A 42 años del Golpe, ¿Qué significa este clima de aparente paz?

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Por Sowelu | Nacional, Política, Unidad Comunista | 14 septiembre 2015 |

El 11 de septiembre de este 2015 se ha caracterizado por una aparente paz. Las majaderas advertencias de los grandes medios de comunicación acerca de la violencia callejera y otros peligros latentes según la propaganda dedicada a cada conmemoración del 11 de septiembre, han enida expectación, un estado que parece ubicarse entre la necesidad de resolver los acertijos planteados por el momento histórico y la chispa que puede poner todo en marcha. Sin grandes aspavientos ni llamados a la movilización general para protestar ante estos 42 años del golpe brutal e, incluso, con aparente prudencia silenciosa, los actos y reuniones se desarrollaron en un climadebido retirarse silenciosamente sin poder reafirmar sus dichos. Las diversas e innumerables conmemoraciones organizadas de manera autónoma por distintas organizaciones, expresan una cont de expectante paz.

Pero esto hay que observarlo con detención para no conformarnos con las apariencias superficiales. Las últimas dos décadas de experiencia alcanzada por la izquierda –tras la dictadura que se abocó a asesinar a todos y todas sus líderes y dirigentes, y en un estado de marginación casi total-, deben ayudarle a ser más consciente de sus límites y de las necesidades de clarificar su papel orientador, y deben llamarla a recapacitar. Se siente en el aire esta responsabilidad mal cumplida, debilitada, parcelada al infinito. Esto ya no puede seguir igual y parece convocar mudamente a un aterrizaje concreto y actual. El clima es de expectación.

En relación con lo anterior, han surgido condiciones de decadencia sistémica de proporciones tales que desnudan sin el menor pudor la relación real que existe entre el gran capital y el Estado, que han dado más elementos a la población para comprender la desgracia a la que nos conduce el régimen actual. Los vientos de crisis económica que ya arriban al país y que han llevado las ventas de CODELCO a un punto crítico en el que no existe utilidad para el Fisco, van a golpear en cualquier momento la mesa del pueblo pobre. Pero la situación política y social, a pesar de los escandalosos espectáculos políticos empresariales, parece de paz. Todo es murmullo. Puede renunciar la Presidenta de la República incluso, puede pasar cualquier cosa, pero los trabajadores y el pueblo pobre no cuentan con alternativa palpable para dar respuesta a esa necesidad. La expectación es el clima reinante.

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Este 42 aniversario del golpe burgués contra su propio régimen republicano, viene de la mano de otro elemento importante que es el destape de nuevos datos y responsables en los casos de violaciones a los derechos humanos. La presencia crítica de las víctimas y familiares ante un gobierno en el que la mayoría reconoce haber puesto sus confianzas, ha puesto en cuestión a los partidos y a sus dirigentes, ya suficientemente ocupados en atenuar los escándalos de sus corrupciones. La polémica pública ha cobrado significado especial en estos últimos meses con la denuncia de la existencia del “pacto de silencio”, aquellos acuerdos establecidos secretamente para la “transición democrática” entre los jefes de la dictadura y los jefes de la futura Concertación, al alero del gobierno de Washington, sobre diferentes áreas, que incluyen el doloroso campo de la violación de los derechos humanos. Todo parece ocurrir fragmentado, como diferentes programas de TV, dejando un clima emocional en el aire, unas opiniones, muchas preguntas que requieren respuesta colectiva, pero sin que por ello se traduzcan en un comportamiento social expreso, en una salida a las angustias. Por el contrario, el gobierno de Michelle Bachelet ha sido claro en este 42 aniversario del golpe burgués: no tiene ninguna decisión que ofrecer a las víctimas de la dictadura para hacer verdad y justicia, ni menos tiene intenciones de dar una simple señal de decoro a la sociedad entera que le permita asimilar de forma transparente su pasado, punto de origen del actual régimen. Los mismos cabecillas e interesados en la destrucción de la organización popular y de las afamadas “tradiciones democráticas de Chile”, los que impusieron el régimen terrorista de facto, pueden seguir agradeciendo a sus socios “demócratas” de pacto, la conservación de sus secretos más oscuros, de manera de seguir llevando las vidas de privilegios e impunidades que han conservado desde que legaron la administración política y el cuidado del neoliberalismo a los gobiernos civiles. Pero esto no sucede sin dejar huella y todo suma. Es más y más la acumulación de información, de estremecedores sentimientos e inquietudes cobijados en nuevas e inquietas generaciones. Aquí también reina la expectación.

La izquierda –entendida en un sentido revolucionario- debe prepararse para dar una respuesta. Su mayor debilidad no es simplemente el número de sus adherentes o sus fuerzas, sino que es su gran dispersión orgánica o, en otras palabras, su casi nula capacidad de concitar la unidad. Y este es un problema, ante todo, político, es decir, de claridad. La pausa expectante en que la población espera el surgimiento de sus auténticos líderes, exige a estos centenares de expresiones políticas dispersas por el territorio nacional que se hagan de la inteligencia, del programa orientador y de la decisión para llevar adelante un proceso de cambios revolucionarios.

El homenaje modesto y, a la vez, concienzudo que realizan diversos grupos en cada ciudad del país, en cada comuna, en barrios e instituciones educacionales, señalan la presencia de la sustancia necesaria en la que puede germinar la unidad de las luchas populares. Pero no basta con el deseo ni con la palabra, se requiere una matriz ideológica coherente y unas decisiones políticas claras. A la expectación, entonces, habrá que agregarle más inteligencia, más organización y más unidad. No sólo las y los explotados, y no sólo nosotros y nosotras estamos expectantes, también en nuestras consciencias lo están héroes y generaciones de militantes ya ausentes, que han puesto la base y trazado la guía fundamental sobre la que las masas populares y la clase trabajadora han obtenido sus más intensas y clarificantes experiencias.

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