¿Conoces la versión moderna del chiste de Don Otto? Ese, más o menos, es el tema de la presenta parida de Luis Casado.

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Julio, la araña y el horario

Escribe Luis Casado

Ayer tarde fui a París a conocer a Julio y de paso asistir al ensayo de Hot Camerata, su grupo de jazz.

Dos argentinos (Julio precisa: “argentinos, pero… buena gente”) y dos amerloks empuñaban un bajo, una flauta, un oboe y un fagot. Mi única experiencia en la materia era el film Whiplash, y pude ver que, aparte la actitud del jefe del grupo, todo colaba igualito.

Una nota demasiado larga, una entrada anticipada de una pendejésima o retrasada de un suspiro… y Julio detenía todo, para recomenzar una y otra vez. Su bonhomía contrastaba con la agresiva autoridad de Terence Fletcher (si no viste la peli… te pierdes algo), y su paciencia me pareció infinita.

Como quiera que sea, tal vez para no dejarme la impresión de un ensayo penoso (para mí no lo fue), al final pidió un cambio de instrumentos. Con dos flautas, el bajo y el oboe, escuché un espectacular arreglo suyo para Lady Be Good de Gershwin, cuyo swing me hizo hacer más de un ocho con el culo en la silla.

Terminado el ensayo, nos fuimos a un Bistrot, en fin a un bar à vins de la avenida Daumesnil, a tomarnos un tinto.

Allí, entre otros temas, Julio me contó la historia de la araña. Un científico quiso conocer el comportamiento de las arañas al subir un plano inclinado. El tipo puso una araña abajo, y la llamó. La araña –una araña buena tela– quiso cooperar y subió rápidamente. El científico anotó: 10 segundos para subir 3 metros. Luego, le arrancó una pata y repitió la experiencia. Tiempo: 15 segundos y algunas décimas. No satisfecho, le arrancó una segunda pata, y pudo medir un tiempo de 23 segundos, casi 24. Así, le arrancó las patas una a una, y cuando a la pobre araña le quedaba sólo una pata, midió un tiempo de una hora, 15 minutos y 43 segundos. Entonces –uno es científico o no lo es– procedió a arrancarle la última pata, puso la araña abajo del plano inclinado, y le pidió que subiera. Como la jodida araña no se movió, el científico se dispuso a poner por escrito sus conclusiones:

“Cuando uno le arranca las ocho patas a una araña, la araña se pone sorda”.

A estas alturas te estás preguntando con mucha razón “¿Y para donde va este boludo? Justamente.

Hoy por la mañana leí la prensa chilena, en fin los dos pasquines que ofician de tales, y no pude sino pasmarme ante la presciencia de Julio. Esto fue lo que leí:

“Rechazo transversal a horario en que intendencia autorizó marcha que terminó con graves incidentes en la Alameda”.

De modo que la responsabilidad de los desórdenes recae en el horario… Para que veas a qué punto un horario puede ser weón, mala leche o irresponsable, tal vez todo junto a la vez.

Que en medio de los manifestantes hubiese provocadores enviados por la policía no influye. Policía que, no hay que olvidarlo, tiene (o debiese tener) jefes civiles, y recibe instrucciones.

Andrés, un periodista de los que valen la pena, me escribió al día siguiente lo que sigue:

“…estuve en la marcha de la noche. Lumpen pagado dejó la cagada como comprobé en terreno. Y como si fuera poco, un grupo de ultraderecha (JNJ) llegó hasta a “confraternizar” en el escenario con la gente de la Confech y su ingenuidad alarmante.

Lo que no impide que un grupo de “científicos” entre los que se cuentan la Alcaldesa Tohá, el presidente del PC, comerciantes, parlamentarios de la Alianza y dirigentes estudiantiles criticasen… ¡el horario! No se dan cuenta que ya no hay autoridad, ni legitimidad, que no queda Estado.

La larga historia de la represión ejercida por Carabineros muestra y demuestra que la hora de sus desvaríos es muy variable. Que igual se degolla por la mañana que se tortura por la tarde, o se hace desaparecer por la noche. Que un día cualquiera se asesina a un mapuche por la espalda…

Alejandro, otro gran periodista, filmó en su día a provocadores que destrozaban vitrinas a plena luz del día, y cuando un grupo de jóvenes estudiantes quiso detenerles, se refugiaron en un autobús de Carabineros. Alejandro interpeló al oficial al mando de esos desalmados, pero el tipo sonrió despectivo, y dándole vueltas las espaldas le mandó al diablo. ¿Horario?

Yo no sé qué piensas tú, pero yo, habida cuenta de todo lo que precede, me inclino por el dúo de flautas, el oboe y el bajo. Julio se disculpa: “En realidad, dice, es un contrabajo, pero llegar con un contrabajo en el Metro a la hora punta… Y además hay una guitarra que hoy no vino”. Aún así, Basin Street Blues de Spencer Williams, en un arreglo suyo, y con fagot, mola un puñao.

El quinteto debe ser una maravilla. Cuando les escuche en un concierto te cuento.

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