Chile y la ausencia de una izquierda unida representativa

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La izquierda en Chile está fragmentada: algunos partidos pertenecen a coaliciones que responden a criterios neoliberales, mientras otros no logran ponerse de acuerdo.

El retorno de la izquierda de Chile

Los paralelos con los Estados Unidos no son mera coincidencia. Reflejan la disminución de la militancia popular, así como la dominación de la política por la elite. La analogía, sin embargo, termina allí.

Los resultados fueron de suma importancia. Por primera vez en casi cincuenta años, una verdadera izquierda, las fuerzas populares restablecieronse en el panorama electoral, poniendo en peligro el poder del duopolio bipartidista que ha dominado la democracia de Chile después de Pinochet.

Por supuesto, las cosas podrían haber sido aún mejor. Tuviera el Partido Comunista (PCC) dado su apoyo al infante Frente Amplio (Frente Amplio, FA), el multimillonario de derecha y ex presidente, Sebastián Piñera, enfrentaría la candidata de la izquierda Beatriz Sánchez en el próximo desempate en lugar del centrista soporífero Alejandro Guillier.

Miopía Comunista no obstante, la elección representa un momento decisivo para la política chilena, rompiendo el bipartidismo de las élites que habían logrado contener las demandas desde abajo desde 1990.

El histórico

La dictadura de Pinochet estableció las instituciones partidistas y electorales de Chile que están ahora en desintegración. Y, desde el retorno a la democracia, la clase política del país ha defendido ellas, con la esperanza de prevenir permanentemente los desafíos de la clase trabajadora.

A finales del 1950, el sistema electoral de Chile caracterizabase por un patrón de “tres tercios”. La izquierda (coaliciones de Allende ancladas en el movimiento obrero y los partidos Comunista y Socialista), el centro (los modernizantes Democratas Cristianos, partido fundado en 1957 y que solía lanzarse en chapas sin alianzas en las elecciones que disputaba), y la vieja, dura derecha (representada por los partidos oligárquicos que fundieronse en el Partido Nacional [PN]) más o menos dividían los votos en tres.

A menos que dos de estos grupos formasen una alianza – como cuando, bajo la amenaza de un movimiento anticapitalista ascendente, el PN respaldó el DC en 1964 para bloquear la victoria de Salvador Allende – ninguna fuerza política podría ganar incluso una pluralidad decisiva. Cuando Allende fue finalmente elegido en 1970, lo fue con sólo el 36 por ciento de los votos. A pesar de que estuvo cerca, su incapacidad para asegurar una mayoría abrió la puerta para la alianza de la elite de centro-derecha que introdujo el devastador golpe de 1973.

“Moderados” vieron esto como evidencia de los defectos de las instituciones electorales de Chile, con el argumento de que producen fragmentación con grandes riesgos que inevitablemente crea conflictos extra-institucionales. Desde entonces, han respaldado elsistema que es casi como “el ganador se lleva todo”, que consagra la constitución autoritaria de Pinochet y que sobrevive en gran parte intacto.

Los proponentes argumentan que, para evitar la inestabilidad de los años 1960 y 1970, Chile necesitaba reglas electorales que promoviesen la formación de coaliciones y garanticen mayorías de voto. Cuando el retorno a la democracia fue negociado a finales de 1980, todos los partidos principales, incluido el Partido Socialista (PS) remodelado y sus derivados, aceptaron las nuevas reglas. Después de todo, la alianza que el anterior partido de Allende construyó con los DCs dio a los socialistas acceso al poder y todo el botín de la gobernanza “responsable”.

Este arreglo institucionalista dejó las fuerzas populares desempoderadas. El sistema “escrutinio mayoritario uninominal” expulsó los Comunistas y interrumpió las campañas que movilizaban en oposición a la dictadura y sus políticas radicales de libre mercado. En resumen, el compromiso con las instituciones políticas estables representaba una aceptación de la inviolabilidad del gobierno oligárquico.

Algunos observadores atribuyen el gran avance de este año a la reforma electoral de la presidente del PS Michelle Bachelet, pero están exagerando los efectos de sus modestos cambios.

En muchos aspectos, las reformas fueron diseñadas para fortalecer el poder del centro. El nuevo sistema de distribución sigue formalmente el modelo de D’Hondt, que divide los escaños del Congreso según el resultado de voto promedio y por lo tanto, al menos en la teoría, permite más representación de terceros. Pero la legislación extendió sus escaños parlamentarios recién creados de forma que puedan mantener altos umbrales para representación significativa. Si no fuera por el colapso de la legitimidad partidaria, las coaliciones de centro-izquierda y centro-derecha podrían tener dominado el Congreso una vez más.

Pero estas formaciones comenzaron a perder su control sobre los votantes antes de las reformas electorales, con un resurgimiento de los movimientos de masas que sacudió el sistema de partidos pos autoritario. Si acaso, la legislación de Bachelet fue una concesión – uno que no fue ni casi el suficiente – a las movilizaciones que llevaron a un puñado de activistas estudiantiles radicales al Congreso en 2013, incluyendo la telegénica joven Comunista Camila Vallejo.

Junto con las reformas educativas y fiscales, el partido de Bachelet prometió cambios electorales a los nuevos sectores movilizados – y el Partido Comunista, en particular – a cambio de su apoyo.

En 2013, el PCC surgió del desierto del régimen neoliberal y se unió a la coalición Concertación, encabezada por DC y SP. Después de perder a la centro-derecha por primera vez desde la redemocratización en 2010, esta formación ampliada – ahora acuñada Nueva Mayoría (NM) –permitió a la centro-izquierda recuperar el poder.

Oligarcas del partido vieron el sello de aprobación Comunista como una forma de legitimar un paquete de reforma endosado por el negocio a los ojos de los sectores descontentos que el PCC había ayudado a conducir. Al hacerlo, sin embargo, se alejó una importante parte de los Democratas Cristianos.

Los votantes Comunistas y la mejora del resultado para el partido – gracias a su papel clave en el movimiento de masas de los estudiantes y el movimiento revitalizado de los mineros – ayudaron a empujar Bachelet de nuevo a la presidencia en 2013. Pero la maniobra fracturó la vieja Concertación y no pudo contener el creciente descontento.

Las reformas a favor del capital, junto con una serie de escándalos de corrupción, proveyó nueva evidencia de que esta coalición “progresista”, comunistas y todo, gobernó en defensa de las élites en lugar de para la nueva mayoría promocionada. La izquierda independiente así ha logradoconstruir en su pequeña pero influyente presencia parlamentaria, extender su apoyo en sectores clave de la clase obrera revitalizada, y adquirir experiencia en el gobierno local.

Distanciándose de la aprobación Comunista de la agenda de Bachelet, Gabriel Boric y Giorgio Jackson, representantes en el Congreso y figuras claves de la Frente Amplio, destacaron las deficiencias de las reformas.

La comparación entre Jackson y Vallejo está diciendo: mientras que la segunda ha pegado firmemente con la alianza de su partido, el primer rompió públicamente con la Nueva Mayoría e insistió en las demandas originales del movimiento, ganando una enorme credibilidad de base para su partido y sus aliados radicales.

Desde sus púlpitos, Jackson y Boric guiaron una nueva generación de educadores de escuelas públicas, quienes, habiendo participado en las movilizaciones estudiantiles, pasáran a disputar la dirección Comunista ineficaz de su unión. La oposición constante de Jackson y Bórico a las reformas favorables al mercado de Bachelet prestó cobertura política y coherencia programática a un movimiento de masas emergente contra las pensiones privatizadas de Chile. Finalmente, después de una exitosa campaña de base, una coalición local ha elegido con éxito el miembro de Izquierda Autónoma y ex líder estudiantil Jorge Sharp como alcalde de Valparaíso, la tercera ciudad más grande del país.

A partir de estas posiciones de poder, la nueva izquierda independiente logró dos objetivos. En primer lugar, extendió sus ideales emancipatorios junto con un programa socialdemócrata concreto basado en una crítica de la naturaleza excluyente de la democracia chilena. Nuevas demandas surgieron del Parlamento, de las federaciones estudiantiles, de las asambleas laborales disidentes y de los movimientos para la desmercantilización de las provisiones sociales, con el tiempo conviertendose en una plataforma que exige la educación pública completa, sistema de salud universal y seguridad social, impuestos más agresivos para los ricos y los derechos de negociación colectiva de ámbito sectorial.

En segundo lugar, la nueva izquierda comenzó a unir grupos radicales y progresistas de la oposición. Estas incluyeron la antigua oposición verde y humanista, así como Nueva Democracia, fundada por el ex Comunista Cristián Cuevas, quien se ha cansado del apoyo de su antiguo partido para la neoliberal centro-izquierda. Aunque reuniendo a más de una docena de organizaciones aún relativamente precarias ha producido sus propias tensiones, el antineoliberal Frente Amplio llegó en enero de 2017.

El Frente aspiró ganar un punto de apoyo sólido en las elecciones nacionales y construir un eje en torno al cual los grupos de la gente pobre y un movimiento de trabajadores revitalizado podría unirse de manera más formal. Los resultados superaron incluso lo que sus partidarios más optimistas esperaban.

Su candidato presidencial, Beatriz Sánchez, ex presentadora de radio independiente, ganó una quinta parte de todos los votos válidos. Sus 1,34 millones superaron con gran diferencia lo que cualquier candidato de la izquierda se ha llevado desde el retorno a la democracia. La figura icónica Comunista Gladys Marín recibió sólo 225.000 votos totales en 1999; diez años más tarde, Jorge Arrate obtuvo 433.000 votos; Sánchez ha más que triplicado sus resultados impresionantes. Lo más importante, sin embargo, es que se quedó sólo dos puntos – sólo 150.000 votos – cortos de superar a Guillier de la Nueva Mayoría por un puesto en la elección secundaria del próximo mes.

El éxito de el FA también aparece en su actuación parlamentaria, donde ganó veinte escaños en la cámara baja. Para poner esta cifra en perspectiva, el Frente tiene siete representantes más que los decrépitos DCs y dos más que el PS de Bachelet, dos pilares del régimen pos autoritario.

En varios distritos centrales, urbanos, el FA llevo el segundo más alto porcentaje de votos. En un importante distrito de clase media de Santiago, ganó tres de los ocho puestos en juego. En Valparaíso, así como en Estación Central, de la clase obrera de Santiago, se eligió a dos miembros al Congreso.

Curiosamente, los Comunistas sólo aseguraron un asiento de este último distrito y ninguno en los anteriores, a pesar de que el partido había disfrutado de una presencia histórica en ambos. De hecho, el PCC solo tuve el mismo número de asientos de el FA en un solo distrito de la clase obrera de Santiago, e incluso allí, se llevó solo el 15,5 por ciento mientras que el Frente llevó 23 por ciento.

El 20 por ciento de lanzamiento del Frente Amplio es simplemente sin precedentes. Mientras que otros partidos terceros han tenido éxito en las últimas elecciones, esta es la primera vez desde la dictadura que una alianza arraigada en la movilización de masas y pidiendo reformas igualitarias alcanzó este nivel de apoyo público. Teniendo en cuenta que Allende ganó solamente el 5 por ciento en su primera candidatura en 1952, este resultado se parece más a la contienda de 1958, cuando ganó el 28 por ciento y la clase obrera llegó a la puerta del poder del Estado.

Si bien no hemos vuelto a la disposición de tres tercios y el FA no se acerca a la militancia, la organización o el desarrollo ideológico de el frente de Allende,, una cosa es ineludible: el sistema de partidos oligárquico y neoliberal de dos cabezas está en declive irreversible, y grupos que no son de la élite están una vez más luchando por el poder a nivel nacional.

El inepto/Los ineptos

La Nueva Mayoría no estaba sola en la mala interpretación del estado de ánimo general y del equilibrio real de fuerzas. Todas las encuestas principales exageraban el apoyo a Piñera y subestimaban Sánchez. Aunque el Frente mismo decía que nunca se ha esperado tales resultados positivos”, encuestadores parecían conspirar en su denegación de la capacidad del partido para conectarse con los votantes.

CADEM, quizás la más prestigiosa encuesta del país, esencialmente ha descartado Sánchez, prediciendo que Piñera podría ganar la primera fase en el acto. Sus encuestas mostraban el apoyo a Sánchez en caída libre desde el 26 por ciento en julio a un mero 12 por ciento en octubre; La tendencia de Piñera en el mismo período, de acuerdo con estos profesionales, se fue en la dirección opuesta, pasando de 38 a 45 por ciento.

Otra firma principal de encuestas de Chile, CEP, ha proyectado una distancia aún mayor entre los candidatos, con sólo el 8,5 por ciento de los votantes decididos supuestamente apoyando a Sánchez.

Por supuesto, tal como lo hicieron en los Estados Unidos, los encuestadores afirmaron haber malinterpretado las inclinaciones de los votantes indecisos y haber pasado por alto los votantes ocultos. Pero lo que realmente han ignorado, mientras construían sesgos favorables a las empresas en sus métodos para promover el interés de patrocinadores corporativos, fue la creciente frustración y oposición en Chile.

La miopía de los expertos es alarmante aunque no sea sorprendente. Como Sánchez ha dicho, finalmente soltandose contra los forjadores de opinión pública que constantemente descalificaban a ella y su partido, “todos estos columnistas que llenan las páginas de los periódicos tienen ni idea de lo que sucede, no tienen ninguna pista sobre el Chile real.”

Si nos podría esperar de los encuestadores y periodistas la interiorización de la cultura y de los intereses de la élite, no podemos decir lo mismo sobre los Comunistas. El hecho de que se vincularon su suerte a la fundación en desmoronamiento del orden neoliberal de Chile es poco menos que sorprendente.

Ya a mediados de 2013, cuando el PCC traicionó el movimiento estudiantil y alióse con la Concertación, la coalición de centro-izquierda tenía menos de 15 por ciento de aprobación pública. En esta ocasión, con la campaña Guillier ya en marcha, la aprobación de NM cayó a la mitad de esa cifra miserable. Su ilusión de formar una nueva mayoría democrática y por la reforma dentro del régimen bipartidista dominante sólo es comparable a su capacidad para ignorar el potencial de reajuste real representado por el FA y sus movimientos constitutivos.

Después de décadas de marginación, el PCC vio la invitación para unirse a la coalición de centro-izquierda como un muy atrasado “asiento en la mesa”. Él esperaba que podría utilizar su nueva participación en la Nueva Mayoria para promover las características más a la izquierda del programa de Bachelet. Cambiando su antigua inconsecuencia por una plataforma nacional visible, él creyó que podría dar el impulso adicional necesario para derrotar definitivamente el legado radicalmente a favor del mercado de Pinochet, todo mientras sostenía Bachelet a sus promesas de campaña “presionando desde dentro”.

Pero el partido no predijo que, frente a la oposición de la coalición de centro-derecha de Piñera, sería inevitable encontrarse en la defensa de las versiones más suavizadas del paquete de reformas. Al final, el PCC no reconoció que la Concertación no era vehículo para derrotar el neoliberalismo. Como gerente del orden existente, la Concertación, y más tarde Nueva Mayoría, representan pilares del mismo régimen que debe ser anulada para derrotar el neoliberalismo en Chile.

Dicho esto, el afianzamiento Comunista en la coalición de centro-izquierda ha producido retornos innegables. Además de hacer el mensaje del partido atravesar un bloqueo mediático,amplió su presencia en el Congreso. