La educación en el banquillo de los acusados

Los estudiantes no pedían reformas, pedían cambios

Jorge Villalobos Gálvez

AR-141009335

Los estudiantes no pedían reformas, pedían cambios, al final de este show vuelve a quedar al descubierto las mentiras de unos, las volteretas de otros y el desvergonzado travestismo político del PC que dice ser la voz de la izquierda, para vergüenza del caciquismo de la otra izquierda que aún no logra ponerse de acuerdo, el PC institucionalizado jamás han tenido reparos ni decoro en participar en gobiernos de centro y de derecha con tal de disfrutar del poder.

La reforma a la educación aprobada por la Cámara de Diputados, celebrada por La Nueva Mayoría, no sé si levantando los brazos o brindando en la cocina asustó a los privilegiados de siempre y alegró a los que se conforman con ese “peor es nada”, reforma que legitima una educación clasista, la dictadura militar y cívica encabezada por Pinochet con la LOCE le pone la lápida a lo que quedaba de educación pública, la Concertación con la LEGE la ratifica, ahora esta reforma no responde a los cambios que demandaban en la calle los estudiantes, padres, apoderados y profesores. Fueron 280 conspicuos asesores los que en 8 meses, sin los estudiantes ni la comunidad se encargaron de maquillar la educación chilena a la justa medida de los mismos que el 11 de septiembre de 1973 a sangre y fuego recuperaron el poder para no abandonarlo jamás, el tirano había hecho su trabajo sucio, pero el trabajo no estaba completo, faltaba el papel decisivo de la Concertación hoy Nueva Mayoría, para garantizar a los poderes locales y globales, gobernabilidad y que la institucionalidad funciona, la profesionalización de la política, un Estado policiaco y la Educación su instrumento.

No nos engañemos, a la clase dominante (poderes orgánicos y facticos) jamás les ha interesado la calidad de la educación de los pobres, solo les interesa seguir reproduciendo su injusto sistema, por eso llevamos 475 años y aún seguimos discutiendo qué hacer en educación, si un “derecho social” y un bien de mercado, porque la historia de Chile no comienza en 1810, sino mucho antes, desde el mismo momento en que los primeros conquistadores españoles arribaron al valle del Mapocho en diciembre de 1540, desde ese momento hubo de pasar ni más ni menos que 273 años para que recién en 1813 en Chile se hiciera algo en serio en materia educacional. Este poco interés por la Educación del pueblo y por qué hasta hoy el patriciado siempre se ha negado a democratizarla, la razón está en que para esos primeros 150 hombres encabezados por Valdivia, 89 de los cuales no sabían firmar y los otros apenas, entendían que para esquilmar y robar a los indígenas sus tierras y sus trabajo no se necesitaba ir a la Escuela, se pueden manejar al mismo tiempo; la espada, la cruz, el látigo, los capataces, la policía y la escuela y ser diestro en los negocios, solamente hay que saber sumar y multiplicar, jamás restar o dividir sino veamos lo que han hecho el lumpendemocracia, desde Portales el icono de la derecha y su negocio del monopolio del Estanco del tabaco licores y naipes, a los actuales magnates, los dueños de Chile que impúdicamente se han apropiado del mar, del agua, de las empresas del estado, del cobre, coludidos para robar en los supermercados, con los pollos, en las farmacias, en la Polar, en la banca, en la salud y en el más reciente y escandaloso caso PENTA y todas sus filudas aristas, granujas, lumpen con cuello y corbata que se han peloteado las riquezas de Chile y todo lo que se pueda convertir en dinero, incluido al ser humano.

