sus aliados en áreas distantes resultarán en presiones para imponer condiciones que aseguren el acceso privilegiado a las riquezas de América del Sur y del Atlántico Sur” (O Estado de Sao Paulo, 20 de diciembre).

Rocha Paiva destaca la creciente influencia de China en la región, la presencia de Rusia e Irán en países como Venezuela y concluye: “Los Estados Unidos reaccionarán a la penetración de rivales en su área de influencia y eso afectará el liderazgo de Brasil en el proceso de integración regional y en la defensa de su patrimonio y su soberanía”. Por eso apuesta a reforzar el poder militar defensivo ante la nueva realidad”.

Tan interesante como su mirada global es la que hace de la región. “No son los vecinos la razón para reforzar el poder militar del país, sino su ascenso como potencia económica global, la participación destacada en el comercio mundial y la codicia por nuestros recursos y posición geoestratégica. Todo eso sacó a Brasil de su posición periférica y lo colocó en las rutas de cooperación y conflicto”. Concluye advirtiendo que a Brasil le puede suceder en el siglo XXI, lo mismo que a China en el XIX: “Las potencias rivales se pueden unir para presionar y amenazar al país” (3).

Esa percepción sobre las amenazas que enfrenta es compartida por una porción mayoritaria de los brasileños. Un reciente estudio del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA por sus siglas en portugués), entre casi cuatro mil personas, muestra que el 67 por ciento piensa que existe una amenaza militar extranjera por los recursos naturales de la Amazonia. Un 63 por ciento cree que los yacimientos hidrocarburíferos en el mar pueden sufrir ataques militares externos (4).

Más interesantes aún son las respuestas cuando la pregunta gira en torno a qué país puede constituir una amenaza militar en los próximos veinte años para Brasil. El 37 por ciento piensa en Estados Unidos. Muy lejos, Argentina con el 15 por ciento. Debe destacarse que esa era la hipótesis de guerra más probable desde la independencia hasta la creación del Mercosur, incluyendo a la dictadura militar (1964-1985) cuyo despliegue principal era en dirección sur. Esta percepción revela que los cambios en la estrategia militar de Brasil, que se plasmaron en la última década y sobre todo en la “Estrategia Nacional de Defensa”, publicada en 2008, cuenta con un amplio respaldo social.

El posicionamiento estratégico de un país madura en tiempos largos y la aplicación de la nueva estrategia se hace realidad en décadas. El Brasil de arriba y el de abajo coinciden en que el país es vulnerable ante probables amenazas externas. Tal vez esa percepción haya comenzado a cambiar el 8 de diciembre, cuando dos soldadores del equipo franco-brasileño que trabajan en los astilleros de la DCNS (Direction des Constructions Navales) en Cherburgo, de un total de 115 aprendices que están trabajando para transferir tecnología, comenzaron a soldar la última unión de las secciones del primero de los cuatro submarinos Scorpene destinados a Brasil (DefesaNet, 8 de diciembre). En adelante, se fabricarán en el astillero de la Marina en Rio de Janeiro.

Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.

Notas

1) El Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económico fue firmado en 2005 por cuatro países: Brunei, Chile, Nueva Zelanda y Singapur. Los demás, incluyendo Estados Unidos, se fueron incorporando progresivamente.

2) “Jugando con fuego. Obama amenaza a China”, Sin Permiso, 11 de diciembre.

3) Se refiere a las dos guerras del opio cuando Inglaterra y Francia se unieron contra China.

4) “O sistema de indicadores de percepçao social. Defensa Nacional”, IPEA, 15 de diciembre de 2011.

ALAI AMLATINA, 23/12/2011

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Estados Unidos militariza América Latina para imponer su dominación de Imperio colonial

Por Marcelo García*

Planes económicos y de dominación marcial de los conflictos sociales, emplazamiento de bases militares y ejercicios entre las fuerzas armadas de distintos países del continente americano. Estos tres son los basamentos fundamentales con los que el imperialismo de los Estados Unidos avanza sobre Latinoamérica para apropiarse de los mercados económicos y los recursos naturales (particularmente agua y petróleo). Para garantizarse el control de las naciones de América Latina, un mercado de 800 millones de habitantes, EE. UU. ha diseñado un esquema de opresión que está esencialmente garantizado por la militarización de la región.

