Bachelet y el cinismo cotidiano de politiqueros “a la chilena” ha sido nefasto… y quieren más.

Ante la obsesión cínica del electoralismo otro mundo es posible: Luchar por los derechos humanos y repudiar el sistema inmoral actual.

Hoy, Radio U de Chile publica declaraciones del abogado Hernán Montealegre.

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Muy bueno este recordatorio del abogado Montealegre sobre lo que debe ser una postura sincera sobre los DDHH’s. Permite remitirnos a la Memoria Histórica reciente… la que los candidatos al “cielo binominal” -de ineficiencia asegurada-, aborrecen y le siguen vendiendo velitas a sus santos predilectos, Pinochet y Jaime Guzmán (que hicieran la Constitución más retrógrada de la región y que estos opacos candidatos quieren mantener a sangre y fuego)…
Es bueno recordar los que fueron golpistas o que apoyaron directamente el golpe ya cometido y también los que movieron la cola hasta que se coludieron, una vez ellos mismos se sintieron cómodos con ser parte de la “repartija” y del bienestar del modelito que los comprara y les diera un pedacito comprometedor del cielo tormentoso del modelo socio-económico que nos rige con represión y una Constitución ilegítima de apoyo (que los coludidos pretenden ha dado estabilidad al país… ¿o de estabilidad a la sobre explotación y a la represión necesaria para la misma?
El cinismo cotidiano de politiqueros “a la chilena” ha sido nefasto… y quieren más. Recordemos que ese cinismo oportunista es el que militarizó aún más la Araucanía (Lagos para adelante), permitió a Bachelet usar la Ley Anti-Terrorista y acusar al pueblo Mapuche de delincuente en sus “defensas internacionales” (Berna, Suiza octubre 2006 ante preguntas de Amnistía Internacional) ). Logró vender el mar y permitir Pascua Lama. También se dio el lujo de comprar más que nunca armamentos para un ejército que no ha sabido reconocer sus crímenes de lesa humanidad. Peor aún, cuando Bachelet nombrara a cargos elevados militares que participaron en la Caravana de la Muerte (Fuente Alba, y otros) pero  también se les dio privilegios a los del montón, los de la de acción directa: como en el caso del oficial Pedro Fernández Dittus, (único “juzgado” por el crimen del joven quemado vivo, Rodrigo Rojas Denegri y de las quemaduras atroces que le inflingieran en uno de los crímenes que aún aterran al mundo a Carmen Gloria Quintana). En su gobierno fue nombrado SOSTENEDOR de la Escuela de La Reina No. 172.
¿O de permitir Pascua Lama o de las golpizas y engaños que se permitió con los “pingüinos”, esos jóvenes que alumbraron el futuro y siguen denunciando las injusticias? ¿Podemos olvidar su venta -en su último día de gobierno, con la manipulación culposa de su heraldo, el Senador Escalona- del mar nacional al mejor postor?
Tampoco es para olvidar que no solo nunca nada criticó al sistema de Salud sino que le dio entrada muy “ganadora” al dinero público con el seudo programa de equidad AUGE (que entrega millones al sector privado y limita la expansión y desarrollo eficiente del público) lo que le ha permitido seguir ganando fortunas inmorales a ISAPRES, clínicas privadas y a tanto oportunista mercachifle del sector. Beneficios que ni se soñaban.
Nunca dió respuestas, tampoco, a las quejas y cartas de la sociedad civil sobre la violencia y acoso sexual que se ejercía por el GOPE contra las estudiantes que protestaban por el sistema educacional que ella defendió (… sigue defendiendo) Sus respuestas no llegaron ni como Presidenta ni como Directora Ejecutiva de ONU Mujeres…  Tampoco hizo nada por hacer una Aasamblea Constituyente que abriera n camino… pese a que la prometiera.
El circo electoral, en el que se le suman muchos que creen serán presidentes, nos quiere volver a atrapar (Aunque hay algunos que entraron para denunciar la imposibilidad de que nada bueno pueda salir de esta elección binominal que asegura que nada cambie, salvo el tamaño de las fortunas de pocos y la pobreza y represión contra la gran mayoría).
Buena publicista de si misma, Bachelet podrá salir elegida (por una minoría participante que la invalida moralmente de inmediato) pero ni se lo merece ni le sirve a las luchas urgentes por los derechos humanos del país todo que son las únicas potenciales de cambiar este mundito especulativo y represivo.
No serán las sonrisitas amigables e interesadas (que todos tienen, incluidos los otros candidatos de la Derecha que se reconocen por mentiras torpes o algo más sofisticadas… pero mentiras al fin) las que van a cambiar nada.
La juventud y el pueblo mapuche se han distanciado del electoralismo de circo y, la sociedad civil ya lo ha indicado que este sistema no da para más. Huele a podrido. Bien podemos usar el dicho argentino de que “esta democracia al pedo” no puede ser rescatable. Otro mundo es posible…
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Michelle Bachelet: ¿la mejor aliada de Washington?

