Guillermo Tellier, presidente del PC chileno, y su vergonzosa entrevista a La Segunda.


PARA TELLIER, PRESIDENTE DEL PARTIDO “COMUNISTA”, LA LUCHA DE CLASE YA NO EXISTE


Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases. [1]

Carlos Marx y Federico Engels.

1380197_10151586873200895_1340890575_nPor Patricio Guzmán S.

Guillermo Tellier, presidente del Partido Comunista, concedió una entrevista al diario La Segunda, el miércoles 30 de abril, en que contesta diversas preguntas sobre su calidad de vocero durante un mes de la Nueva Mayoría, como presidente de uno de los partidos que integran la colación de gobierno de Bachelet. En una de las últimas preguntas Tellier marca distancias definitivas con la lucha de clases, he aquí la pregunta del periodista y la respuesta:

“¿Y el tono de los dichos de Marcelo Schilling aludiendo a la lucha de clases y a un Marx resucitado?

– Marx ha existido siempre, tranquilamente. Y no andamos buscando contraponer una clase contra otra clase. Hay un sector que está trabajando por el país entero, no para una clase, sino para el país. Lo mejor es que se luche por favorecer el desarrollo de todo el país. Si hay mejores condiciones de vida, los que se ven beneficiados mayoritariamente son los trabajadores.”

El discurso de Tellier por cierto no es nuevo, las clases dominantes siempre han arropado sus propios intereses detrás del bien común del país entero. Los trabajadores y sus familias desean vivir en paz, pero la clase dominante capitalista, con su afán de lucro sin límite, les ha declarado la guerra permanente. Busca permanentemente destruir las conquistas sociales que los trabajadores han conquistado con luchas y sacrificios, reduciendo la participación de los asalariados en la renta nacional, privatizando la educación, la salud, la previsión. Transformando por ejemplo la Seguridad Social en un jugoso negocio para la acumulación de capital a favor de los bancos y los grandes grupos económicos, como han hecho en Chile con las AFP, aunque sea a costa de pensiones miserables. No es la clase trabajadora la que declara la lucha de clases, los marxistas simplemente vemos la verdad cara a cara y reconocemos la lucha de clases como un hecho social, independiente de nuestra voluntad.

Cansados de mantener un discurso que los alejaba de las mieles del poder institucional de los capitalistas, Tellier, acompañado de los dirigentes de su partido, decidió vender a la Concertación, rebautizada Nueva Mayoría, su supuesta capacidad de intervención para frenar los movimientos sociales, y garantizar la gobernabilidad.

Marcos Barraza, que dirigía el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz (ICAL), entidad de estudios del PC, es ahora el Subsecretario de Pensiones, acompañado por otros profesionales, de penosa integridad que hasta ayer defendían el fin del sistema de AFP, y ahora tienen la misión de crear la AFP estatal para volver a darle credibilidad a un sistema desacreditado, lo que declaró con todas sus letras en una entrevista al diario de negocios Pulso, el propio Marcos Barraza.[2]

tellierrojoPor tapar el sol con la mano este no deja de existir, la lucha de clases seguirá su curso aunque reconocerlo le duela a lo “políticamente correcto” de la línea de alianzas que trazó Tellier con los social-liberales del PS de Escalona y Andrade, y la DC de Aylwin y Walker, todos comprometidos con la gestión neoliberal del estado a favor de la clase capitalista dominante, desde el fin de la dictadura de Pinochet. Parafraseando a los autores del Manifiesto Comunista: “El socialismo burgués del PC, sólo encuentra expresión adecuada allí donde se convierte en mera figura retórica.”  Como bagon de cola de la Nueva Mayoría.

Los antecedentes de esta deriva cada vez más derechista del PC, hunden sus raíces en su maridaje con el Khrushcheismo-Brezhnevismo que lo condujo a abandonar los principios revolucionarios con los que fue creado, y luego en la orfandad, en que quedó cuando ocurrió la implosión de la URSS y el resto de los países del llamado campo socialista, en medio de una acelerada restauración capitalista en la que las mafias de burócratas de la nomenclatura del partido-estado se repartieron el botín de lo tras la debacle.

En el Manifiesto Comunista, un breve texto escrito por Marx y Engels, ellos además de colocar la lucha de clases en el centro de la historia de la humanidad, con una frase célebre: Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de Clases, denuncia a los socialistas burgueses o conservadores que desean garantizar la continuidad de la sociedad capitalista, en un célebre capítulo del Manifiesto Comunista que reproducimos a continuación:

Socialistas Burgueses o Conservadores.

Una parte de la burguesía desea mitigar las injusticias sociales, para de este modo garantizar la perduración de la sociedad burguesa.

Se encuentran en este bando los economistas, los filántropos, los humanitarios, los que aspiran a mejorar la situación de las clases obreras, los organizadores de actos de beneficencia, las sociedades protectoras de animales, los promotores de campañas contra el alcoholismo, los predicadores y reformadores sociales de toda laya.

Pero, además, de este socialismo burgués han salido verdaderos sistemas doctrinales. Sirva de ejemplo la Filosofía de la miseria de Proudhon.

Los burgueses socialistas considerarían ideales las condiciones de vida de la sociedad
moderna sin las luchas y los peligros que encierran. Su ideal es la sociedad existente, depurada de los elementos que la corroen y revolucionan: la burguesía sin el proletariado. Es natural que la burguesía se represente el mundo en que gobierna como el mejor de los mundos posibles. El socialismo burgués eleleva esta idea consoladora a sistema o semisistema. Y al invitar al proletariado a que lo realice, tomando posesión de la nueva Jerusalén, lo que en realidad exige de él es que se avenga para siempre al actual sistema de sociedad, pero desterrando  la deplorable idea que de él se forma.

Una segunda modalidad, aunque menos sistemática bastante más práctica, de socialismo, pretende ahuyentar a la clase obrera de todo movimiento revolucionario haciéndole ver que lo que a ella le interesa no son tales o cuales cambios políticos, sino simplemente determinadas mejoras en las condiciones materiales, económicas, de su vida. Claro está que este socialismo se cuida de no incluir entre los cambios que afectan a las “condiciones materiales de vida” la abolición del régimen burgués de producción, que sólo puede alcanzarse por la vía revolucionaria; sus aspiraciones se contraen a esas reformas administrativas que son conciliables con el actual régimen de producción y que, por tanto, no tocan para nada a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, sirviendo sólo —en el mejor de los casos para abaratar a la burguesía las costas de su reinado y sanearle el presupuesto.

Este socialismo burgués a que nos referimos, sólo encuentra expresión adecuada allí donde se convierte en mera figura retórica. [3]

 

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