DONALD TRUMP: OTRO PRESIDENTE PARA LA DECADENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA.

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Una Variante Heterodoxa para Revertir un Mismo Proceso.
Por JORGE RETANA YARTO

INTRODUCCIÓN.

Casi ya nadie pone en duda que la gran República Americana (llamada por Raymond Aron “República Imperial”) que surgió como potencia de relevo al desfalleciente Imperio Inglés, el propio colonizador de las extensas y ricas tierras que la vieron surgir, es una potencia en pleno declive histórico, así entendido, como un proceso histórico, que viene de lejos y durará varias décadas más, pero que es justamente esa su naturaleza: la decadencia, concepto usado para describir, estudiar y/o constatar, cuando una gran civilización, potencia o imperio, sea de la Antigüedad o de la Era Moderna, entra en un proceso gradualmente progresivo de declive del conjunto de sus fortalezas que le llevaron y permitieron permanecer por determinado periodo histórico en el status de civilización modelo, gran potencia, de imperio, o hegemón, o bien, de poder dominante en un sistema internacional, conformado o en proceso de conformación.
Me permito llamar la atención del lector, sobre el hecho de que encontrará en los siguientes desarrollos de este ensayo, en citas textuales, criterios y valoraciones, muchos de los argumentos y criterios expuestos por Donald Trump (me refiero a la sustancia) a lo largo de su campaña, en los debates y discursos más recientes, lo que significa que concentró en su campaña consensos conservadores de hace décadas.
TESIS. Donald Trump representa una postura nacional vuelta proyecto político que es: cómo enfrentar y revertir la decadencia estadounidense, reconocida por muchos analistas y líderes políticos de dicho país. Lo distinto, es que él lo intentará desde una perspectiva “aislacionista”, “localista” y de “concentración interna” (nunca absoluta) tratando de volver hacia un enfoque político e ideológico propio o parecido, al de los años de la primera posguerra, No desde la reconstrucción hegemónica, como la procesada usando distintas doctrinas, medios e instrumentos, como lo han intentado desde hace más de 40 años los Presidentes de EUA con resultados muy desiguales, avances parciales y retrocesos importantes, aunque, en contextos distintos, con ajustes significativos en los modelos económicos seguidos por unos y otros (Ronald Reagan y Bill Clinton como ejes de cambio) pero dentro de la misma perspectiva estratégica. Sólo cambiaron los medios e instrumentos. Hoy se modifican las premisas.
En ese sentido, el voto masivo para Trump no es un voto absurdo, ilógico o sólo retrógrado, sino para encauzar un proyecto que para más de 60 millones, debe funcionar como vía de soluciones.
Una perspectiva “localista”, interiorizada en lo sustantivo, como ecuación para revertir la sobre-expansión actual (externa e interna), causa central –según él mismo- de los principales males de EUA, resulta para muchos, en plena segunda década del siglo XXI, de lo más absurdo para un país, un Estado, una economía, un aparato militar, una influencia ideológica-cultural como la que posee EUA en los diferentes campos mencionados (decía Condoleezza Rice, secretaria de Estado con G.W. Bush, que EUA no podía ser ajeno a nada de lo que sucediera en el mundo), pero consideramos que esta es la esencia político-ideológica del “Trumpismo” como lo hemos conocido hasta el día de hoy; y por supuesto, ello conforma el principio de un nuevo paradigma que veremos si logra consolidarse y aceptarse en forma generalizada, y empezar a cosechar éxitos, o no.
En el caso específico de México, Donald Trump, cuestiona y pretende imponer modalidades importantes a lo avanzado hasta hoy en la materialización del proyecto de imbricación estratégica de México con los EUA, proyecto transnacional conservador pactado por las elites políticas y económicas de ambos países, y que ha demolido progresivamente las cimientes del nacionalismo mexicano, como ideología y como ejercicio del poder, dando origen al pacto social actual, de facto, neoliberal-integrador, de soberanía y democracia restringidas, y sin justicia social para los mexicanos. (Octubre 2014, http://rcci.net/globalizacion/2014/fg1892.htm)

Pero en donde el flamante Presidente electo mediante un sistema electoral totalmente deformante de la voluntad popular (fueron cerca de 3.0 millones de votos con los que lo superó Hillary Clinton¡¡), se equivoca rotundamente, junto con su equipo asesor, es en que la decadencia de EUA No empieza con la firma del TLCAN o sus resultados, ni con el mayor ingreso de inmigrantes latinos o de religión musulmana a EUA, o cualquier otro proceso de los más mencionados durante su campaña política, sino con el colapso del orden monetario del cual el dólar estadounidense vinculado al oro, fue, por breve tiempo histórico, el centro de los intercambios internacionales, aviso de que la economía estadounidense, y con ella, el sistema de economía capitalista internacional, entraban en un proceso de crisis estructurales recurrentes, incluyendo las crisis financieras más recientes, que han desembocado en la tendencia actual –en despunte- a retraer y contener, en su caso, el proceso económico internacional y político-institucional integrador, globalizado, para EUA y al parecer, para otras potencias occidentales (Brexit), lo que presagiaría el debilitamiento del atlantismo económico integrado.

Al soporte de nuestra tesis, nos abocamos subsiguientemente, desde tres ángulos metodológicos: el histórico-comparativo, el analítico usado en la economía política del capitalismo (datos y tendencias estructurales), y el análisis coyuntural; en los tres casos, aportando datos de carácter estadístico, sobre procesos y posicionamientos relevantes de especialistas desde hace muchos años en el tema.

1.- LA DECADENCIA HISTÓRICA DE LAS GRANDES POTENCIAS: EL CASO DE LOS EUA.

Para el gran historiador de las grandes potencias que han surgido, impuesto su dominio y luego fenecido en la historia política de la humanidad, Paul Kennedy, el estudio de tales procesos, es precisamente la historia de:
“la interacción entre economía y estrategia a medida que los Estados punteros del sistema internacional, luchaban por aumentar su riqueza y su poder, por llegar a ser (o por seguir siendo), ricos y fuertes”, de tal forma que en su análisis alterna regularmente el estudio del “conflicto militar con el cambio económico”, es decir, “las prolongadas luchas de sus fuerzas armadas, pero también de la utilización (…) eficiente de los recursos económicos productivos del Estado en tiempos de guerra”, así como “la consecuencia de la forma en que la economía de ese Estado había estado mejorando o empeorando en relación con la de otras naciones líderes, durante las décadas que precedieron al conflicto armado”, por ello, el extenso estudio que ofrece analiza “la alteración regular de la posición de una gran potencia en tiempos de paz, como la manera en que lucha en tiempos de guerra”. (“Auge y Caída de las Grandes Potencias”, Randhom House Mondadori, 2007, pp.9-10)
El periodo precedente a la decadencia, es siempre uno de riqueza creciente, incluso abundancia, poder expansivo en lo social, político y militar, ideológico y cultural, de dominio más allá de las propias fronteras, de influencia extendida, de capacidad de coerción y de obediencia hacia el Estado líder indiscutido. Pero los cambios relativos con sentido negativo en la dinámica económica (incluyendo la tecnología unida a ella), respecto de otros poderes que ya están en posición de disputar el rol de supremacía, alteran la situación de esplendor de las fuerzas hasta entonces dominantes con relación a las dominadas. Se constituye un nuevo equilibrio de poder distinto al precursor. La historia cambió. El poder dominante se volvió un poder en declive, en retirada que sigue ese curso, en tanto paralelamente (nunca en forma lineal sino contradictoria) el poder o los poderes de relevo, de sustitución o reemplazo, se fortalecen más y más.
Este es brevemente expuesto, el trayecto histórico que sigue el proceso de declive-sustitución dominante de una gran potencia por otra u otras. En dicho trayecto, hay puntos de inflexión, puntos de quiebre, episodios o eventos que van dando contorno al proceso y afirman y retroalimentan el mismo, o bien, lo intensifican y amplifican, como tendencia histórica evidente y en consolidación.
1.1 La Debacle Económica Histórica de EUA. Orígenes y Desarrollo.
En el caso específico de EUA, las crisis económico-sociales han sido el dato dominante que ha unido históricamente su proceso de transición, desde sus desarrollos industriales originales de orden colonial, hacia la supremacía económica como República independiente y de allí, a la decadencia histórica, ligadas a procesos relacionados con: desarrollos inmobiliarios, comercio industrial y de alimentos, instituciones financieras, mercado de valores y construcción de vías férreas, pero ligadas también, con el mercado bursátil. Interesante estudio que nos ofrece Isabel Ordóñez en “Foro Libertas”, en donde, particularmente afirma, que no ha sido el Gran Crack de 1929-32 la mayor crisis sufrida por la economía en territorio de los EUA, ni tampoco la Gran Recesión de 2008-09, sino la crisis de la pre-independencia del periodo 1764-68 (la guerra de las Trece Colonias contra el colonialista inglés transcurrió de 1775-1783, concluyendo formalmente con la batalla victoriosa de los independentistas en Yorktown y la firma del Tratado de París en 1783, dentro de un total de 11 crisis hasta la fecha), cuando el PIB per cápita se desploma en 50% (medido en libras esterlinas), cuyo centro fueron las inmobiliarias de la época, y que seguramente fue un gran factor influyente en el inicio de la lucha independentista (http://www.forumlibertas.com/las-11-grandes-crisis-economicas-en-los-estados-unidos/)
Ahora bien: como suele suceder históricamente en los casos de los periodos de decadencia en que entran las grandes potencias del planeta, ello está precedido por la emergencia de episodios o eventos que van perfilando los contornos precisos de la misma. En el caso de EUA, podrían mencionarse diversos, pero nosotros señalamos los siguientes:
La crisis del oro-dólar exhibida por el entonces presidente de Francia, Charles De Gaulle, en febrero de 1965, denunciando que la ventaja de EUA al ligar el valor de su moneda a la del oro, era a costa de los demás países, y sin poder ya hacer efectiva la tasa de cambio establecida en Bretton Woods, New Hampshire, EUA, en julio de 1944. Lo expresó así: “El hecho de que muchos países, acepten como principio que los dólares sean tan buenos como el oro, conduce a los estadounidenses a endeudarse de forma gratuita a expensas de otros países. Porque lo que EE.UU. debe, lo paga, al menos en parte, con un dinero que solo ellos pueden emitir (…..) El dólar-oro es un exorbitante privilegio que le permite a EUA vivir más allá de sus medios reales”. Pero además, agregamos nosotros, le permite financiar a muy bajo costo, sus guerras hegemónicas. Surgió luego y desde allí, el “mercado del eurodólar” que permitió la expansión bancaria y financiera de EUA en todo el sistema bancario europeo. (https://www.oroyfinanzas.com/2015/01/charles-de-gaulle-crisis-dolar-1965-ventajas-oro-video/), en paralelo, a la renovada competencia comercial en la cual, las economías europeas y de Japón, se convertían en sus rivales comerciales.
Tal discurso fue premonitorio de la posterior crisis internacional de la economía de EUA y del caos monetario internacional. Pero parte sustancial del problema planteado entonces, sigue vigente en la actualidad, respecto a los privilegios del USD, aunque con otras condicionantes, como la nueva etapa del mercado internacional del petróleo, de su expansivo y alto precio comercial pagado en USD, la globalización financiera, etc.
Es Richard Nixon quien anuncia oficialmente el derrumbe del Orden Monetario creado en Bretton Woods. Su gobierno se enfrentó a un problema: los dólares superaron las reservas de oro del país, de manera que el precio del oro en dólares superó el precio fijo del oro. El amplio incremento de los gastos del Gobierno no ayudó ante ello (tan sólo la guerra en Vietnam le costaba $1,000 millones de USD anualmente a EUA) Nixon siguió el consejo de Milton Friedman: eliminar la convertibilidad del dólar en oro dado que la divisa valía por el propio respaldo que ofrecía el gobierno de Estados Unidos, no otra cosa. De esta manera, el domingo 15 de agosto de 1971, Richard Nixon declaró la inconvertibilidad del dólar en oro, y terminó de manera unilateral con el acuerdo de Bretton Woods. Se desató el desorden monetario internacional frente a lo cual EUA mantuvo su moneda, como moneda de pago y reserva internacional a pesar de su desvinculación del oro. El crédito se expandió (con base en la inmensa masa de USD circulando) provocando problemas inflacionarios importantes y el endeudamiento documentado de muchos países en USD.
Sin ningún género de dudas, podemos ubicar en estos episodios que conforman un punto de quiebre histórico, los inicios de la decadencia de los EUA, porque nunca su economía volvió a ser la misma de lo que fue en los 25 años anteriores. Por cierto, un reinado económico realmente breve, manteniéndose como la primera economía del mundo, pero en un proceso de declive gradual progresivo con repuntes significativos de mediano plazo, aunque debilitándose estructuralmente con el paso de las décadas.
Ello se expresó en una “explosión de la desigualdad” en la sociedad estadounidense en los lustros posteriores, tal como lo ilustran Harrison y Bluestone (2001):
“En la década de 1970 todas las condiciones que habían sido tan favorables para aumentar los niveles de vida y disminuir la desigualdad empezaron a revertirse. Se produjo un alza de la competencia extranjera de países con bajos salarios (…) La productividad exhibió una tendencia descendente (…) El gasto público (salvo en armamentos) y la inversión pública, fueron atacados en general” (p.195).
Luego: “durante el periodo de quince años (1973-1988, JRY) el salario medio combinado de marido y mujer por hora, aumentó sólo 1.8%, es decir, el equivalente a un aumento del salario real por hora de menos de 30 centavos en todo el periodo, o sea, 2 centavos por año (…) En cuanto a los desertores del colegio, las recompensas por trabajar más fueron particularmente escasas. Pese a trabajar un 11.6% horas más al año, sus ingresos anuales reales bajaron más del 8% (…) Mientras que los cuatro quintos más bajos de la población tuvieron aumentos sustanciales de riqueza durante las décadas de 1960 y comienzos de 1970, especialmente mediante la propiedad inmobiliaria, después de 1983 (durante los gobiernos de R. Reagan, JRY) el mismo grupo no experimentó absolutamente ningún progreso en su riqueza. Una forma especialmente escalofriante de expresar esta explosión en la desigualdad en los años ochenta” (pp.190-191)
En consecuencia, la debacle de la supremacía económica internacional, se acompañó de cambios estructurales en los niveles de ingresos, en la cuantía de horas trabajadas para defenderse de la caída de tales ingresos, no obstante lo cual, estos se mantuvieron prácticamente estancados durante 15 años, con retrocesos en algunos sectores y con estancamiento también de los estadounidenses en su riqueza patrimonial. Una crisis social manifiesta del modelo de bienestar hasta entonces seguido, que era el corazón del “american dream”.
Los cambios impulsados gradualmente desde entonces hacia la globalización de los flujos de capital financiero y la desconexión-autonomización de los mercados bursátiles del aparato productivo, abrió la puerta a las crisis financieras recurrentes y al relegamiento de la economía productiva. En el futuro, el predominio del capital financiero sería omnímodo, con la supremacía de las formas y mecanismos de valorización financiera y especulativa para enfrentar la “plétora de capital”, o sobreacumulación de capital disponible para inversión, que no encontraba colocación productiva suficientemente rentable. (https://marxismocritico.com/2013/07/29/gestacion-y-desarrollo-de-la-hegemonia-de-las-formas/) Aquí debemos dejar establecido que los estudios de base marxista de estos procesos, son mucho más clarificadores que los de otras escuelas de pensamiento económico.

