El precario triunfo de la cobardía

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Politika

Los corruptos lograron el poder en Brasil: el mundo de los grandes negocios celebra. Lo que recuerda el verso de Guillén:

Juran los que te matan que eres feliz… ¿Será verdad?

El mismo tipo de malandras que hace 43 años asesinó la democracia y un Presidente en Chile para imponer el poder de los privilegiados. Lo que trae a la memoria otro verso de Guillén:

Ay, yo bien conozco a tu enemigo, el mismo que tenemos por acá…

Dilma Roussef ya había sido juzgada. Por militares cobardes, que escondieron su rostro (ver foto). Ahora, quienes manejan los hilos del complot también se esconden. Los que aparecen en la TV son los mandados, los esbirros, los sicarios.

Mensaje desde Brasil


En esta foto Dilma Rousseff era juzgada por un tribunal militar a fines de los años 60. Tenía 21 años. Los militares cubren sus rostros. No por vergüenza, sino por cobardía.

Hoy, casi 55 años después, Dilma es juzgada nuevamente. Los verdugos que se tapan la cara parecen ser los mismos: Hombres, Blancos, Oligarcas, Clasistas, Pechoños de día domingo. Son los herederos de la misma clase esclavista que quisiera volver a los privilegios de hasta antes de Pedro II.

Los verdugos, que vuelven a tapar su cara frente a la vergüenza de la cobardía, hoy vuelven a dar un golpe de estado: legal, jurídico, blando, institucional, blanco, como quieran llamarle. Pero un Golpe de Estado a fin de cuentas.

No se trata de defender a Dilma, o el Partido de los Trabajadores bajo el manto de que instauró o no el Socialismo en Brasil. Ni Dilma, ni Lula, ni el PT asaltaron el Palacio de invierno, y cometieron errores: Y puta que cometieron errores. Pero el logro más grande –ese que los revolucionarios de panfleto no ven– es que con todas sus limitaciones, el Partido de los Trabajdores, Lula y Dilma les entregaron lo más importante que puede tener una persona, la Dignidad.

La dignidad de tener un trabajo, la dignidad de tener una casa, la dignidad de salir de la pobreza, la dignidad de ser incluidos y sentirse parte de algo. Nadie pensó que algún dia en Brasil existiría la Dignidad para que un obrero, un tornero mecánico, salido de una fabrica llegara a ser Presidente de la Republica: El 2002 probó exactamente todo lo contrario.

Hubo un proyecto que intentó recuperar, reconstruir, pero por sobre todo entregar algo a quienes nunca en su vida han sido considerados en nada, y que parecen ser nada más que una cifra de un mal indicador.

Menudo desafío nos entrega como Izquierda esta situación. Podemos reflexionar sobre los errores, las causas, las consecuencias pero por sobre todo, para la izquierda, para quienes somos Socialistas nuestra defensa y compromiso irrestricto es siempre con la Democracia, con los Procesos Democráticos de Cambio Social, con el Partido de los Trabajadores, con Lula, y hoy con Dilma.

No hay medias tintas.

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