Por James Petras

Nota del Editor: Verdad Ahora: Presentamos a contiunación un artículo escrito por James Petras, sociólogo experto en América Latina quien, a razón del triunfo de la actual candidata en 2006, realizó un duro balance de la gestión de Bachelet como ministra de Salud y Defensa durante el gobierno de Lagos. Desde la experiencia, estudiantes, trabajadores, mapuche y muchos otros pueden confirmar que no estuvo muy equivocado.

El 15 de enero de 2006, Verónica Michelle Bachelet fue elegida Presidenta de Chile por un margen del 54% frente al 46% de los votos con un 40% de abstenciones, en su mayoría de jóvenes menores de 30 años. Encabezando una coalición de dos partidos en teoría “socialistas”, demócrata-cristianos y radicales, su victoria electoral ha sido muy bien acogida por un vasto espectro político que va desde la administración Bush al presidente Chávez, incluyendo todos los grandes medios de comunicación económicos (el Financial Times, Time Magazine, Wall Street Journal) y las instituciones financieras internacionales más importantes (Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional).

Los progresistas, al igual que en las valoraciones efectuadas después de otras elecciones recientes, se han equivocado de nuevo (o quizá han renunciado a su agenda reformista) y la derecha tiene razones para sentirse contenta.

Los progresistas echan mano de consideraciones un tanto mezquinas para explicar su respuesta positiva ante la elección de Bachelet: argumentan que es la primera mujer presidenta en Latinoamérica (olvidando que Margaret Thatcher fue la primera mujer Primera Ministra de Inglaterra), que pasó un breve período en las cárceles de Pinochet; que era la hija de un general de las fuerzas aéreas que fue leal al depuesto presidente socialista Allende y que fue torturado hasta la muerte; y en el hecho de que es dirigente en el teóricamente Partido “Socialista” de Chile.

La confianza de los progresistas en su identidad política contrasta profundamente con la aproximación materialista histórica adoptada por determinados regímenes políticos y medios de comunicación derechistas de las grandes corporaciones, que centran la atención en su actuación política durante los últimos quince años, en su papel como Ministra (de Salud y Defensa) en el gabinete gubernamental y en su adhesión incondicional a las políticas de libre mercado neoliberales y a la doctrina militar regional de Estados Unidos.

Para comprender el significado de la elección de Bachelet y las razones por las que el régimen de Bush está encantado con ella, se debe profundizar al menos brevemente en los antecedentes de los denominados regímenes de “centro-izquierda” que han gobernado Chile durante los últimos 16 años.

En 1988, la coalición denominada “Concertación” derrotó al dictador Pinochet mediante un plebiscito y, un año después, venció a un candidato pinochetista, ganando así las elecciones presidenciales. Desde 1989 hasta la actualidad, Chile ha seguido siendo gobernado bajo la constitución autoritaria impuesta en 1980 por la dictadura. Los regímenes presidenciales de la Concertación (ya fueran demócrata-cristianos o socialistas) no sólo aceptaron las fraudulentas privatizaciones valoradas en miles de millones de dólares que se llevaron a cabo bajo la dictadura, sino que extendieron la práctica a todos los sectores de la economía, incluida la sanidad, las pensiones y la educación. Un informe llevado a cabo por un grupo de investigadores del Congreso (20 de julio de 2005) reveló que se habían transferido ilegalmente tierras y propiedades valoradas en 6.000 millones de dólares a funcionarios pinochetistas. A lo largo de una década, una serie de oficiales militares de alto rango, con Pinochet incluido, que habían estado implicados en crímenes contra la humanidad se fueron sucediendo en los cargos más importantes del país. Se ascendió a oficiales de grado medio. Bajo la Concertación, Chile conservó la bochornosa cualidad de ser el segundo país, de entre los que componen Sudamérica, con las desigualdades sociales más graves.

Hasta el día de hoy, los militares continúan recibiendo el 10% de los ingresos que genera el cobre (con el precio más alto que nunca), una medida apoyada con entusiasmo por Bachelet cuando era Ministra de Defensa (2002-2004). Una legislación laboral restrictiva impide que los sindicatos y los movimientos laborales se involucren en cualquier huelga que afecte a la industria en gran escala, y la mayor parte de los jornaleros y leñadores no tienen casi defensa alguna frente a los depredadores productores de los sectores de la uva, el vino y la madera. En contraste con lo anterior, una nueva clase de multimillonarios ha pasado a dominar una economía altamente monopolizada que está asociada con multinacionales europeas y estadounidenses dedicadas a saquear la riqueza piscícola, los bosques, las aguas y los recursos minerales del país, apropiándose de tierras indígenas y criminalizando a los movimientos indígenas mapuche.

La afirmación de la Concertación de haber reducido la pobreza de la población de un 48% a un 18% no es más que una manipulación estadística: es el resultado de redefinir el límite de la pobreza hasta niveles mínimos de subsistencia. Estimaciones más realistas, basadas en estándares de vida adecuados, elevarían ese 18% al menos hasta un 40-45%. Igual de importante es el hecho de que la Concertación se ha alineado con Estados Unidos – y en oposición al resto de Latinoamérica – como el discípulo más leal de las políticas económicas de libre mercado, firmando una versión bilateral del Área de Libre Comercio de Latinoamérica y votando junto a Estados Unidos contra Cuba en las reuniones anuales sobre Derechos Humanos de la ONU en Ginebra. El Partido Socialista, de entre cuyas filas salieron los dos últimos Presidentes electos, no sólo ha renunciado a todas las políticas puestas en marcha por el martirizado Presidente Allende (nacionalización del cobre, reforma agraria, democracia industrial, seguridad social y legislación laboral proteccionista) sino que ha “confesado” que Allende siguió “políticas equivocadas”. Los socios derechistas y demócrata-cristianos del golpe militar de 1973 nunca realizaron una “autocrítica” parecida.

Antes del golpe militar, Bachelet había apoyado al gobierno de la Unidad Popular, del cual su padre, el General de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, era un partidario leal. Fue detenida durante un breve período junto con decenas de miles de chilenos progresistas y se marchó eventualmente del país, recibiendo una beca de la Universidad Humboldt en la comunista República Democrática Alemana (GDR), donde se convirtió en una partidaria de Hoeneker carente de todo sentido crítico. Tras el restablecimiento en Chile de la política electoral, Bachelet volvió al país, convirtiéndose en miembro del Comité Central del “renovado” y pro-neoliberal Partido Socialista. Desde su regreso a Chile hasta su elección como presidenta Bachelet, no sólo no cuestionó nunca la impunidad de los militares que torturaron a su padre hasta matarlo, sino que abrazó su doctrina de seguridad nacional, promovió a numerosos oficiales de rango medio que habían trabajado en la DINA (policía secreta) de Pinochet, jactándose de las estrechas relaciones de trabajo que mantenía con ellos