Los estudiantes no pedían reformas, pedían cambios, al final de este show vuelve a quedar al descubierto las mentiras de unos, las volteretas de otros y el desvergonzado travestismo político del PC que dice ser la voz de la izquierda, para vergüenza del caciquismo de la otra izquierda que aún no logra ponerse de acuerdo, el PC institucionalizado jamás han tenido reparos ni decoro en participar en gobiernos de centro y de derecha con tal de disfrutar del poder. Nada sobre qué tipo de educación necesitamos, si hacia el mercado o hacia las personas, nada sobre el rol del Estado en la construcción de la infraestructura educacional, nada sobre terminar con el vauchers que perpetua que muchas Municipalidades usen arbitrariamente recursos para otros fines ajenos como es el caso último que comienza a destaparse en la Municipalidad de la Pintana. Mientras los privados construyen y mejoran su infraestructura, el Estado deja al arbitrio de los Alcaldes, no todos partidarios de la educación pública y gratuita el destino de esos recursos que son de todos los chilenos, nada sobre terminar con las instituciones “privadas” que han hecho un muy bien negocio con la mediocre formación de profesores, si queremos en Chile educación de calidad se necesitan instituciones serias y no un ofertón de negocios, nada sobre un currículo obsoleto, con temas que a los jóvenes de hoy poco o nada le interesan, nada sobre las aulas con 45 niños, nada sobre un montón de pruebas estandarizadas (17) que hacen que el profesor, obligado dedique más tiempo a preparar pruebas en vez de enseñar, este Estado-mercado está más interesado en rendir examen frente a sus socios comerciales (la OCDE) que entregar las herramientas para la formación integral de la persona, nada sobre cambiar la Constitución de 1980, menos sobre Asamblea Constituyente, el único medio para elaborar una Carta Magna que legítimamente interprete a todos los chilenos. El sistema y su soporte constitucional son el principal obstáculo para legitimar una democracia que permita superar nuestros problemas; la participación directa de la ciudadanía, sindicalización efectiva de los trabajadores, terminar con el plan laboral de José Piñera, terminar con la odiosa segregación, recuperar la propiedad y explotación de nuestros recursos naturales básicos, construir una educación centrada en la persona, a la escuela no solo se va a aprender a leer y a escribir.

¿Seguiremos ensayando en Educación?, lo más seguro es que sí, mientras no seamos capaces de definir un proyecto a largo plazo, estamos lejos de la exitosa realidad neozelandés, país capitalista donde más del 90% de la educación es pública, si exclusión de nadie y gratuita, donde el profesor es exigido pero a la vez es bien remunerado, el modelo educacional neozelandés data de fines del siglo XIX. Pero para que interesarse por la “calidad de la Educación”, si es tan fácil alcanzar la felicidad, basta mirar la tele las 24 hora del día, tragarse los discursos del mercantilismopolítico, porque al final son los mismo, sí de calidad se trata, solo es para los que se deben preparar para dirigir, para la rotada de la plaza Italia para abajo, basta con que sepan malamente leer y escribir y de paso descifrar algunos códigos elementales para contribuir mejor a la desigual acumulación de riqueza. Todos los día, las 24 hora el mercado nos dice; ¿para qué estudiar?, ¿para qué leer?, ¿para qué sirve pensar?, si es tan fácil alcanzar la felicidad, basta con ir a darse un vueltita por los grandes Mall, para ellos, la calidad de la educación no es otra cosa que el perfeccionamiento constante del disciplinamiento, del orden, de la norma, de la mansedumbre, del consumismo, el corazón del capitalismo.

Finalmente, nunca en Chile ha habido tal calidad de la educación porque siempre ha sido un instrumente de una clase para explotar a otra, jamás liberadora, eso de la calidad ha sido un mito alimentado por los interesados en mantener la cohesión social, los chauvinismos enfermizos que termina enfrentando a pueblos contra otros pueblo, los pobres, solo para defender intereses ajenos. Si podemos hablar de mejores momentos tendríamos que referirnos a ese corto período de nuestra historia reciente, entre 1964 y 1970, entre 1970 y 1973 donde se produjo la mayor ampliación de la democracia, donde se intentó comenzar a construir el camino hacia una sociedad más justa; porque vivíamos en ciudades menos segregadas, porque estábamos derrotando el analfabetismo cívico, porque como sociedad nos habíamos atrevido a disputarle el poder a la clase dominante, porque nos habíamos atrevido a soñar y a decir ¡basta ya!. ¿Cuánto tiempos más habrá que esperar?, lo cierto es que de nosotros depende que la Educación nos haga libre o esclavos.

Jorge Villalobos Gálvez es Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales. Magister en Educación, Gestión y Cultura. Universidad Arcis.

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