1.2 Las Crisis Estructurales del Capitalismo con EUA al Frente.
Nuevamente, para Paul Kennedy:
“Por lo general, se necesita de la riqueza para sostener el poder militar, y del poder militar para adquirir y proteger la riqueza. Sin embargo, si una proporción excesiva de los recursos del Estado se desvía de la creación de la riqueza para colocarla en objetivos militares, eso puede conducir a un debilitamiento del poder nacional a largo plazo. De la misma manera, si un Estado se excede estratégicamente –digamos, por la conquista de territorios extensos o el mantenimiento de guerras costosas- corre el riesgo de que los beneficios potenciales de la expansión externa, sean superados por el enorme gasto del proceso, problema que se agudiza si la nación involucrada ha entrado en un periodo de declive económico relativo” (pp. 10-11)
Si después del fin del Orden Monetario que ligó el valor del Dólar Americano (dinero fiduciario, papel moneda) al valor del oro, jamás la economía de EUA volvió a su estatus anterior, tampoco lo fue el sistema de economía capitalista encabezado por dicho país. Las crisis estructurales ulteriores a dicho episodio, se incuban y desarrollan en la propia década de los años 70, en donde se entremezclan con otras crisis: la cíclica, más la crisis estructural, que obligaron al capitalismo a reformularse y entrar en una etapa en donde los altos excedentes de capital no invertidos por la caída en la tasa de rentabilidad, generaron una sobreacumulación que se canalizó a los grandes bancos para convertirla en oferta de crédito barato, y que engendró la crisis de sobre-endeudamiento de los países en desarrollo (hoy llamados, “economías emergentes”) de los años 80.
Los años 90, fueron el escenario para intensificar también la relocalización industrial y la segmentación del proceso productivo de diversos sectores de actividad económica en la periferia del sistema (expansión de los tigres asiáticos como los nuevos países exportadores industriales), mediante inversiones masivas de capital extranjero, y después, la masa inmensa de recursos no invertidos rentablemente, se convirtió en la materia prima de la integración de los mercados financieros, una vez producido el cambio de paradigma hacia las economías abiertas e integradas, proceso comandado por el capital financiero, es decir, la globalización como nueva estructura del funcionamiento de la economía mundial.
Hicieron su aparición posteriormente, las “burbujas bursátiles”, la época de las grandes crisis financieras recurrentes como nuevo dato estructural del movimiento integrado del capital financiero, la emergencia de los poderes económicos y político- militares asiáticos (China, Rusia e India), retadores estratégicos de los EUA y de sus aliados en la OTAN, quienes rechazaron el neoliberalismo como doctrina económica para el desarrollo, orientándose por un modelo de economía mixta con conducción y planeación desde el Estado, emergiendo un modelo de economía mixta exitoso al seno de la globalización económica. Y luego, la más reciente y más severa crisis estructural, la gran recesión con quiebra financiera internacional de 2008-09, de la que la economía globalizada no se ha recuperado plenamente, ni el sistema económico en su conjunto, pero al seno de la cual, se están engendrando ya nuevas problemáticas que presagian la siguiente crisis sistémica.
En todo este proceso económico, ideológico y político-militar, muchos autores, líderes y estudiosos han intervenido y escrito, no al unísono, sino con divergencias pequeñas y grandes, como es natural, pero constatando de una manera u otra lo antes comentado, y teniendo como telón de fondo el declive histórico de los EUA, el cual fue olvidado u omitido, tras el triunfo del capitalismo estadounidense y aliados frente al experimento socialista encabezado por la URSS.
La así llamada “unipolaridad” o “pausa estratégica” (ausencia de contendiente estratégico para EUA), las doctrinas de seguridad nacional y defensa (la “lucha internacional contra el terrorismo” y contra el “narco-terrorismo”, las “guerras asimétricas”, “las guerras de estabilización”, las “guerras encubiertas”, incluso, la re-conceptualización del “pivote estratégico”, y muchas otras categorizaciones acompañadas del “poder duro” o coercitivo de EUA por todo el mundo), pretendieron orientar los esfuerzos de EUA hacia una reconstrucción de su desgastada hegemonía, pero hoy se revelan como poco sólidas, por lo menos a la luz del voto de más de 60 millones de electores que perdieron la fe, que dejaron de creer en esa vía, y que son la mitad de la nación estadounidense.
Hoy estamos en una etapa de tiempos nuevos para los EUA en plena posmodernidad.

2.- CUATRO POSTURAS SOBRE LA DECADENCIA DE LOS EUA y UNA SOBRE OCCIDENTE.
El concepto de “potencia indispensable” para referirse desde el propio gobierno estadounidense a la condición internacional de los EUA, se acuñó durante el gobierno de Bill Clinton, y lo usaron reiteradamente, el propio Presidente Clinton, el Secretario de la Defensa y la Secretaria de Estado, Madeleine Albright, lo que sonaba a “realismo político”, pero en realidad, ese lenguaje indirecto, in-sustanciado en términos de categorías de análisis político-estratégico, es revelador: se reconoce que EUA ha pasado de ser el hegemón del sistema internacional de la segunda posguerra y sobreviviente bajo el mismo precepto de la “guerra fría” u “orden bipolar”, a ser una “potencia indispensable” en dicho sistema internacional, en la economía y en el poder, político, militar e ideológico-cultural. Porque el “orden unipolar” en el contexto de la “pausa estratégica”, con ser totalmente real, era sumamente frágil, basado mucho más en el armamentismo alcanzado, antes, y en la propia implosión del rival estratégico, que en una reconstrucción estructural de su hegemonía. El desfase entre la supremacía militar y las debilidades estructurales (como la energética, comercial y estratégica) la trabajó Obama con resultados parciales, contradictorios y hasta fracasos evidentes.
2.1 Uva de Aragón (parece un seudónimo periodístico), sin embargo, para el caso de EUA, pregunta: “Estados Unidos ¿Nación en Decadencia?”. Y en implícita respuesta afirmativa argumenta las causas:
“Podrían resumirse en dos: una falta de brújula moral y un divorcio entre los ciudadanos y sus gobernantes. La democracia se desarrolló en el país precisamente por la ética del trabajo y los principios puritanos –aunque algunos sean ahora arcaicos– de una mayoría protestante, y por el respeto mutuo entre las instituciones políticas y la población.” Agrega luego: “En los Estados Unidos también ha disminuido la fe religiosa y se ha incrementado el consumismo (…) Se ha perdido la noción del sacrificio y la costumbre del ahorro. Vivimos en una sociedad hedonista, en que cada cual busca lo que le ofrece placer. (Miami Herald, 17 de mayo, 2016, http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article78067052.html)
En suma, para este editorialista, la decadencia se expresa como declive moral y declive de las instituciones que le dieron razón de ser y grandeza a los EUA. En ambos casos diríamos, que se ha perdido la esencia que hizo posible fundar la Nación. Y refiriéndose a lo que todavía era una candidatura a la presidencia de Donald Trump afirma:
“Lo más preocupante es que la solución que se propone es poner al frente del país a personas que no abrazan la política como carrera o profesión. Grave error.”