El profundo cambio de la trayectoria de Bachelet desde la RDA hasta su aproximación a Estados Unidos se evidenció durante su estancia de un año en Fort McNair, donde se imbuyó de la doctrina de “guerra interna” estadounidense y de las estrategias contra la resistencia. A diferencia del camino que abrazó su padre rechazando el imperialismo y abrazando políticas re-distributivas socialistas, Bachelet siguió un sendero de “convergencia con el poder hegemónico” (en sus propias palabras), que en esencia se resume en la sumisión servil a los dictados estratégicos de Estados Unidos. Su anterior período (2000-2002) como Ministra de Salud no presenció mejora alguna en el desmoronado sistema sanitario público, no puso en marcha ningún programa relevante para el 50% de la población chilena que no podía afrontar los sistemas de sanidad privada, y no hizo ningún esfuerzo por mejorar el fracasado sistema de pensiones privadas definido por Washington, en otra época, como “modelo” para el mundo. Los planes privados de jubilación sufren en la actualidad una desvalorización estimada en un total de 1.000 millones de dólares, mientras que las subidas de las tasas administrativas y otros gastos se están llevando hasta el 20% de los montos fijados para dichas pensiones. La Organización Internacional del Trabajo ha llamado por ello la atención a Bachelet y a sus predecesores, ya que únicamente el 58% de los pensionistas van a recibir 120 dólares al mes y, el restante 42%, prácticamente nada.

Durante el período de Bachelet como Ministra de Defensa, los gastos militares de Chile alcanzaron nuevas cotas: el gasto militar per cápita superó al de cualquier gobierno de Latinoamérica. Gastó miles de millones de dólares en una nueva flota de aviones de combate, helicópteros, navíos de guerra y sistemas de espionaje mediante fotografía por satélite; Chile se preparó para “converger” con Estados Unidos para vigilar a los turbulentos países andinos. Bachelet fue la seguidora más enérgica de Estados Unidos al enviar a Haití una fuerza expedicionaria militar para que ayudara en las tareas de represión de los partidarios del democráticamente electo Bertrand Aristide. Unos 400 soldados chilenos armados hasta los dientes patrullaron las miserables calles de Puerto Príncipe en apoyo del régimen títere impuesto por Estados Unidos.

Bachelet acogió siempre muy bien cualquier oportunidad de realizar maniobras militares junto a Estados Unidos – ofreciendo apoyo logístico para las últimas operaciones de UNITAS.

Bachelet superó los protocolos normales en las relaciones de un Ministro de Defensa con los militares: en las primeras páginas del derechista diario El Mercurio aparecieron publicadas fotos memorables con abrazos a generales. Incluso hubo algo más impactante aún en la exuberancia efusiva de Bachelet hacia los generales, entre los que figuraban muchos de los que habían servido en la policía secreta de Pinochet, 13 de los 30 generales con los que Bachelet colaboró habían sido miembros de la tristemente célebre DINA, famosa por sus torturas y asesinatos de sospechosos políticos.

En su oportunista ascenso al poder, Bachelet se mostró dispuesta a alabar y promover precisamente a aquellos oficiales militares que podrían haber estado directa o indirectamente implicados en las torturas a su propio padre.

En una entrevista publicada en el influyente diario El Mercurio (22/01/06), Bachelet expuso enfáticamente su entusiasta apoyo al modelo neoliberal, el mantenimiento del regresivo 19% del IVA, la oposición a cualquier impuesto progresista o a políticas re-distributivas y la ausencia de una legislación positiva que pudiera reparar las abismales desigualdades. Además de promover la “educación” en sectores medios, declaró que no existía una “fórmula mágica” para superar la brecha entre ricos y pobres – y ni hablar de cambiar la jornada laboral chilena, con 48 horas a la semana, la más alta entre los 60 países considerados por la clasificación del International Institute of Management. Pero, para Bachelet, aprobar una legislación laboral supone una “fórmula mágica” inalcanzable.

