Chile, cánticos marinos: la milicia no ha cambiado, pero se investigará

Por Lagos Nilsson
Telesur

Con viril virtud —en todo semejante a la que manifestaron en los setentas y ochentas— y de manera absolutamente colateral y miserable las autoridades civiles de gobierno reaccionaron ante la brava demostración de injundia militar brindada en Viña del Mar. Un despistado pensó que los trotacalles ensayaban para algún carnaval criollo. No es así.

Convengamos: en tiempos de paz en ningún país del mundo la atolondrada (es decir confusa) ciudadanía ve trotar por las calles a un montón de energúmenos ofreciendo matar, fusilar y degollar; por mucho menos deberían estar presos, solo que no hubo carabineros [policía] en las calles; acaso estén en la Araucanía ya que no es época de apalear estudiantes.

Con valentía sin igual las autoridades no uniformadas del Estado, quizá desde un “búnker” sobrante del sueño pinochetista, encomendaron a la ministra portavoz del gobierno poner las cosas en su lugar: “Es un hecho vergonzoso que debe ser investigado y sancionado con las máximas penas que existan dentro de la Armada de Chile”, declaró Cecilia Pérez. Morena como es, no se apreció en la tele que luciera pálida; tampoco asustada.

Sucedió que integrantes de la Armada entonaron cánticos contra peruanos, bolivianos y argentinos durante un entrenamiento (¡por las calles de la capital del turismo, abarrotada de argentinos!). Mientras en el país y en el exterior muchos pensaron que alguien se había vuelto loco —un vídeo del trote marino circulaba ya vía Youtube— Pérez adelantó que la superioridad de la Marina de guerra tenía 24 horas para investigar los hechos ocurridos “presuntamemte” protagonizados por parte de su personal.

En perfecta imitación de los cantos de entrenamiento militar que suelen mostrar las películas estadounidenses, los marinos chilenos trotaban por las calles marcando el ritmo con una frase pronunciada sin fallas: “Argentinos mataré, bolivianos mutilaré, peruanos degollaré”. La chilena es una marina poética.

Con una muestra de ingenuidad o cinismo rayana en la farsa, el ministerio de Defensa rechazó categóricamente el hecho asegurando: “No se condice con las buenas relaciones, convivencia pacífica y hermandad” que prevalecen entre el país y Argentina, Perú y Bolivia.

Pidió también a la alta oficialidad castrense el máximo celo y profesionalismo para que estas situaciones no se vuelvan a repetir. La Armada recogió el guante de inmediato y como desde el puente de la nave Esmeralda en 1973 dijo que esas prácticas se alejaban de la doctrina institucional; buenos muchachos, aseguró su mando que no se volverán a repetir.

Porque la ciudadanía fue engañada o se autoengañó o lo así quiere el país está en manos de semejantes personajes.

Fuente: http://bit.ly/11sbQ9I

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