Consideramos desde nuestra perspectiva, que el tema esencial no es el personaje, sino la concepción y el proyecto político, que es lo que en realidad sumó más de 60 millones de votos. Evidentemente, este enfoque periodístico es más circunspecto del que usa un historiador como Paul Kennedy, porque el elemento subjetivo pesa mucho más.
Mayormente ilustrativo es –citado por Alfred W. McCoy- el columnista del diario británico de tendencia izquierdista, The Guardian”, Simon Jenkins:
“La impresión es que la superpotencia mundial deambula inerme por un mundo en el cual nadie se comporta como debe. Irán, Rusia, Pakistán, Afganistán, Yemen, las Naciones Unidas, todos están perpetuamente fuera de guion. Washington reacciona como un oso herido en sus instintos imperiales, pero su proyección del poder es improductiva.”
(http://www.avizora.com/atajo/informes/usa_textos/usa_textos_2/0069_decadencia_y_caida_del_imperio_estadounidense.htm)
¡Poder Improductivo¡ porque no logra concitar con sus acciones en el escenario mundial, ni el gusto, ni la confianza, ni el temor, y tal vez, sólo la necesidad de trato.
2.2 El propio Alfred W. Mc Coy (profesor e historiador del sudeste asiático, del tráfico de drogas en el Triángulo Dorado de Asia y de la colaboración entre la CIA y los grupos del crimen transnacional) reunió un grupo de trabajo de 140 historiadores (en el año 2010), para analizar el futuro de EUA “como potencia imperial” quienes concluyeron sus deliberaciones contemplado cuatro posibles escenarios futuros para antes de 2025, sobre la gran potencia americana, los cuales nos parecen, de los análisis más serios que se han expuesto sobre el tema, porque en muchos de los aspectos de su formulación y valoraciones, son ampliamente vigentes en nuestros días, muy visionarios y cercanos al desarrollo ulterior de los procesos que abordan, relativos a cuatro temas cruciales: decadencia económica, crisis del petróleo, desventura militar y la Tercera Guerra Mundial. (Rebelión, 11,de Diciembre, 2010, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=118337)
Los cuatro escenarios previstos por los 140 historiadores, para el futuro de los EUA en el comportamiento de las variables sustanciales (la económica, la energético-tecnológica, la militar y la estratégica), tenemos lo siguiente:
“Decadencia económica y situación actual:- Existen tres amenazas principales a la posición dominante de EE.UU. en la economía global: la pérdida de influencia económica debido a la disminución de su parte en el comercio mundial, la decadencia de la innovación tecnológica estadounidense y el fin del estatus privilegiado del dólar como moneda mundial de reserva: en 2008, EE.UU. ya había caído al tercer puesto en las exportaciones globales de mercaderías, con sólo un 11% en comparación con un 12% de China y un 16% de la Unión Europea. No hay motivos para creer que esa tendencia se revierta, y el mismo año EE.UU. ocupaba todavía el segundo lugar después de Japón en las solicitudes mundiales de patentes con 232.000, pero China se aproximaba rápidamente con 195.000, gracias a un fulgurante aumento del 400% desde el año 2000. Un presagio de más decadencia: en 2009 EE.UU. llegó al punto más bajo entre 40 naciones estudiadas por la Fundación de Tecnología & Innovación de la Información en cuanto al “cambio” en la “competitividad global basada en la innovación”. “El Foro Económico Mundial ubicó a EE.UU. en el mediocre puesto 52 entre 139 naciones en la calidad de su instrucción universitaria en matemáticas y ciencias en 2010”. “Son indicadores de un mundo que viene y de un posible intento, como ha argumentado el economista Michael Hudson”. Efectivamente, agregamos nosotros, todos los anteriores son indicadores incontestables de decadencia hegemónica, que sellan una época.
Crisis del Petróleo y Situación actual.- “China se convirtió en el primer consumidor de energía (…), una posición que EE.UU. ha mantenido durante más de un siglo. El especialista en energía Michael T. Klare ha argumentado que este cambio significa que China “fijará el ritmo de nuestro futuro global”. En 2025, Irán y Rusia controlarán casi la mitad de todo el suministro de gas natural del mundo, lo que potencialmente les dará una inmensa influencia sobre una Europa hambrienta de energía. Si se agregan a la mezcla las reservas de petróleo, en sólo 15 años, como ha advertido el Consejo Nacional de Inteligencia, dos países, Rusia e Irán, podrían “aparecer como elementos esenciales en el campo de la energía” (…) Mientras tanto, China invierte innumerables miles de millones en la construcción de un gasoducto masivo trans-asiático y en el financiamiento de la explotación por Irán del mayor yacimiento de gas natural del mundo en South Pars, en el Golfo Pérsico. Sin embargo, en este renglón (energía convencional), así como en el manejo de la etapa post Gran Depresión 2008-2009, adicionamos, al recuperar el crecimiento, y generar un bomm de inversiones en hidrocarburos shale, la administración Obama tuvo los mejores resultados que comentaremos luego.
Desventura Militar: la Situación Actual.- “A medida que se debilita su poder, los imperios caen a menudo en imprudentes aventuras militares. Este fenómeno es conocido entre historiadores del imperio como “micro-militarismo” y parece involucrar esfuerzos psicológicamente compensatorios para salvar el escozor de la retirada ocupando nuevos territorios, por breve y catastrófico que sea. Estas operaciones, irracionales incluso desde un punto de vista imperial, producen frecuentemente gastos que desangran la economía o humillantes derrotas que sólo aceleran la pérdida de poder.” Es el caso de que “en 2001 y 2003, EE.UU. ocupó Afganistán e invadió Iraq. Con la arrogancia extrema que ha marcado a los imperios durante milenios, Washington aumentó sus tropas en Afganistán a 100.000, expandió la guerra a Pakistán, y extendió su compromiso hasta 2014 y más allá, exponiéndose a desastres grandes y pequeños”, agregando: “se multiplican las posibles combinaciones para una desastrosa crisis militar en el extranjero.” Señalamos nosotros: esa crisis militar puede haber sido consumada teniendo como escenario a Siria y la intervención del ejército ruso.
Tercera Guerra Mundial: Situación Actual. Con sus crecientes recursos, Pekín reivindica un vasto arco marítimo de Corea a Indonesia, dominado desde hace tiempo por la Armada de EE.UU. En agosto, después que Washington expresó un “interés nacional” del Mar del Sur de China y realizó ejercicios navales allí para reforzar esa afirmación, el Global Times oficial de Pekín respondió airadamente, diciendo: “El combate de lucha libre entre EE.UU. y China por el tema del Mar del Sur de China ha aumentado las apuestas sobre quién será el verdadero gobernante del planeta”. “China parece determinada a competir por la dominación” de lo que el Pentágono llama “el espectro de la información en todas las dimensiones del espacio de batalla moderno”. Con el continuo desarrollo del poderoso cohete propulsor Larga Marcha V, así como el lanzamiento de dos satélites en enero de 2010 y otro en julio, para llegar a un total de cinco, Pekín señala que el país hace rápidos progresos hacia una red “independiente” de 35 satélites con capacidades de posicionamiento global, comunicaciones, y de reconocimiento hasta 2020. Para frenar a China y extender su posición militar en el globo, Washington se propone construir una nueva red digital de robótica aérea y espacial, capacidades avanzadas de guerra cibernética y de vigilancia electrónica (…) En 2020 (…) el Pentágono lanzará un escudo de tres niveles de drones espaciales –que llega de la estratósfera a la exosfera, armado de misiles ágiles, vinculados por un sistema satelital modular elástico, y operado mediante una vigilancia telescópica total.” Y: “el Pentágono hizo historia. Amplió las operaciones de drones a la exosfera al lanzar silenciosamente el transbordador espacial sin tripulación X-37B a una órbita baja a 410 kilómetros sobre el planeta. El X-37B es el primero de una nueva generación de vehículos sin tripulación que marcará la militarización total del espacio, creando un campo para futuras guerras, diferente de todo lo visto anteriormente.” La más moderna de las posibles guerras.
Llama la atención, adicionamos nosotros, que en sus análisis los historiadores convocados no consideraban a Rusia como otro o el principal rival militar estratégico, sino sólo a China, y tanto en Ucrania, como en Siria, se toparon con una gran sorpresa que fue la política de contención político-militar a la estrategia de EUA-OTAN y aliados en ambas regiones, por parte del gobierno de la Federación de Rusia. Pero sobre todo, que se contemple con toda seriedad como escenario futuro propio de la decadencia de EUA, la eventualidad de una Tercera Guerra Mundial como opción estratégica.
Continúa el documento de conclusiones de los 140 historiadores convocados por Alfred W. McCoy: “Como tanto EE.UU. como China participan en una carrera para militarizar el espacio y el ciberespacio, las tensiones entre las potencias tenderán a aumentar, haciendo que un conflicto militar en 2025 sea por lo menos factible, aunque difícilmente seguro.”
En suma: “A medida que se pierde el poder de EE.UU., el pasado ofrece un espectro de posibilidades para un futuro orden mundial. En un extremo de ese espectro no se puede excluir el ascenso de una nueva superpotencia global, por poco probable que parezca. Sin embargo, tanto China como Rusia manifiestan culturas autorreferenciales, recónditos escritos no romanos, estrategias de defensa regional y sistemas legales subdesarrollados, lo que les niega instrumentos esenciales para la dominación global. Por el momento, por lo tanto, no aparece en el horizonte ni una sola superpotencia que probablemente llegue a suceder a EE.UU.”.
De nuestra parte consideramos, que el nuevo Orden Mundial que emerja de esta profundizada decadencia estadounidense, no será propiamente un Orden con supremacía unipolar, sino una estructura poli-céntrica, que es lo que se aprecia emerge con fuerza desde la estructura actual del sistema de poder institucional, del sistema económico internacional y de la correlación de las fuerzas militares, todo ello, sujeto a cambios repentinos impredecibles.
2.3 Tenemos también, otros estudios serios como los del escritor británico Sam Gerrans (https://actualidad.rt.com/economia/189003-estados-unidos-decadencia-bomba) que no sólo da por hecho el periodo de decadencia en que está inmerso EUA, sino que considera que se trata de una sociedad “que camina hacia su autodestrucción”, considerando también, que dicha situación es una especie de “bomba de tiempo”, cuyas variables integran un combo que puede estallar, porque:
Están destruyendo sus fuentes de alimentación, ya que han disminuido notablemente el número de granjas, sólo quedan (2012) 2.o millones de ellas y sólo el 2% de la población las habita y trabaja, además de que la distribución de alimentos implica recorridos de miles de kilómetros que amenaza con una crisis de desabasto en algún momento.
Su economía es débil, ya que desde que se desprendió del sistema Oro-USD, su moneda ha estado atada al valor del petróleo, y su predominio en ello ha sido protegido –opina el escritor- con “las guerras del petróleo”, pero al perder su hegemonía en el sector, la decadencia entrará en una fase severa, y eléxodo hacia el yuan chino será irreversible.
El consumo de antidepresivos se ha disparado creciendo en 400%, son “inhibidores de la serotonina, es decir, de la sustancia presente en las neuronas que cumple la función de neurotransmisor. La propia sociedad ya fue, más de una vez, víctima de este fenómeno: muchos de los ataques a tiros en lugares públicos fueron cometidos por personas que dejaron el consumo de esos medicamentos de manera forzada o repentina”, de tal manera que una deficiente producción abasto de ella, provocaría problemas generalizados muy graves.
La decadencia moral es otro hecho evidente, como ejemplo “las ventas del denominado Black Friday de 2013: en él participaron 250 millones de personas, que gastaron $61.000 millones de dólares, la mayoría, en productos no esenciales. Las estampidas y las muertes no suelen ser ajenas a esta locura”, y agrega: “durante la Gran Plaga de Londres de 1965, la población huyó hacia los campos en los que se producían alimentos. Hoy, esos lugares ya no están disponibles, ya que pertenecen a grandes corporaciones”, dice también: se reúnen “todos los ingredientes” para una “descomposición completa”. Este “Viernes Negro” en EUA es el que inspiró el “Buen Fin” en México (sic)
2.4 Relativo a este último tema (los signos y expresiones de la autodestrucción social estadounidense) tocado por el escritor inglés y el editorialista del Miami Herald, citaremos otro análisis muy importante presentado por el escritor Fareed Zakaria, de origen árabe, pero escrito originalmente por Jeff Guo (uno de los asesores de Donald Trump y publicado en The Washington Post, que se titula “La Decadencia Blanca en EUA” (http://www.semana.com/mundo/articulo/eeuu-preocupan-muertes-por-alcohol-drogas-suicidio/456785-3), cuyo planteamiento de la problemática inicia con una pregunta severa: “¿Por qué los blancos estadounidenses se están matando?. En sí mismo ese hecho es probablemente el hallazgo más importante de las ciencias sociales en muchos años. Y ya está redibujando la política estadounidense”, nos dice de entrada el autor.
Las razones son: suicidio, alcoholismo y sobredosis de drogas, legales e ilegales (el lanzamiento al mercado de medicamentos como Oxycontin, un analgésico legal con propiedades similares a las de la heroína, coincide con el aumento en el número de muertes), lo cual está matando a jóvenes blancos, rápido o lentamente, debido al estrés, la depresión y la desesperación ante la falta de expectativas de vida en una edad mediana, tendencia valorada como “alarmante” porque se están muriendo en cantidades cada vez mayores (algo similar sucedió tras el colapso de la URSS en dicho país). Son además, personas que no tienen más que un certificado de bachillerato, o no lo concluyeron. Cita el periodista:
“Una explicación convencional para la ansiedad y el estrés de esta clase media es que la globalización y los cambios tecnológicos han generado una presión cada vez mayor sobre el trabajador promedio en los países industrializados. Pero esa tendencia no se registra en ningún otro país de Occidente: es un fenómeno exclusivamente norteamericano. Y lo cierto es que Estados Unidos está relativamente aislado de las presiones de la globalización, gracias a su mercado interno vasto y autónomo. En este país, el comercio solo constituye el 23 por ciento de la economía, comparado con el 71 por ciento en Alemania y el 45 por ciento en Francia.”
Bajo esas condicionantes sociales, y dado este fenómeno poco conocido fuera de EUA, no es extraño que en el discurso de Trump haya ocupado y ocupe un lugar especial, la reconstitución del supremacismo de la raza blanca a la que él pertenece, a costa de quien sea, y la búsqueda de opciones para ellos, de nuevas oportunidades de desarrollo: educativas, de empleo, erradicación de adicciones, etc. La explicación ofrecida por la antropóloga Carolyn Rouse, sobre el particular, y respondiendo al por qué esto no se presenta en las minorías étnicas, es:
“Las experiencias de los latinos y de los inmigrantes en Estados Unidos son diferentes, por supuesto. Pero pocos de estos grupos creyeron que tenían asegurado su lugar en la sociedad. Por definición, las minorías están en la periferia. No asumen que el sistema fue establecido para ellos. Se esfuerzan y tienen la esperanza de triunfar, pero no lo esperan como si fuera la norma.”
Tenemos aquí otro ángulo explicativo del “fenómeno Trump”: la decadencia del país, de la economía, del poder del Estado, es también la decadencia de la raza blanca que fundó el mismo (The Funders Fathers), por sí y para sí, pero que en el desarrollo histórico ha acusado un cambio de poder social significativo que ha reducido sus espacios, aunque no hayan sido desplazados.
Matthew Cooper, en su artículo periodístico de Newsweek (18/11/2016) “Más Allá de la Ola Blanca”, afirma:
“Los hombre de Trump no son los más oprimidos, pero son los más pesimistas acerca del futuro”, y agrega que a “los hombres blancos de clase obrera a los que conquistó en la elección presidencial nacional por un margen de 40 por ciento por encima de su contrincante demócrata (…) Entre los hombres blancos de clase obrera el margen fue de 49 por ciento. Trump también convenció a los hombres blancos con educación universitaria, pero sólo por cuatro por ciento (…) Trump conquistó a siete de cada diez hombres blancos sin educación universitarios y a seis de cada diez mujeres sin ese nivel educativo” (p. 19)
Esto último que nos refiere M. Copper, fue la clara y precisa traducción electoral de la grave crisis del sector social juvenil de raza blanca y de baja escolaridad, al que se refiere Jeff Guo y Carolyne Rouse, quienes aportaron masivamente su voto en favor de las propuestas de Trump, en el cuadro general de la decadencia estadounidense.
2.5 Pero otro testimonio o análisis revelador y de fondo, son los criterios que al respecto ha vertido el estadounidense de origen polaco, casi permanente asesor de seguridad nacional en la Casa Blanca, desde el gobierno de Jimmy Carter en adelante, Zbigniew Brzezinski (sovietólogo, fundador de la Comisión Trilateral, cerebro de la guerra en Afganistán para los soviéticos, de la desintegración de la URSS, de la alianza con Juan Pablo II para derrocar al régimen comunista en Polonia), en su libro (1997) “El Gran Tablero de Ajedrez: la Primacía Americana y sus Imperativos Geoestratégicos”, en alguno de cuyos pasajes afirma prospectivamente:
“la política mundial está obligada a alejarse cada vez más del concepto de concentración del poder hegemónico en manos de un solo estado. Por lo tanto, América (EE.UU.) no ha sido la primera, sino que será la única superpotencia global porque es probable que sea la última. Esto es así no sólo porque los Estados-nación se están volviendo poco a poco cada vez más permeables, sino también porque tanto el conocimiento [información] como el poder es cada vez más difuso, más común, y menos limitado por las fronteras nacionales. El poder económico también es probable que se disperse. En los próximos años, ninguna potencia es probable que alcance el nivel del 30 por ciento o menos del PIB mundial que Estados Unidos mantuvo durante gran parte de este siglo, por no hablar del 50% al que llegó en 1945”. (pp. 209-210)
En otras palabras, la tendencia mundial en la época actual, a desconcentrar el poder político-militar y económico, condena a EUA a perder la hegemonía conservada luego del fin de la guerra fría, es decir, a derrumbar el Orden Unipolar y a concretar su decadencia como hegemón, conformándose así otra tendencia hacia la emergencia de un nuevo Orden Global poli-céntrico. Es decir, la decadencia de EUA es irreversible porque se engrana con las nuevas tendencias mundiales hacia la dispersión del poder.
Agrega el político polaco-estadounidense:
“Estados Unidos se está convirtiendo en una sociedad cada vez más multicultural, puede que le resulte más difícil formar un consenso sobre cuestiones de política exterior, excepto en las circunstancias de una amenaza externa directa verdaderamente masiva y ampliamente percibida (…) En todo caso, dos puntos de vista muy diferentes sobre las implicaciones de la histórica victoria de Estados Unidos en la Guerra Fría es probable que sean políticamente más atractivos: por un lado, la opinión de que el fin de la Guerra Fría justifica una reducción significativa en el compromiso global de Estados Unidos, con independencia de las consecuencias para la posición global de Estados Unidos; y por el otro, la percepción de que ha llegado el momento del auténtico multilateralismo internacional, por el que los estadounidenses deberían incluso ceder parte de su soberanía.” (p.211)
Resulta evidente, que el Presidente Obama trató de darle cohesión y apoyo interno bipartidista, así como, entre sus aliados de la OTAN y del Oriente Medio, a su política exterior respecto a Rusia, usando el “espantapájaros” de la “nueva amenaza rusa” (que hacen suyo muchos corista del muy deteriorado hegemón) para la Seguridad Nacional de EUA, de Europa y de los pueblos del cercano Oriente, y que de las dos opciones que se mencionan sobre la entronización del multiculturalismo actual de EUA, Donald Trump y su equipo, han asumido como viable el retraimiento de dicha tendencia al interior de sus fronteras a costa de las minorías étnicas; y externamente, el retraimiento del compromiso global de los EUA, a costa de la pérdida de presencia internacional del mismo en el mundo.
Y agrega, como si diera línea desde entonces a uno de los discursos de Donald Trump:
“La crisis cultural resultante se ha visto agravada por la propagación de las drogas y, sobre todo en Estados Unidos, por su vinculación con la cuestión racial”. Adicionalmente: “No es exagerado afirmar que una sensación de ansiedad histórica, tal vez incluso, de pesimismo, se está convirtiendo en palpable en los sectores más elocuentes de la sociedad occidental” (pp. 211-212).
Esto, en forma transfigurada y dada la enorme influencia de los análisis y posturas de Z. Brzezinski en ambos partidos dominantes en los EUA, a quienes ha servido en distintas administraciones durante muchos años, no obstante que su texto tiene 20 años de haberse escrito y difundido.
2.6 Sin embargo, un autor latinoamericano, como el peruano Mario Vargas Llosa, a quien no se puede etiquetar como izquierdista, pero sí con una postura liberal-democrática (su construcción histórica y políticamente sólida, aunque teóricamente débil, de la “dictadura perfecta en México”, fue reveladora para muchos viniendo de él), amplía el concepto de decadencia para la civilización occidental, no sólo para el dominio internacional de los EUA:
“Primero fue el Brexit y, ahora, la elección de Donald Trump, como Presidente de Estados Unidos. Sólo falta que Marine Le Pen gane los próximos comicios en Francia para que quede claro que Occidente, cuna de la cultura de la libertad y del progreso asustado por los grandes cambios que ha traído al mundo la globalización, quiere dar una marcha atrás radical, refugiándose en lo que Popper bautizó ‘la llamada de la tribu’ –el nacionalismo y todas las taras que le son congénitas: la xenofobia, el racismo, el proteccionismo, la autarquía-, como si detener el tiempo o retrocederlo fuera cuestión de mover las manecillas del reloj”
(El País, 20 de noviembre de 2016, p. 9)
Tres disidencias y una gran coincidencia:
No es el miedo a la globalización con sus procesos colaterales lo que ha asustado a grandes sectores de las sociedades occidentales, británica, estadounidense y puede llevar al poder a Marine Le Pen en Francia, sino el desigual balance de “más perdedores que ganadores” dentro de la nueva etapa de la economía mundial, que han registrado países como la Gran Bretaña en el proceso de economía asociada o integrada en Europa frente al éxito sin igual de Alemania, y los problemas internos que de ello se derivan: pérdida de espacios para sus empresas, empleo, ingresos y jerarquía política, más la emergencia de las nuevas potencias asiáticas que van dejando atrás el rol predominante de las grandes potencias occidentales. Plantear que es la globalización como proceso histórico en sí mismo, y no sus determinantes y resultados, es partir de la idea central de que tal proceso se lleva a cabo en un espacio con iguales oportunidades para el éxito de todos los concurrentes, lo que es una interpretación ideológica, al margen de la estructura real de la economía regional-global y las relaciones políticas internacionales, en donde ambas se estructuran y operan jerárquicamente;
en EUA, en este ensayo, estamos abordando causalidades como el declive histórico desde mediados de los años 60 del siglo XX, las crisis estructurales capitalistas que han agobiado a todos, y especialmente, al puntal del sistema internacional, los EUA, la sobre-expansión interno-externa frente a un conjunto de capacidades y fortalezas nacionales disminuidas ante los viejos y los nuevos rivales económicos y políticos, y una crisis social-cultural severa, así como el fracaso de la reconstrucción hegemónica ensayada por distintos Presidentes de los EUA hasta el día de hoy, como algunas ideas-fuerza sustantivas sobre el triunfo de Trump en EUA; y
el modelo de economía internacional llamado “globalización” ha sido desde sus inicios, un modelo intencionadamente trunco y en donde las grandes potencias occidentales se hicieron del control del comercio mundial (más el financiero mediante el FMI-BM) por conducto de los acuerdos fundantes, de la OMC (producción y comercialización subsidiada de alimentos, acuerdo sobre comercio de servicios, acuerdo sobre acceso a nuevos mercados, etc., primero, con plazos provisionales que se han hecho permanentes, lo que les da una ventaja mayúscula sobre el conjunto de economías emergentes), y aun con ello, el deterioro competitivo frente a las grandes economías emergentes de Asia (China, India) no ha podido ser detenido.
Pero ha sido muy incompleto, porque lo pensaron como un proceso de liberalización controlada del comercio, la inversión, los servicios y la tecnología, sin liberalización de los flujos de la mano de obra (por las inmensas dificultades que conlleva), pero que al provocar muy negativos o hasta fatales resultados en determinadas economías de la periferia de tres continentes, éstas se convirtieron en masivas expulsoras de mano de obra, aunado a los conflictos regionales provocados por los intentos de reconfiguración regional-global hegemónica. Sobrevinieron las crisis humanitarias (por razones inmigratorias forzadas) y una masiva inmigración ilegal por razones de resultados adversos de la globalización en espacios nacionales, hacia las economías más ricas de Occidente (Alemania ha desarrollado toda una política de uso ventajoso del fenómeno), y su asiento definitivo como etnias nacionales minoritarias.
Todo ello, ha modificado la estructura de dominio en el sistema de poder regional-global, incluso, en lo militar, creando zozobra y preocupación en los ejércitos occidentales. Además, las grandes potencias de Occidente, ante la adversidad económica de su accionar internacional, siempre regresan al proteccionismo comercial /políticas nacionalistas, esto es una constante histórica, apreciable en distintos momentos y coyunturas, basta revisar los datos y los hechos, lo actual, no es un proceso excepcional, aislado.
La gran coincidencia, es que, efectivamente, hay autores importantes (opinión que compartimos) desde marxistas hasta de otras escuelas de pensamiento, que nos hablan de la emergencia de una gran crisis civilizatoria (escasez futura de fuentes de energía, agua dulce, y alimentos suficientes, ante la depredación actual, cambio climático que amenaza la pervivencia de la especie humana, perspectivas de una gran guerra destructiva, etc.) que comprende a la civilización occidental y arrastra a otras culturas integradas a ella.
Reafirma Vargas Llosa su convicción así:
“El Brexit y Donald Trump son un síntoma inequívoco de decadencia, esa muerte lenta en la que se hunden los países que pierden la fe en sí mismos, renuncian a la racionalidad y empiezan a creer en brujerías, como la más cruel y estúpida de todas, el nacionalismo (…) no solucionarán ningún problema, agravarán los que ya existen y traerán otros más graves.”
Eso estará por verse, nosotros creemos que Trump ensaya una nueva vía para detener la decadencia histórica de los EUA, para mejor administrar la misma, en sus diferentes componentes estructurales y coyunturales, sus planteamientos parecen muy limitados para una tarea tan gigantesca, eso sí es evidente.

3. EUA, El LIBRE COMERCIO Y EL DESARROLLO ECONÓMICO-SOCIAL.
El rechazo al libre comercio generalizado en EUA, en los partidos políticos, congresistas y funcionarios públicos, o líderes corporativos de las grandes empresas y sindicatos, retomado con fuerza por Donald Trump, ha estado presente en alguna medida desde los primeros años de los grandes déficit comerciales estadounidenses de la década de los 70 del siglo XX, es decir, desde los inicios del periodo de la decadencia.
Un trabajo como el del economista estadounidense de origen indio, Ravi Batra (“El Mito del Libre Comercio”, Editorial Vergara, 1994), ya establecía los términos fundamentales de la polémica, que era en realidad, una confrontación de concepciones sobre las alternativas, y sobre el modelo de desarrollo a seguir, para reconstruir la supremacía estadounidense. Pero, paradójicamente, el nuevo estatus de “superpotencia única” hacia 1991 (luego del triunfo sobre la URSS), no producía la euforia esperada, ya que:
“El estado de ánimo general revelaba en el mejor de los casos, aprehensión y ansiedad, y en el peor, la idea de una catástrofe inminente. ¿Qué había sucedido? ¿Fue producto de la recesión que había comenzado en julio de 1990? O ¿existía alguna causa oculta que se les escapaba a los expertos y analistas al mismo tiempo, y que se había originado muchos años antes?”. El consenso existía sólo en cuanto a que: “Después de todo, no había sido totalmente imprevista. En realidad había llegado después de un periodo de desarrollo sostenido de acho años de duración, sin precedentes en la historia de Estados Unidos”, por lo que no podía ser esa la razón del estado de ánimo mencionado de la nación. (p. 31) ¿Qué motivaba el pesimismo social?
Además, valoren la argumentación: “El temor general a fines de 1991 superaba ampliamente al de la profunda recesión de 1974-75, incluso, era mayor que él pánico desatado en 1981-82, cuando Estados Unidos padeció la peor depresión desde la Segunda Guerra Mundial”. La razón de fondo, según el autor, era el reconocimiento de que:
“Las deudas entre los consumidores, las compañías y el Estado habían aumentado; el nivel y los logros en educación habían declinado, el aumento de la productividad se había estancado. La desigualdad había comenzado a aumentar, lenta pero firmemente, reduciendo la clase media; las crecientes importaciones diezmaban industria tras industria en muchas partes de los Estados Unidos; millones de norteamericanos quedan sin asistencia ni seguros médicos; (…) las familias se separaban, las drogas y la violencia invadían las escuelas y las calles (…) el gobierno estaba paralizado, incapaz de sacar al país de semejante estado de confusión”.
Y todo ello sucedía, luego de que durante los años 80 (Reganomanía) “los políticos continuaban haciendo alarde de la superioridad norteamericana y el público seguía seducido por toda esa retórica” (pp. 32-33).
Sin embargo, crecían exponencialmente los “déficit gemelos”, el comercial y el presupuestario, así como la desindustrialización (alto crecimiento de importaciones desde el extranjero al ser más competitivas que los productos internos).
Preguntamos y respondemos nosotros: pero ¿por qué la aceptación de que EUA se encontraba en un proceso de decadencia? Porque el deterioro en el nivel de vida de los estadounidenses llevaba 10 años, dese la crisis de 1973 en adelante, y no había podido revertirse a pesar del reciente ciclo expansivo de la economía en los años posteriores a 1982, en donde había funcionado el crédito también expansivo, para familias y empresas, es decir, hubo un alto al deterioro, pero revertido mediante un mecanismo con mucho, ficticio, como el endeudamiento (en buena medida, financiado mediante llegada de capital colocado en deuda, debido al uso del alza en las tasas de interés para tales efectos). Al respecto, agrega Ravi Batra:
“Estados Unidos nunca se había enfrentado a una disminución de su riqueza durante dos décadas seguidas”, ni siquiera durante la Gran Depresión 1929-33, entonces, el problema era de fondo era, lo que un analista de nombre Wallace Peterson (citado por R. Batra) llamó “la depresión silenciosa”. (p. 33)
En consecuencia, desde nuestra perspectiva, la problemática era triple: sociológica, económica y de disminución del poder económico externo. La crisis estructural interna, se expresaba como descenso en el bienestar social, severa caída en la tasa de crecimiento anual de la productividad, y la crisis externa, como pérdida de mercados frente a Alemania y Japón: en 30 años (1963-1993) la productividad creció en EUA 55%, en Alemania 140% y en Japón 360%. (p. 35). Es decir, crisis comercial (grandes déficit frente a Alemania y Japón), crisis estructural (caída de la productividad comparativamente) y la crisis social se paliaba con la expansión crediticia basada en excedentes de capital sin valorizar, que inducirían una posterior crisis de deudas sociales, afectando gravemente el sistema bancario, en su momento.
Por consiguiente, nuestro autor consultado concluye sintéticamente, que:
“pocos comprenden que la causa real de esta debacle económica sin precedentes ha sido la política de libre comercio. Mientras tanto, la industria y los ingresos se sumergen cada vez más”. Luego: “El porcentaje del comercio en 1970fue casi el mismo que en 1947 (con relación al PBI, JRY). En 1973, por primera vez, dicho porcentaje no sólo dio un salto, sino que siguió aumentando en los años siguientes, para no caer nunca por debajo del 20% (…) y alcanzó su punto culminante en 1990” (p. 59).
Como punto de referencia, para México su comercio exterior suma respecto del PIB más del 60%, aproximadamente. En el caso de EUA, como se apuntó atrás, el nivel (20%) expresa la enorme importancia del mercado interno en el propio PBI.
Es evidente que la salida a la crisis de 1973-74 que le dio la administración norteamericana de Jimmy Carter, fue abrir la economía e incorporar el comercio como factor gravitante en el PBI, pero su crisis de productividad frente a los nuevos gigantes del comercio mundial (Alemania y Japón), la sumergió en problemas importantes de déficit comercial, déficit público (gasto armamentista, abatimiento de aranceles hasta 5% en promedio, y baja en la actividad económica), cierre de empresas no competitivas, cancelación de puestos de trabajo, caída del ingreso nacional, avalancha de importaciones, salida de divisas en forma de pagos, salida de capital para relocalizar geográficamente industrias y hacerlas más competitivas, y finalmente, caída del nivel de bienestar social:
“Es evidente que el comercio libre ha incidido en el nivel de vida al reducir los ingresos reales de nada menos que el 80% de la fuerza laboral. La política de liberalización emprendida por el gobierno ha sido equivalente a la automutilación” (p. 65)
Lo fundamental, fue la apertura a su poderoso mercado interno, por todos apetecido.
Consideramos, que no es propiamente el “comercio libre” como principio y parte de la política económica, sino bajo las condiciones de los EUA, lo que produjo problemas crecientes. En suma, la aceptación del libre comercio en EUA con todas sus consecuencias, no fue un error de concepción de política económica, sino un imperativo de las crisis en que había entrado la economía nacional, que incluía un componente inflacionario: la crisis cíclica (1973-74) y la crisis estructural (crisis de la productividad del trabajo, de innovación, de competitividad y rentabilidad del capital), que impactaban negativamente la rentabilidad de las inversiones.
De allí, la otra gran necesidad: la sobre-expansión externa de sus inversiones fuera de EUA (aprovechando la inmensa masa de USD ubicados en Europa que formaron el mercado del eurodólar) ante la pérdida de mercados respecto de sus nuevos rivales económicos estratégicos: Alemania y Japón, que resintieron la crisis cíclica de los años 70, en mejores condiciones al tener una productividad muy superior, carecer de un sobre-gasto en armamento y del necesario financiamiento de guerras en el exterior, y estar dentro de un proceso expansivo de sus economías, las cuales fueron apuntaladas por las propias inversiones desde EUA, que aprovechaban dicho auge.
Nosotros adherimos, como hacen otros autores, basándose en las elaboraciones originales de los grandes teóricos, de Marx en adelante, desde luego, no unánimemente, a la tesis interpretativa de que las crisis estructurales del capitalismo de EUA y del sistema en su conjunto, se explican en lo fundamental, a partir de los imperativos del cambio –incluso de fase o modalidad- de la dinámica del capital de frente a la complicación de sus procesos de acumulación y rentabilidad, en un contexto de expansión del sistema internacional mismo:
“El origen de la globalización neoliberal se puede situar en la crisis estructural que afecta al capitalismo desde finales de los 60’s. Dentro de este contexto cabe señalar, algunos factores fundamentales que tienen gran incidencia en el desarrollo posterior del capitalismo: 1) La caída de la tasa de ganancia, 2) El agotamiento para los espacios de la inversión productiva con la consiguiente acumulación de activos financieros, imposibilitados de valorizarse por la vigencia de regulaciones sobre los movimientos de capital. 3) El papel fundamental de los monopolios como agentes del doble proceso de concentración y centralización de la propiedad, la producción y el capital; 4) La exacerbación de la competencia imperialista […] La globalización financiera expresa la crisis estructural del capitalismo dando muestra de la quiebra de un mecanismo de acumulación, que antes permitía ahora no, la valorización adecuada del capital en la esfera de la producción.” (“Globalización y Gestión del Capital. La Necesidad de una Alternativa. El caso de Chile”. Tesis doctoral, Programa de Doctorado en Economía Internacional y Desarrollo Económico, Universidad de Barcelona, España, Mimeografiado, p. 125)
Así, el proceso de acumulación capitalista atascado, se desplaza en dos direcciones que siguen los países-empresas transnacionales con amplios excedentes para inversión no valorizada: los mercados financieros y las economías de menor desarrollo del capital, para rehacer la inversión rentable y necesaria y asumir el riesgo inherente al proceso de la propia valorización. En dicho proceso generalizado, el gran comando político lo asume directamente el Estado, sus gobiernos nacionales, tanto en sus proyectos coordinados y concretados de dotar de nueva racionalidad la acumulación internacional del capital (Comisión Trilateral, G-7, nuevos roles del FMI y del Banco Mundial, aperturas generalizadas y desregulación de la economía, contratos de integración económica regional, supranacionalidad institucional, pero también, guerras de baja intensidad, golpes de Estado, sublevaciones internas inducidas para el cambio de régimen favorable a este proceso, represión severa de fuerzas resistentes al cambio, y otras variantes), sin renunciar a la concurrencia capitalista como nuevo imperativo en los mercados internacionales.
Creo que el trayecto de las crisis estructurales en el último tercio del siglo XX, lo resumen bien Yoandris Sierra Lara, et al., (citado arriba electrónicamente, como referente):
“En los años 70, se da un aumento insuficiente de la productividad general, manteniéndose sin embargo un entorno relativamente favorable para los asalariados, los efectos de esta combinación serían una caída en las ganancias, en la inversión productiva y una presión hacia el desempleo. En los años 80, se da un aumento insuficiente de la productividad general, una situación ya abiertamente desfavorable para los asalariados, los efectos de esta combinación serían un aumento de las ganancias más la reducción de los mercados. Comienza el auge de las transferencias de propiedad y la especulación financiera en detrimento de la inversión productiva. Aumenta ampliamente el desempleo. En los años 90 se da un aumento suficiente de la productividad general, aparecen condiciones aún más desfavorables para los asalariados, y los resultados de esta combinación serían similares a los del período de los 80” (p.14)
Para la economía de los EU, el declive progresivo de la tasa de crecimiento del PBI es evidente: en el periodo decenal 1959-69 fue de 4.4%; para el siguiente decenio, 1969-79 cayó a 3.2%; durante 1979-89 fue de 2.7% y para 1989-95 de sólo 1.9%, nos indican los economistas del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), B. Harrison y B. Bluestone (2001), quienes acuñan el concepto de “modelo Wall Street” en EUA, que es la versión del capitalismo neo-liberal y financiero en EUA:
“Hasta la elección de Ronald Reagan, todos los presidentes estadounidenses, desde Franklin Roosevelt, explícita o implícitamente, siguieron una política económica keynesiana. Se consideraba que el Estado Federal tenía la función legítima de fomentar el crecimiento mediante el manejo d las tasas impositivas y el gasto público, investigación y desarrollo y educación y capacitación (…) En el nuevo modelo Wall Street, el Estado juega un papel mucho más limitado. El control de la inflación y la promoción del ahorro pasan a ser los objetivos más importantes del Estado Federal. De hecho, según la nueva sabiduría convencional, todas las demás políticas estatales son secundarias respecto del control de la inflación y son irrelevantes para el crecimiento (…). En 1993-1994 existía un nuevo consenso en Washington compartido, tanto por los demócratas de Clinton como por los republicanos de Newt Gingrich de que el crecimiento dependía de adherir a la lógica del modelo Wall Street” (p. 128)
En cuyo marco tuvo efecto una masiva incorporación de las TIC en empresas y el gobierno, como motor expansivo, ofreciendo importantes resultados con el 3.9% de aumento promedio del PBI, para un auge cíclico corto de 1996-1998, cayendo la tasa de desocupación desde el equivalente al 6.1% del PBI en 1994, a 4.5% en 1998 (se crearon un total de 8’ 400,000 empleos en el periodo), en tanto, el Índice bursátil DJ se expandió a un ritmo de 20% anual para los año de 1995-1997, y la inversión en activos fijos aumentó en 48% entre 1994-1998, durante la administración de Bill Clinton, después de un decenio de cuasi-estancamiento prolongado.
No obstante, ya en 1997, en pleno auge cíclico (con un comercio liberalizado), el total de importaciones constituyó el 13% de PBI, con un déficit comercial de $110,000 millones de USD (p.131-132).
La debilidad comercial estructural era evidente, aunque el libre comercio ayudaba a contener la inflación (por la desaparición de todo tipo de barreras y aranceles), nueva pieza económica central. En tanto, hacia finales del auge cíclico, diciembre de 1998 (en realidad, se mantuvo el crecimiento hasta el primer trimestre de 2001, en que estalló la burbuja bursátil de las empresas “punto.com”, incluso estos últimos años, con superávit presupuestario), los préstamos bancarios eran el 50% del PBI en EUA (150% en Japón) y el crédito en bonos implicaba el 110% del PBI (75% en Alemania), y la tasa de consumo anual, superaba a la del aumento del ingreso. Un auge cíclico que engendró la grave crisis financiera de 2000-2001 y el evento de las Torres Gemelas.
George W. Bush (2001-2009) impulsó la economía (crecimiento promedio de 2.2% del PIB), a una tasa anual menor que el periodo precedente, mediante el expansionismo militar: aumentó el gasto público, desde $1.78 billones de USD a $2.98 billones USD en sus dos administraciones, el militar en 107% y los gastos en seguridad 130%, en tanto la seguridad social sólo creció en 50% y el desempleo aumentó, de 4.1%/PBI al 6.3% ; su política económica, entre 2001-2003, apoyó la recuperación del crecimiento (sostenido entre 2003-2007), pero no logró revertir las variables y magnitudes de la crisis social en el país; la pobreza alcanzó niveles históricos de 12.7% en 2004 y prácticamente se mantuvo igual hasta 2007) y se derrumbó en la Gran Recesión con quiebra financiera nacional e internacional de 2008-2009: durante su gestión el Índice Bursátil DJI creció desde 10,500 puntos a 14,000 puntos, y la deuda pública llegó hasta $11.3 billones USD, contra $5.6 billones en 2000.
(Estadistical, Congressional Budget Office. Noviembre, 2008. Consultado hasta noviembre de 2015, https://www.cbo.gov/publication/41661).
Es más que evidente, que una intervención militar externa de magnitudes relativamente importantes como la ocupación de Irak y Afganistán (la cobertura ideológica promocionada, que fue la lucha contra el terrorismo internacional, haría el resto), y además, una expedición notoriamente victoriosa ante rivales militares muy débiles, resultaba un relevante anestésico al poner de relieve el poder militar ante el mundo, frente a una realidad socio-estructural que avanzaba y cuestionaba todo el “american dream”.
Entonces, debía ser un evento de gran magnitud, de amplio impacto, que sacudiera la conciencia nacional, que volviera a los estadounidenses una nación agredida externamente, y que provocara un clamor unánime por castigar militarmente a los responsables, y ¿quienes más, que los musulmanes terroristas internacionales, enemigos de la civilización occidental?. La coartada era cuasi perfecta, pero no contaban con muchas cosas que fueron saliendo a la luz, desvelando una jugada de ajedrez no necesariamente impecable, que en pocos años, sería cuestionada en su manufactura desde distintas posturas analíticas y testimoniales con evidencias, también, diversas. Jugada que permitiría, de igual forma, endurecer como nunca, el régimen político y el orden social interno bajo control coercitivo del gobierno. (https://www.youtube.com/watch?v=k2xIbXHhVSs&t=28s)

Estadistical, Congressional Budget Office. noviembre de 2008.
En el gráfico anterior, el color azul expresa el déficit público anual medido en miles de millones de USD. Y el color rojo, el aumento anual de la deuda pública, también, en miles de millones de USD. Pero el sobre-endeudamiento de las instituciones financieras privadas, fue igualmente escandaloso. Nos lo muestra el siguiente gráfico.
Apreciemos el “poderío financiero” de los protagonistas centrales (bancos de inversión) de la “burbuja financiera” que estalla en 2007 con efectos que se prolongan hasta 2008-2009) y cuya reversión se vuelve la prioridad de gobierno de Barak Obama.

Obsérvese como el crecimiento de los pasivos de los bancos de inversión, hacedores del boom hipotecario-bursátil, fue creciendo exponencialmente desde 2003 hasta rebasar el 30% en 2007, cuando, según especialistas, es muy riesgoso superar ratios de entre 10-15%, un endeudamiento excesivo con el que financiaron su sobre-expansión crediticia-bursátil. Pero, al estar en los tiempos de la desregulación y el Estado abstinente, pudieron hacerlo.
Hoy China está muy presente en las finanzas públicas de EUA mediante la posesión de T-Bill (Bonos de Deuda del Tesoro Americano, en un monto cercano a $2.0 billones de USD), y no al revés, EUA en las finanzas de la Hacienda Pública China. Síntoma inequívoco de decadencia financiera ante su propio rival estratégico.
Dicha economía (EUA) muy deteriorada en sus indicadores macroeconómicos, la reconstituyó Barak Obama parcialmente a partir de un inmenso programa de salvamento financiero y estímulos económicos que costó al contribuyente $750,000 millones de USD, más los $150,000 millones inyectados por G.W. Bush en septiembre de 2008, en donde sus mayores logros pueden ser: la recuperación de la tasa de crecimiento de PBI, y lo que llamaron sus asesores la “Revolución Energética” que pone a dicha economía en una ruta de autosuficiencia, pero a un costo muy alto. Además, su fracaso en lo que el propio Obama llamó “la economía de la clase media”, tampoco ofrece resultados relevantes.
Es decir, las victorias del expansionismo externo, del triunfo ante la URSS, de la dominación de regiones enteras del planeta, del predominio del USD, a pesar del crecimiento del PBI, de los millones de empleos que se habían creado durante el auge cíclico precedente, determinaron que, internamente, las bases del “american way of life” se carcomieran poco a poco, y el discurso triunfalista ocultaba esa realidad subyacente, sólo paliada transitoriamente pero que en lo estructural persiste con fuerza.
Recomendamos ver también, el importante trabajo “La Crisis Estructural Actual y la Reestructuración del Capitalismo Mundial” con enfoque desde EUA, de Sergio Cámara Izquierdo (https://marxismocritico.files.wordpress.com/2011/10/la-crisis-estructural-actual-y-la-reestructuracic3b3n-del-capitalismo-mundial-una-perspectiva-desde-estados-unidos.pdf)
Dicho trabajo aporta a nuestra temática lo siguiente: una variable adicional a la crisis estructural de la economía de EUA (además de la caída comparativa de su productividad ante sus rivales industrial-comerciales), es la caída de la tasa de ganancias (referida al conjunto de los negocios privados en Estados Unidos, calculada como la ganancia total sobre el capital fijo neto invertido en la producción), que resumidamente se consigna así: en el periodo 1933-2005, la caída de la tasa de ganancias en el capitalismo estadounidense produce seis descensos pronunciados estadísticamente (citando el trabajo de Duménil y Lévy): 1933 =4%, 1938=15%, 1957=17%, 1973=16%, 1982=13% y 2001=15%; con tres puntos álgidos: 1947=27%, 1966=23%, 1998=19%. Dos observaciones: la tasa de ganancias de la inversión luego de 1947 jamás volvió a ser la misma, luego de 60 años (los datos presentados llegan hasta 2007) incluyendo los auges cíclicos de crecimiento antes indicados; y la severa caída de aquella en 2001, coincide con la penúltima crisis financiera bursátil, los eventos de las “Torres Gemelas” y el inicio de los preparativos de las invasiones en Irak y Afganistán. En suma, las oscilaciones en la tasa de ganancias, están ligadas plenamente a los auges bursátiles y a las guerras hegemónicas de EUA.

Hoy estamos ante un cambio de época: primero, la crisis social y moral continúa y ha llegado a niveles severos, se ha profundizado; segundo, la confianza en el discurso victoriano, se ha revertido; tercero, la crisis estructural del sistema capitalista internacional en el contexto globalizador, no ha cedido plenamente, afecta especialmente a la sociedad de EUA, a pesar de los grandes esfuerzos de Barak Obama para su recuperación económica sostenida. Y Hillary Clinton, a pesar de su mesura en todos estos aspectos y de conceder razón discursiva a Trump en el tema de los Tratados Comerciales de EUA (TLCAN y TPP, además del tema migratorio) fue víctima de esta nueva realidad en la conciencia social de la mitad de los estadounidenses. Lo demás lo hizo el distorsionante sistema de expresión del voto y de la calificación electoral existente en EUA.
Esta inmensa complejidad del proceso de decadencia histórica de EUA, estructural y engarzado a coyunturas y procesos específicos, de re-emergencia de competidores estratégicos, con todos sus impactos sociales y políticos, nacionales e internacionales, es lo que el enfoque reduccionista y simplista de Donald Trump no alcanza a comprender.
Probablemente el mayor obstáculo para Trump está en la actual estructura profundizada de la desigualdad y concentración de la riqueza en EUA, para lo cual difícilmente tendrá una política de corte distributivo que proponer, concentración de la riqueza que en cualquier tipo de sociedad es siempre una “bomba de tiempo” o un mecanismo de exclusión social progresivo que avanza hacia una fractura social avanzada de consecuencias impredecibles.
Los Informes sobre la Pobreza que publica el Departamento de Comercio de los EUA anualmente, y en el caso del publicado para 2015, tenemos que:
“Los ingresos medios por hogar en Estados Unidos se situaron en 2014 en los 53.657 dólares al año, una cifra no muy diferente a la del año 2013. De hecho, ya son tres los años consecutivos en los que no hay muchos cambios en los ingresos medios, lo que ocurre después de dos años consecutivos de descensos. En total, desde el año 2007 en que comenzó la crisis en Estados Unidos, los ingresos medios por hogar se han reducido un 6,5%.”
Este informe usa diversos indicadores de desigualdad, entre otros, el más conocido es el Índice de Gini, un Gini en 1 implicaría una desigualdad perfecta, absoluta, en la que una persona acapararía toda la renta generada en una sociedad, mientras que una sociedad con Gini igual a 0 (cero) sería completamente igualitaria en la que todos los actores participarían en la renta en la misma proporción. El Índice Gini se situó en Estados Unidos en 48.0 puntos, un nivel alto, prácticamente igual al de México (0.48), y al de Guatemala, de 0.48 puntos, también, y como otro ejemplo, por encima de sociedades como Perú, Argentina, El Salvador, Mongolia, Vietnam, muy negativo, si consideramos que el de sociedades europeas no rebasa 0.36 puntos, por ejemplo, España está en 0.33 puntos (http://datos.bancomundial.org/indicador/SI.POV.GINI).
Conforme a otros índices de desigualdad consignados en el informe, los hogares del quintil más bajo, es decir, el 20% de la población de menos renta, recibió ingresos de $21.432, o menos, en el año 2014, frente a los $112.263 dólares, o más, que ingresó el 20% más rico. El 5% más rico tuvo una renta anual de $206.568 dólares o más.

Además, en 2014 había 46,7 millones de pobres en EUA (aproximadamente, 1 de cada 5. En estos niveles, dice el informe, lleva la pobreza enquistada, estancada los últimos cuatro años (desde 2010), es decir, no ha podido ser disminuida en nada. Pero en 2014, la tasa de pobreza en Estados Unidos era 2,3 puntos porcentuales superior a la del año 2007 (último año de crecimiento más o menos vigoroso en EUA, el año previo al inicio de la Gran Recesión Americana de 2008-2009).

Es decir, tenemos una tendencia a aumentar el número de pobres en términos absolutos, a pesar de la recuperación económica de los últimos años impulsada por Barak Obama, pero que, con esto nos damos cuenta, no llegó a la base social ni modificó un ápice tal proceso adverso para varios millones de personas.
Entre los blancos, la tasa de pobreza es del 12,7% y del 10,1% si son blancos de origen no hispano, en el caso de los negros, sube hasta el 26,2%.
Están en situación de “pobreza severa”, de acuerdo con el informe, quienes reciben ingresos de la mitad o de menos de la cifra que marca el umbral de pobreza. En esta situación se encontraría el 44,6% de todos los pobres de Estados Unidos y el 6,6% de la población del país, o sean 20,8 millones de personas. Entre las personas negras, el porcentaje sube hasta el 12%. Entre las familias rotas, hasta casi el 24%. (http://ladobe.com.mx/2015/09/ingresos-pobreza-y-desigualdad-en-estados-unidos-los-ultimos-datos/ y http://www.ambito.com/730610-eeuu-el-pais-rico-mas-pobre-y-desigual-del-mundo)
Aquí es más que evidente que el “american dream” tiene una base cada vez más estrecha que lo soporte: son pobres casi 47 millones de estadounidenses, de los cuales, casi 21 millones están en “pobreza severa”, con ingresos menores a la mitad de aquellos que se considera, ubican a las personas en el “umbral de la pobreza”.
¿Cómo lidiará con esta problemática en ascenso un Presidente de las características sociales e ideológico-políticas, intelectuales y culturales como Donald Trump? ¿Se dedicará como una de sus prioridades a sacar de la pobreza a ese 12.7% de miembros de la población blanca hoy golpeados por la pobreza?
Un multimillonario Presidente con un gabinete de altos generales y funcionarios de origen multimillonario también, es un presagio de lo que en esta materia puede suceder: el casi absoluto desinterés.
4. TRUMP, DECADENCIA DE EUA Y VUELTA AL LOCALISMO-AISLACIONISMO.
El flamante Presidente de los EUA, Donald Trump, siguió desde su campaña, la forma clásica de la política estadounidense de justificar, o mejor, legitimar, sus propuestas, ataques y contenidos, mediante una operación de manipulación ideológica: inventar y/o promover “enemigos identificados” de la sociedad (en este caso, para una parte de ella) y del gobierno de los EUA. El académico Noam Chomsky del MIT, lo plantea así:
“A través de la historia las medidas agresivas y provocadoras se han justificado como una defensa contra enemigos implacables (…) Para entender la lógica que la sustenta conviene recordar una manida verdad doctrinaria: ante iniciativas polémicas, más si son peligrosas, lo convencional es llamarle “defensa”; los programas actuales no son la excepción” (“Hegemonía o Supervivencia”, Editorial Norma, Colección de Bolsillo, p. 306)
Ayer, los comunistas, luego los nacionalistas, los insurgentes, los terroristas, los narco-terroristas, los palestinos, luego los sirios, los chinos, los rusos, ahora, todos estos, más los expansionistas, libre cambistas, inversionistas globales y las etnias que inmigran a EUA.
Donald Trump no podrá evadir, ya no digamos, conceptual e históricamente, pero menos aún, moral y políticamente, la corresponsabilidad de los anteriores gobiernos de EUA y sus aliados orgánicos (Estados e instituciones), en el gran flujo de migrantes hacia EUA provenientes de todos los continentes, pero especialmente desde México, en virtud del impulso bajo presión hegemónica de la implantación del neo liberalismo económico y sus graves consecuencias sociales, así como, de sus políticas externas de dominio y alianzas regionales perniciosas, en toda América Latina, Asia y África, sobre todo.
En el tema de la inmigración a EUA, Barak Obama no podrá tampoco evadir su gran responsabilidad histórica, moral y política al no haber concretado una reforma migratoria que hiciera más compleja la política planeada de Trump en la materia, a pesar de haberla prometido a la comunidad latina (y mexicana en particular) durante sus dos campañas electorales, porque, de haberse consumado, habría también dado mayores instrumentos legales para defenderse de deportaciones arbitrarias. Le falló por partida doble a estos grandes grupos de votantes con funestas consecuencias para ellos mismos.
El localismo preconizado por Trump –en términos relativos- para recuperar el espacio nacional “perdido” o “invadido”, para y en contra de, la raza blanca de los EUA, muy probablemente pueda explicitarse mediante la óptica de Mike Featherstone:
“Dentro de la tradición sociológica, el término “local” y su derivaciones de “localidad” y “localismo” han sido generalmente asociados con la noción de un espacio particular, delimitado, un ámbito con un juego de relaciones sociales muy estrechas estructuradas en torno de fuertes lazos de parentesco y duración de la residencia. Por lo general, se presume la existencia de una identidad cultural estable, homogénea e integrada, que resulta no sólo única sino extremadamente duradera. En este sentido, se solía asumir que los miembros de una localidad formaban una comunidad distintiva, una comunidad con su correspondiente cultura única; algo que transforma la localización de sus interacciones cotidianas de un espacio físico en un lugar significativo”.
(“Localismo, Globalismo e Identidad Cultural”, Biblioteca Virtual de Ciencias Sociales, p. 3, http://www.fhuc.unl.edu.ar/sociologia/paginas/biblioteca/archivos/Featherstone.pdf)
En términos de concepción y estrategia económica, representa una vuelta al bilateralismo comercial (propio, por ejemplo, del periodo de “entreguerras”), al mercado interno (que ha sido históricamente la gran fortaleza de la economía estadounidense) y a la reversión de los procesos de integración económica, para endogenizar el proceso de acumulación, las inversiones y la rentabilidad del capital, obviamente, como proceso de inicio y susceptible de ajustes.
En política exterior, Donald Trump ha sido también explícito recurriendo a una afirmación categórica: “Estados Unidos Primero”, entendido como predominio de los intereses de los estadounidenses y la seguridad nacional, por delante de cualquier otra consideración. Dice: “ese será el principio de cada decisión que tome”, y “la ayuda militar fuera de las fronteras de EUA no saldrá gratis”, pero dentro del marco general de una “política menos intervencionista”. Dijo también que espera que Rusia y China se alíen y trabajen mediante políticas convergentes con los países musulmanes, este es el escenario general que prevé y al seno del cual pretende actuar bajo los principios antes expuestos, no suficientemente claros, sino, indicativos, rectores, que dejan amplios márgenes de interpretación (http://www.msn.com/es-es/noticias/watch/pol%C3%ADtica-exterior-de-donald-trump-%E2%80%9Cestados-unidos-primero%E2%80%9D/vi-BBslDvu).
No obstante, destacaríamos primordialmente, tres proyecciones: el Nacionalismo (“Estados Unidos primero”), los dos vectores paralelos (“intereses estadounidenses y seguridad nacional”) y una consecuencia de ambos: el rechazo a la sobre-expansión externa (“menos intervencionismo”), en un contexto de rivalidad con el eje Beijín-Moscú y aliados árabes (especialmente, Irán, Siria y otros), y dispuesto a una ayuda militar condicionada a que se sufrague el costo económico y se preserven los tres principios proyectados. Esta visión de la alianza China-Rusia puede haber provocado la conversación telefónica entre Trump y la Presidenta de Taiwán, que enojó a China y desveló lo que ya se llama “el juego de Trump con Taiwán”, que por lo pronto, tensó la relación con el coloso asiático. (http://www.metatube.com/es/videos/329594/Trump-es-cuestionado-por-llamada-a-presidente-de-Taiwan/) , y tras lo cual, Trump enderezó sus críticas a la política de devaluación cambiaria de China y por tasar las exportaciones estadounidenses, además, de su respaldo casi explícito a los reclamos de otras naciones sobre islas cercanas al Mar de China. (http://www.msn.com/es-es/noticias/espana/trump-define-su-pol%C3%ADtica-exterior-a-golpe-de-tuit/vp-AAlawRK) Pareciera que vemos a China como una de sus prioridades de política exterior.
Es relevante que se planteé la necesidad de terminar con el Estado Islámico, para revertir los errores de la política Obama-H. Clinton en Oriente Medio y Siria (punto fundamental de convergencia con la alianza oriental encabezada por Rusia), “restableciendo el respeto a EUA en el mundo”. Aquí, las interpretaciones ya varían. Llama la atención, que no hay pronunciamiento sobre una “política de valores”, lo que distintos autores han denominado el “idealismo Wilsoniano”.
Estos parámetros muy probablemente se encuadran dentro de una similitud histórica, relativa al entorno nacional y la política exterior de la década de 1920 en EUA, claro, con las gravitaciones sustantivas de la etapa actual, del siglo XXI.
Hablamos de similitudes no de identidades, en los siguientes puntos:
Las elecciones realizadas en 1928 consignan el predominio del Partido Republicano: se convierte en Presidente Herbert Clark Hoover, un liberal-conservador de gran fortuna personal. Buena parte del éxito de Hoover se debió a su abierto apoyo a la Ley Seca y su compromiso de sostener los intereses de los votantes blancos y protestantes, contrastando con Alfred E. Smith (candidato demócrata), de origen irlandés, católico practicante, y opositor a la Ley Seca;
Su periodo fue caracterizado por el proteccionismo comercial (fijación de altos aranceles);
El Congreso, bajo dominio republicano, cambió la política inmigratoria sin restricciones del periodo precedente, por otra restrictiva que provocó la reducción de la inmigración europea;
El periodo de los años 1920-33 fue el del prohibicionismo y la violencia extendida de las organizaciones criminales;
En política exterior fue aislacionista, procurando que los Estados Unidos se desentendieran de las tensiones de Europa y Asia, manteniendo el intervencionismo en Iberoamérica en defensa de sus intereses económicos;
También rechazó el papel de guardián y mantenedor del Orden Mundial que la Sociedad de Naciones quería otorgar a EUA, respecto de conflictos armados regionales, como fue el caso de la invasión militar de Manchuria por parte de Japón, en 1931, en cuyo rechazo pesaba mucho la situación interna de la economía y la sociedad estadounidense, a partir del gran crack bursátil de 1929. (https://www.whitehouse.gov/1600/presidents/herberthoover).http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=hoover-herbert-clark;. El trasfondo económico social del Presidente Hoover, fue la gran crisis de 1929-33; el de Donald Trump es la decadencia estadounidense en un estado avanzado que ha dislocado estructuralmente el “american dream”. Es decir, una crisis más amplia.
Consideramos que varios de esos procesos, en su esencia, se parecen mucho a los sustentados por Trump y su equipo de ideólogos y asesores. Tendríamos entonces, una segunda versión del “modelo de administración y dirección tipo Hoover”, mediante el cual, hoy, se pretenden eliminar las mayores debilidades de EUA, armonizar los más grandes intereses empresariales y los político-institucionales del Estado, orientados hacia una sociedad con predominio de los blancos, que busca reponer su pretendida excepcionalidad, apoyándose centralmente en sus fortalezas internas, en un entorno de decadencia que busca revertirse y disminuir a los poderes estratégicos rivales.
De allí que su actitud e iniciativa de ofrecer toda clase de ventajas fiscales y de otro tipo para que, por ejemplo, la empresa de ventiladores Carrier (que tiene como gran competidor a una empresa china con mejores precios en EUA) no trasladara las inversiones proyectadas a México, lo que podría convertirse en un ícono de sus políticas al respecto, aunque Wall Mart, desde otra perspectiva, ya evadió las mismas e invertirá grandes sumas en México, pero logró disuadir a Ford y amenaza a otros. El sector público aportará lo necesario (subsidios, subvenciones diversas, créditos, facilidades legales, exenciones fiscales, y de más) para retener y multiplicar la inversión interna. Y claro, tales productos no podrán venderse en el exterior, por ello renuncia a los acuerdos de libre comercio y asociación económica.
Entonces, en sentido estricto, Trump No repudia el libre cambio, sino que quiere circunscribirlo al ámbito bilateral, no lo acepta como principio del multilateralismo y del desarrollo económico asociado regional o interregionalmente, y prefiere que las nuevas inversiones se concentren en EUA con todos los apoyos necesarios del Estado. Estos tres procesos marcan su proyección global (multilateralismo y comercio libre, desarrollo asociado-integrado e inversiones en el exterior con una rentabilidad mayor), en el contexto de un proceso más o menos acelerado de decadencia histórica y emergencia de nuevos retadores estratégicos, que pareciera para muchos, más que pernicioso, tal vez, suicida. Pero tiene su racionalidad. Hoy la prioridad de Trump y su equipo no es cuidar, proseguir y re-potencializar el expansionismo externo-interno, sino contenerlo, por considerarlo desfavorable en la situación actual de EUA. Allí está su racionalidad.
Por ello, lo que parece una tendencia en vías de consolidación, es que el triunfo del Brexit y la elección de Donald Trump, están inaugurando un nuevo Consenso Anglosajón para poner en marcha un nuevo perfil de políticas económicas distintas a las hasta hoy conocidas en los espacios de las economías atlánticas (Consenso Washington):
“El francés Pierre Moscovici, responsable de economía en la Comisión Europea, defiende que se aparque la austeridad y se de un giro a la política económica (…) ha llegado el momento de un estímulo fiscal en la eurozona: Europa está atrapada en una trampa de bajo crecimiento y baja inflación, el paro es muy alto, la inversión no aparece y los recortes han dejado cicatrices”. Luego: “La victoria de Trump y el ascenso de las fórmulas populistas hacen aún más necesario este estímulo para impulsar el crecimiento, reducir el paro y limitar la desigualdad” (El País, 20 de noviembre, primera plana).
Es decir, Europa reacciona ante la emergencia de las derechas populistas en la zona atlántica, que han ganado terreno socio-político-electoral, dado que las aparentemente opciones progresistas aceptaron las determinantes de la derecha alemana capitaneada por Ángela Merkel y crearon en el último decenio, primero, un auge financiero-crediticio vuelto sobre-endeudamiento, y luego, una Europa de estancamiento económico con una tremenda austeridad del gasto público que permitiera pagar las deudas a muchos bancos alemanes y europeos, provocando tasas históricas de desempleo y retroceso del bienestar social, lo que ha aprovechado el populismo de derecha para plantear la reversión de tal situación económica, pero pasando por la ruptura de los acuerdos supranacionales de integración económica y cesión de Soberanía.
En América Latina, China avanza rápidamente mediante los Acuerdos de Cooperación Económica, Libre Comercio y Financiamiento para el Desarrollo con proyectos mixtos, especialmente en las economías del pacífico latinoamericano, como Perú, Chile, Costa Rica, por ejemplo, y dentro del grupo BRICS con Brasil. Si Trump empieza a concretar su política de bilateralismo comercial, ni duda cabe, que China está en condiciones de llenar gradualmente, el espacio de comercio regionalizado que EUA libere. Es una inmensa oportunidad para los países de la región, a condición de que efectúen las transformaciones internas que un reto histórico de tal magnitud, reclamaría, en el contexto, de un cambio de modelo de desarrollo en China, volcado al mercado interno.
Barak Obama había dicho de frente a la inminente firma del TPP, que Occidente no podía dejar que China impusiera las reglas del comercio global, como uno de los argumentos estelares para apuntalar la necesidad de aquél, pero hoy, el repudio del mismo por Donald Trump, y ante el impulso del Tratado de Libre Comercio de Asia Pacífico propuesto por China como alternativa a su marginación del propio TPP, preguntaríamos: ¿Donald Trump dejará que China imponga las reglas del comercio globalizado en la inmensa y poderosa región asiática y de allí a todo el planeta? Cualquiera pensaría que la debilidad o indiferencia en este gran tema sería un suicidio para Occidente. Creo que Trump en ese sentido, tendrá cartas encubiertas.
La fórmula de Trump es relativamente sencilla, un macroajuste relativo a esa sobre-expansión actual (interno-externa) de los EUA quitando o trasladando recursos a todos los posibles, menos a la raza blanca estadounidense, para colocarlos en rubros económicos-sociales del mercado interno, eje poderoso de su supremacía económica prolongada, costo a pagar por: minorías étnicas, inmigrantes, residentes inmigrantes, socios comerciales, inversionistas externos, aliados políticos y militares.
La política exterior de Trump preconiza también, una cierta vuelta al aislacionismo de la segunda mitad de los años 20 del siglo XX, que parece tener el apoyo de las corrientes mayoritarias en ambos partidos, el Demócrata (menos explícita) y el Republicano. Hoy quizá, su promesa de “hacer pagar a la OTAN su propia seguridad” y el cuestionamiento de la “Soberanía china sobre Taiwán” que provocó una airada respuesta de Beijin, son sus dos pronunciamientos más estridentes, sobre todo, el segundo. (https://es-us.noticias.yahoo.com/china-advierte-trump-estabilidad-cuestiona-soberan%C3%ADa-105500138.html). En cambio, hay un claro acercamiento hacia Rusia, en lo que probablemente sea, como hipótesis, algo bien pensado: dividir el flanco euroasiático, el frente China –Rusia al que siempre ha temido la alianza atlántica y en particular EUA. O como dice el propio gobierno chino, se pretende usar Taiwán para negociar con China.
Barak Obama negoció durante sus administraciones, el Tratado Comercial Transpacífico (TPP) y avanzó, considerablemente en la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) para rediseñar el comercio mundial hacia ambos océanos de su geografía económica y de su geopolítica y estrategia militar, con normas legales y operativas homólogas basadas en la integración, las economías abiertas y las alianzas político-militares y estratégicas con tales Estados, negociado en estricto sigilo.

Donald Trump denuncia ambos y se pronuncia por no proseguir, volviendo al bilateralismo comercial y a la concentración en su poderoso mercado interno, en materia de inversiones y empleo. Un localismo (tendencia opuesta o paralela al globalismo) en pleno siglo XXI, dejándole a China, La Unión Europea e India, en su caso, el liderazgo del impulso al libre comercio global y la inversión regional ampliada, pero sobre todo, generando el entorno político apropiado para una mayor penetración económica de China en la subregión latinoamericana y en Asia-Pacífico, así como en Europa.
Por su parte, ¿las iniciativas políticas de contenido estratégico para intervenir o impulsar conflictos regionales que favorecieran sus proyectos de penetración y dominio, serán relegadas a segundo o tercer término? Aunque en realidad, esta tendencia detractora del expansionismo externo de EUA y de sus acomodos regional-estratégicos desde la sociedad estadounidense, ya se había manifestado durante el segundo mandato de Barak Obama en esta materia de la política exterior, dado el apoyo abierto y masivo a la oposición y mercenarios en Libia para el derrocamiento del premier Gadafi, o en cuanto a la absurda alianza con una rama de Al Qaeda (Al Nusra), el Estado Islámico y cierta oposición Siria comandada por la Hermandad Musulmana (de origen fundamentalista-egipcia) para derrocar al Presidente Sirio, Hafez Al-Assad, provocando una crisis humana devastadora, manifestada con toda contundencia a la oposición social al ataque relámpago planteado por Obama y la OTAN a Siria durante dos días consecutivos disparando cientos de misiles crucero, como se había ya preparado por el Pentágono-OTAN.
O los apoyos abiertos y el desconocimiento del gobierno venezolano, a los golpes parlamentarios (en Honduras, Brasil y Paraguay), la cuasi-indiferencia de la violación masiva de Derechos Humanos en México y la continuada imposición de una política militarista que ha causado más de 200,000 muertes en México, y el masivo comercio de armas en la frontera común, con las cuales se ha asesinado o ejecutado a la gran mayoría de los muertos en México. Más otras tropelías en la materia.
Sinceramente, no sabemos si Trump podría ser aún más agresivo que la dupla Obama-H. Clinton. Muy probablemente No, salvo que en algún momento y lugar se decida por la guerra abierta. El cuasi –aislacionismo preconizado, relativo, suena armonioso para los gobiernos y ejércitos de China, Rusia, Irán, Siria, Turquía, etc. En esto también Donald Trump se puso en sintonía con la mayoría social:
“Hoy, los dos partidos políticos tienen buenos motivos para caer en la retórica aislacionista. En 2008, el presidente Obama superó a Hillary Clinton y obtuvo la nominación de su partido, en parte, gracias a su oposición a la invasión de Irak y su promesa de poner fin a las guerras del gobierno de Bush. Dentro del Partido Republicano, la oposición a la política exterior de Obama ha creado la demanda de un nuevo aislacionismo, una corriente libertaria que se mantuvo en los márgenes de la retórica de partido durante la militarista presidencia de George W. Bush. La aversión al riesgo de la política exterior actual de Washington es un reflejo de la opinión pública. Los últimos sondeos confirman que los votantes estadounidenses quieren que sus líderes dediquen su tiempo y su energía a reconstruir el crecimiento económico en el país”. (Bremer, Ian: “El Nuevo Aislacionismo Estadounidense”, El País, noviembre 4, 2013, http://elpais.com/elpais/2013/10/25/opinion/1382692604_363033.html)
¿La disputa estratégica entonces se traslada al eje China y Rusia-Unión Europea?, o por fin, la retracción estadounidense permitirá avanzar el proyecto de Vladímir Putin, de la gran zona Euroasiática común, desde Vladivostok a Lisboa? ¿Será Trump el iniciador de la ruptura atlántica con la que ha soñado las potencias asiáticas. No parece probable.
La gran pregunta es: estos parámetros sustantivos de un nuevo proyecto nacional, localista y aislacionista, auto-centrado cada vez más en sus propias fortalezas para abordar sus debilidades, ¿podrá revertir la decadencia histórica de los Estados Unidos? O ¿la profundizará?. Veremos lo que depara la continuación de los procesos históricos.
Diciembre, 2016.

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