Teniendo en cuenta los antecedentes históricos, el disponer de una Presidenta recién elegida que pone un énfasis muy especial en la seguridad militar, incluida la “seguridad interna”, con objeto de impedir cualquier movimiento social, permitiendo la existencia de batallones de reacción rápida que ya han sido preparados para converger con las intervenciones militares estadounidenses, no es sorprendente que la administración Bush y la Embajada de Estados Unidos en Santiago calificaran a Chile como el mejor socio de Washington, un modelo para Latinoamérica, el cliente perfecto: un paraíso para la inversión extranjera, un infierno para los trabajadores y una amenaza para los movimientos sociales.

La subida al poder de Bachelet demuestra que el poder político es más fuerte que los lazos de parentesco, que la lealtad de clase es más poderosa que la política de identidad y que tener un pasado de izquierda no supone estorbo alguno para convertirse en el mejor aliado de Washington en su defensa del imperio.
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James Petras es un sociólogo estadounidense conocido por sus estudios sobre el imperialismo, la lucha de clases y los conflictos latinoamericanos. Ha sido profesor de la Binghamton University de Nueva York, la Universidad de Pensilvania, y profesor adjunto en Saint Mary’s University, de Halifax (Canadá).
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Una respuesta a Bachelet y el cinismo cotidiano de politiqueros “a la chilena” ha sido nefasto… y quieren más.

  1. VICTOR RODRIGUEZ O. dijo:

    EL PERDON CUANDO HAY ARREPENTIMIENTO…Y SE DEVUELVE LO ROBADO ES MUCHO MEJOR, ES CREIBLE.

    LA PRIVATIZACIÓN DE EMPRESAS durante la dictadura de Augusto Pinochet provocó al Estado chileno una pérdida de 8.000 millones de dólares según la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados,con datos aportados por la Contraloría General de la República.

    La comisión no investigó las privatizaciones realizadas por los gobiernos de la Concertación que incluyen las empresas de agua potable y un sinnúmero de otras actividades económicas y sobre todo la privatización o extranjerización de la empresa estatal ENDESA por la que el grupo estatal ENDESA español pagó 500 millones de dólares por el control de un patrimonio EQUIVALENTE A UNOS 10 MIL MILLONES DURANTE el gobierno de Ricardo Lagos.

    Ni la entrega del control y propiedad con contratos leoninos de Emos; ESSBIO y TODAS empresas de suministro de agua potable; ni la privatización de los ferrocarriles; las carreteras; las cárceles y otras realizadas en los distintos gobiernos de la Concertación: LA BACHELET EJECUTO MUCHAS Y DESASTROZAS (TRANSANTIAGO).

    PINOCHET ENTREGÓ 15.888 INMUEBLES pertenecientes a Bienes Nacionales, de los cuales 11.000 fueron traspasados directamente a manos privadas durante el régimen militar. Apenas el 20% de las tierras expropiadas durante la Reforma Agraria se mantuvo en poder de campesinos. La superficie perdida por el Estado a manos de funcionarios y terratenientes pinochetistas equivale a la suma de las regiones de Valparaíso, O’Higgins, Maule y Metropolitana.

    Las consecuencias de este saqueo de la propiedad pública acarrea hasta hoy graves consecuencias para todos los chilenos. La aparición de “grupos empresariales” se ha convertido en factor principal de la actual concentración del poder económico y político y de la mala distribución, que tiene a millones en trabajadores percibiendo salarios miserables, jubilaciones indignas o simplemente sufriendo una humillante cesantía.

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