América Latina se está convirtiendo en una de las piedras preciosas más codiciadas por el imperio construido por los Estados Unidos. Para conseguir instrumentar su plan de colonización ha comenzado a militarizar los países de la región, proceso que marcha de manera paralela a los propósitos económicos y comerciales.

Las lucha entre imperialismos, el yanqui y el europeo, por obtener la conquista de nuevos mercados en Latinoamérica está modificando el mapa económico y militar del continente. Las inversiones europeas han sido las preponderantes durante toda la década de 1990, mientras que para contrarrestar esta avanzada de las multinacionales del viejo continente los Estados Unidos han pergeñado una serie de planes militares y económicos.

La metodología utilizada por el imperio estadounidense puede resumirse como un movimiento de pinza en el que sus dos tenazas son la militar y la económica. Para concretar esta última ha diseñado una serie de programas de liberalización de marcados latinoamericanos, apropiación de recursos naturales (fundamentalmente petróleo y agua) y reducción de costos laborales con la expansión de las maquilas -fábricas conformadas por obreros de bajos valores salariales y condiciones de semiesclavitud- que fueron instrumentadas en México tras la puesta en marcha durante 1994 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (conocido como NAFTA según su sigla en inglés).

Justamente el NAFTA, el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el flamante TLC firmado entre Estados Unidos y Chile, la Iniciativa Andina y el Plan Puebla Panamá[1] son las herramientas con las que el imperialismo estadounidense se propone la colonización definitiva del continente.

Pero no todo concluye allí ya que en la carpeta de los Estados Unidos un capítulo vital ocupa la dolarización de América Central y América del Sur. La instauración de una moneda única en un mercado de 34 países (excluyendo por ahora a Cuba), con un total de casi 800 millones de habitantes y el PBI regional, sumando a Estados Unidos, sería de 11,5 billones de dólares, casi un 30% mayor al de la Unión Europea. De esta manera EE. UU. estaría al comando el mayor mercado unificado del planeta, con un tercio del PBI mundial y más de un quinto del comercio planetario.

Para poder garantizar la concreción de todos estos objetivos económicos expansionistas Estados Unidos necesita “domesticar” y “combatir” a los pueblos de las naciones latinoamericanas, esencialmente a las FARC colombianas, los Sin Tierra brasileños y los Zapatistas mejicanos, pero también en esa lista se inscriben los pueblos rebeldes de Bolivia, Argentina, Ecuador Perú, República Dominicana, Venezuela, etc. Lo cierto es que en la actual situación política de Latinoamérica, lejos está Estados Unidos de imponer sus designios.

Planes de ocupación y bases militares

En la búsqueda de abrirse camino el imperialismo estadounidense ha generado todo un andamiaje de intervención militar en América Latina, que a lo largo de la última década ha tomado diferentes formas. Por un lado se destacan las más de 10 bases militares instaladas y por situar en la región, como así también los ejercicios conjuntos con fuerzas armadas de los distintos países del continente, muchos de los cuales tienen características estrictamente militares pero otros aparecen disfrazados de misiones humanitarias, de ayuda social o de investigación médica y ecológica.

Es así como se llega a la complementación de las bases militares instaladas en Centro y Sud América, las que están estrechamente unidas al Plan Colombia, el Plan Dignidad e Iniciativa Andina, que tienen su correlato en los ejercicios llamados Cabañas, Aguila, Unitas, Cielos Centrales, Nuevos Horizontes, Fluvial, etc. Todas estas piezas son parte de una misma parte de la pinza que busca apoderarse del continente latinoamericano.

La instalación de enclaves militares estadounidenses en zonas estratégicas tuvo sus orígenes con la apropiación del Canal de Panamá, lugar donde se estableció el centro de operaciones estadounidenses para toda Latinoamérica denominado Comando Sur (USSOUTHCOM según sus siglas en inglés) -aunque ahora se trasladó a Miami-, luego sus ramificaciones se extendieron a casi todos los puntos claves del continente. Colombia y los países que circundan a la nación dividida en dos mitades entre las guerrillas insurgentes y las instituciones burguesas son el epicentro de los asentamientos del imperio, pero los brazos del imperio se extienden hasta los confines patagónicos de América Latina.

En Colombia, y en el marco del Plan Colombia se instalaron las bases de Tres Esquinas, Larandia y Puerto Leguizamo. Estos tres sitios de interés en la lucha contra las guerrillas se convirtieron en receptores permanentes de armamentos, logística y militares estadounidenses de estrategia, pero también de tropas de combate.

Dentro del territorio colombiano los marines e instructores yanquis ya se desplazan con absoluta normalidad y el presidente colombiano Alvaro Uribe Vélez ha solicitado dos elementos novedosos y absolutamente peligrosos: por un lado, durante la reunión de Davos de enero de 2003, le pidió a los Estados Unidos que invada la zona del Amazonas para poder así concluir la lucha contra las guerrillas que operan en esa región[2]; por el otro parece haber sido el impulsor de que se cree una “fuerza de paz americana” para intervenir militarmente en Colombia, lo que por ahora no ha logrado consenso.

En los alrededores de Colombia, Estados Unidos consiguió instrumentar un complejo militar- económico más que importante, que está basado en el Plan Iniciativa Regional Andina. Es así como en Ecuador, luego de reencausar en el 2000 las instituciones burguesas, los estadounidenses instalaron la dolarización y la base Manta, a escasos kilómetros de la frontera con Colombia. En Perú se han establecido las bases de Iquitos y Nanay, esta última en la zona amazónica, ambas con intervención del personal militar de Estados Unidos.

A pocos kilómetros de allí, en el Amazonia brasileña, EE. UU. pretende apoderarse de la base de Alcántara pero por ahora los gobiernos verde amarillos se han resistido a cederles esa zona y la controlan ellos mismos.

Un cable de la agencia Bolpress dio cuenta de la posibilidad que el brazo armado estadounidense llegue hasta Bolivia e instale una base militar en las orillas del río Itonamas.

Y si de intenciones se trata, la mirada yanqui llega mucho más lejos. Durante todo el 2001 se mencionó la posibilidad de afincar una base militar y nuclear en la Patagonia Argentina, la que podría establecerse en la provincia de Tierra del Fuego, a escasos kilómetros del estrecho de Magallanes que une el Atlántico con el Pacífico, o en la de Chubut.

En este último caso podría tratarse de una ampliación de la famosa en la región torre Omega que fueron puestas en marcha (entre las ciudades de Trelew y Puerto Madryn) desde hace ya varios años y que durante la guerra de Malvinas se especula que facilitaron el envío de información estratégica a las tropas británicas.

En lo que respecta a la isla Grande del extremo más austral del continente el gobernador Carlos Manfredotti sancionó en el año 2001 el decreto 1.369 que habilitó la instalación de una base del Sistema Internacional de Vigilancia para la Prevención y Prohibición de Ensayos y Explosiones Nucleares, y posibilita a los integrantes de la base el libre tránsito por toda la provincia si así lo requieren para sus estudios.

Desde el Mar Caribe, el control lo ejercen a partir de las bases militares establecidas en Vieques (Puerto Rico)[3] , Reina Beatriz en la isla de Aruba [4], y Hato en la isla de Curazao. A todas estas bases hay que incluirle la perla caribeña que los yanquis conquistaron en la propia isla de Cuba al quedarse con parte del territorio y montar la base de Guantánamo.

En la parte continental de Centroamérica la presencia de bases estadounidenses es muy notoria y concentrada. En Honduras los militares de EE. UU. se establecieron en Soto Cano; en Costa Rica en Liberia y en El Salvador lo hicieron en Comalapa. Tal como ya quedó expresado anteriormente el enclave de Panamá persiste más allá del traslado del Comando Sur.

Otra de las piezas claves para comprender el plan colonizador de los Estados Unidos está dirigida hacia los países centroamericanos. Se trata del Plan Puebla Panamá (PPP), un proyecto generado desde la presidencia del mejicano Vicente Fox y obviamente impulsado y auspiciados por el gobierno estadounidense. Involucra a México, Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.

Uno de los pocos países que se mantenía al margen de este tipo de planes e incursiones militares era Nicaragua, fundamentalmente por su historia reciente de lucha guerrillera del sandinismo, pero tras la llegada al poder central de Alemán y Bolaños los militares yanquis comenzaron a transitar el suelo nicaragüense con la excusa de brindar ayuda humanitaria, lo que incluye el compromiso de que los más de 4.000 militares estadounidenses que ingresarán se encargarán de construir escuelas, centros de salud y brindar asistencia médica a las comunidades campesinas[5].

La Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay es otro de los desvelos de George Bush y sus secuaces. Con la nueva impronta que le ha dado a los Estados Unidos la lucha contra el terrorismo, el codiciado vértice sudamericano se transformó en una piedra preciosa de la que prontamente quieren apropiarse el imperio estadounidense. En esta región se concentra otro de los centros acuíferos, de reservas subterráneas de agua y de biodiversidad más importantes del continente y por eso está puesta la mirada imperial sobre la zona[6].

Con la excusa de controlar y combatir a las “células dormidas” del terrorismo islámico internacional, los Estados Unidos vienen pergeñando con insistencia la instalación de una base militar en dicho territorio, aunque en realidad lo que está buscando es apoderarse de una de las más grandes reservas subterráneas de agua del mundo ya que para el año 2050 esta prevista que la demanda del vital fluído se acerque al 100 por ciento del suministro posible[7] .

Sobre finales de noviembre de este año se llevó a cabo el Brasil el Foro del Acuífero Guaraní, el que se convirtió una forma de rechazar la avanzada imperialista sobre ese sector ya que desde el Banco Mundial se viene impulsando con más fuerza su relevamiento y “protección” mientras se impulsa considerar al agua un bien comercial y no bien social.

Los ejercicios conjuntos

Un capítulo aparte se merece los ejercicios militares conjuntos entre fuerzas estadounidenses y latinoamericanas[8] , lo que les posibilita a los yanquis “desnacionalizar” ideológicamente a los militares de los países del continente y además adiestrarlos bajo las doctrinas generadas desde Washington. Quizás el más emblemático sea l! as operaciones militares llamadas Cabañas, las que se concretaron en Panamá, Puerto Rico y en dos provincias de la Argentina (Córdoba y Salta).

Los ejercicios militares denominados como Cabañas son sólo uno de los tantos que se realizan constantemente en las naciones latinoamericanas, pero es justamente uno de los casos más paradigmático. El Cabañas 2001 se realizó en la provincia del norte argentino de Salta. Allí justamente se desarrolla desde hace un lustro uno de los movimientos de trabajadores desocupados más importantes de la Argentina.

Nunca se dieron a conocer formalmente las motivaciones verdaderas de los ejércitos de los gobiernos intervinientes, pero una de las grandes verdades es que allí se ha generado una protesta social muy fuerte y con rasgos de organización que por momentos llegó a plantear una dualidad de poder -entre piqueteros, sindicatos y los gobiernos municipales- en el manejo de las localidades salteñas de Tartagal y General Mosconi. Lo que sí se dice es que “el propósito apunta al entrenamiento de las Fuerzas Armadas de la región en un campo de batalla compuesto por civiles, organizaciones no gubernamentales y agresores potenciales”[9].

El Operativo Cabañas 2001 reunió durante el mes de septiembre de 2001 a 1.500 efectivos militares de 9 países del continente y se informó que el mismo fue dirigido personalmente por el subjefe del Comando Sur de los Estados Unidos, el general Gary Speer -ex director de operaciones antiterroristas del Departamento de Estado de EE. UU.-[10]!. Las Fuerzas Armadas que participaron nunca tuvieron el aval del Congreso de la Nación -tal como lo establece el artículo 75, inciso 28, de la Constitución Nacional- y solamente se los autorizó con un proyecto de ley elaborado por el ex presidente Fernando De la Rúa.

El Aguila III se ha convertido en el caso más emblemático de los ejercicios combinados militares. Este entrenamiento aéreo debió concretarse en octubre en la zona comprendida por las provincias de Mendoza y San Luis.

Las tropas yanquis pretendían pisar suelo argentino con total impunidad para jalar el gatillo libremente contra la sociedad civil y cometer todo tipo de atropellos. El gobierno de Néstor Kirchner uso nuevamente su disfraz de progresista y salió al cruce del pedido enfatizando que no le daría impunidad total sino parcial, lo que ni siquiera consiguió que se sancionara en el Congreso.

Lo cierto es que el Aguila III no se realizó por un fuerte rechazo social previo y se avizoraban grandes movilizaciones para recibir con un repudio categórico a las tropas extranjeras, aunque mientras se discutía sobre el Aguila III en el Mar Argentino se realizó una nueva edición del ya legendario operativo naval UNITAS.

Notas:

[1] Para indagar más en profundidad sobre todos
estos planes y estrategias estadounidenses visitar
la página de información alternativa
http://www.rebelion.org/ que cuenta con muchísimo
material sobre los temas mencionados.

[2] Nota aparecida el 25 de enero de 2003 en el
diario argentino Clarín donde la cronista (Eleonora
Grosman) que cubrió los acontecimientos del
encuentro de presidentes en Suiza reveló las
informaciones que recibió entorno del pedido a
EE. UU. del presidente Uribe Vélez.

[3] El 1 de mayo del 2003 las fuerzas militares
estadounidenses debieron retirarse de la base
Roosevelt Roads, ubicada en Vieques
(Puerto Rico), que fuera construida en el 70%
del territorio de la isla desde 1941.
Las múltiples protestas del
pueblo, que padeció un sin fin de consecuencias
económicas y de salud, produjeron el alejamiento
de los marines.

[4] Isla ubicada frente a las costas de Venezuela y
que forma parte de las Antillas Holandesas en cuyo
territorio se ubica una de las plantas de refinación
de petróleo más importantes del mundo.

[5] Ver el trabajo de Robinson Salazar publicado en
http://www.argenpress.info/ denominado “La
remilitarización de América Latina”.

[6] Ver el informe especial publicado por el
mensuario Enfoques Alternativos, en su edición
de junio de 2003. Las notas relacionadas se titulan
“El secreto de la Triple Frontera” y “La guerra del
agua”.

[7] Ver la misma edición de Enfoques Alternativos.

[8] Para poder encontrar más datos respecto
de los ejercicios militares programados por las
Fuerzas Armadas Argentinas con otras del resto de
América Latina y el mundo visitar la página
http://www.aeromilitaria.com.ar/

[9] Ver “El Eje del Mal en la Triple Frontera”.
Buenos Aires, Argentina – Claudia Korol, para
Adipal. Ver además “Diálogo 2000 expresa su
fuerte preocupación por la realización en Salta del
Operativo Cabañas 2001”. Información del Equipo
Nizkor. Buenos Aires, 22 de agosto de 2001.
También este tema fue citado por el periodista
Horacio Verbitsky en su columna del diario Página
12 de Argentina.

[10] Ver “EE.UU. financia entrenamientos militares
para reprimir protestas internas en
América Latina”. Granma (Cuba), fechado
en Quito (Ecuador) el 14 de septiembre de 2001.

* Marcelo García Periodista del programa radial
El cielo por asalto de Comodoro Rivadavia e
investigador del Centro Regional de Estudios
Económicos de la Patagonia Central
(CREEPaCe).Mail: subrodo25@hotmail.com

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