Protegiendo los intereses de la casta privilegiada

Escribe Luis Casado.  Politika.cl

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Las gigantescas manifestaciones que se desarrollan en Chile desde el 18 de octubre en adelante no han encontrado ninguna respuesta política: el gobierno de Sebastián Piñera, considerando que está en guerra contra su propio pueblo, solo ha recurrido a la represión. Bombero pirómano, el gobierno no ha hecho sino agravar las cosas.

Los acuerdos políticos negociados a espaldas de la ciudadanía, en lo que sus propios protagonistas bautizaron como “cocina”, tampoco han logrado calmar los ánimos. Partidos políticos parasitarios, que no tienen ninguna legitimidad de cara a la población, intentan dar lecciones de democracia fijandole límites a la participación ciudadana. Otro desastre.

El gobierno, en una movida desesperada, imaginó movilizar a las FFAA para “proteger infraestructura crítica”. Sin antes derogar el Decreto Ley 1086, impuesto por la dictadura en el año 1983, que hace de la policía uniformada un Estado dentro del Estado: una amenaza concreta a la convivencia social y a los derechos ciudadanos. El Juez Urrutia, en el Congreso, sostuvo que de ese modo el Estado de Chile “viola permanentemente los DDHH”.

Mientras tanto cunde el desorden, la sociedad ya no sabe a qué santo encomendarse y hay quienes esperan sacar rédito del temor que provoca la violencia desatada y los saqueos que en no pocas ocasiones han sido tolerados, sino perpetrados, por funcionarios de Carabineros.

Algunos irresponsables, tan ignorantes como oportunistas, movidos por su propio temor a perder la teta, reclaman la aprobación de la ley que quiere Piñera para que las FFAA asuman un papel que no es el suyo. Como argucia, más que como argumento, aducen que en Francia y en Bélgica los gobiernos ya echaron mano a las FFAA para ese propósito. Veamos qué hay de realidad en esas afirmaciones.

Sentinelle es una operación del ejército francés, desplegada después de los atentados de los días 7, 8 y 9 de enero de 2015, para hacerle frente a la amenaza terrorista y proteger los “puntos sensibles” del territorio nacional. La operación Sentinelle fue reforzada después de los ataques del 13 de noviembre de 2015 en la región parisina. Así, 10 mil efectivos son movilizados permanentemente a un costo de un millón de euros al día.

Los ataques mencionados fueron reivindicados por el Estado Islámico, fueron perpetrados por terroristas entrenados que utilizaron armas de guerra y poderosos explosivos, y causaron centenares de muertos.

¿Qué semejanza hay entre la situación chilena y los ataques del Estado Islámico?

Sentinelle… ¿evitó otros atentados? No. El 14 de julio del 2016 un atentado realizado con un camión lanzado a toda velocidad mató 87 personas en Niza. Ni los militares, ni la profusión de cámaras de vigilancia en toda la ciudad, sirvieron de nada.

En agosto de 2017, el Instituto Francés de Relaciones Internacionales juzgó la operación Sentinelle “costosa”e “inútil”. El investigador Elie Tenenbaum afirmó: “Hoy día, digan lo que digan el ejército y el ministerio de Defensa, que intentan convencernos de lo contrario desde el inicio, esos militares son utilizados como supletivos de las fuerzas de policía (…) con poderes extremadamente limitados, cuya presencia y aporte a la seguridad es mínima”. Tenenbaum indicó igualmente que aparte la securización de la calle Charonne durante el atentado contra el teatro Bataclán, los militares “solo han intervenido para protegerse a sí mismos”.

Según el coronel (R) Michel Goya: “Si examinamos el balance real de la intervención de los militares en el territorio metropolitano desde octubre de 1995, se constata que estrictamente ningún atentado, del origen que fuese, fue jamás evitado por la presencia militar. (…) Los únicos terroristas que los soldados neutralizaron son los que les atacaron a ellos mismos”. También declaró: “Esta operación, que en realidad dura desde hace 22 años porque no es sino una extensión del Plan Vigipirate (…), son 20 millones de jornadas de trabajo y entre 800 millones y mil millones de euros de sobrecosto.”

De enero a agosto del 2017, 100% de los ataques terroristas en Francia fueron dirigidos contra los militares y los policías, y ninguno apuntó a los civiles. Según la historiadora Bénédicte Chéron : “Es imposible saber si el dispositivo disuade porque no se sabe si ciertos terroristas renunciaron a algún ataque gracias a la presencia de militares. (…) Los únicos ataques que fueron evitados estaban dirigidos contra ellos, y no contra civiles”.

Para Cédric Mas, miembro del grupo de reflexión Action Résilience, a los ojos de ciertos terroristas, los militares aparecen como blancos “más honorables” que los civiles.

Para el general (R) Vincent Desportes: “Este dispositivo no le da satisfacción a nadie porque aporta muy poco en términos de seguridad. Por el contrario, le ofrece a los terroristas blancos militares claros a quien quiera atacarles”.

Para Bénédicte Chéron la operación Sentinelle es “una solución política fácil de mostrar y se hace difícil explicar que hay que salir de ella cuando la amenaza no ha disminuído sino aumentado”. Chéron estima que la operación se justificaba al principio, pero que “la perennización de ese modelo y el despliegue masivo de soldados, cuando se sabe que toda persona depositaria de la autoridad pública es un blanco, plantea interrogantes. La propia utilidad de Sentinelle no ha sido demostrada.”

Bélgica, Italia y Reino Unido

Bélgica desplegó, –después de los atentados de enero 2015, y reforzó luego cuando los atentados del 13 de noviembre en París y Saint-Denis, así como los atentados de marzo 2016 en Bruselas–, la Opération Vigilant Guardian, siguiendo el modelo de Sentinelle.

En febrero 2015, Italia desplegó 4.800 soldados en las calles para proteger de eventuales ataques terroristas un cierto número de edificios, entre los cuales el Vaticano.

Luego del atentado de Manchester en mayo 2017, el Reino Unido decidió lanzar la operación Temperer, que prevé el despliegue de 5.100 militares en las calles del país.

Francia, el Reino Unido, Italia y Bélgica participaron activamente en los bombardeos contra Libia, contra Siria, y desde luego en la guerra de Iraq, para no mencionar las guerras de Afganistán, Yemen, Malí, etc., intervenciones militares que más tarde pasaron factura.

¿Es este el caso de Chile? No. En Chile el enemigo designado es el propio pueblo chileno. Lo que se quiere proteger son los intereses de una casta privilegiada. Militarizar la solución de los problemas sociales y políticos solo puede llevar a una catástrofe de proporciones.

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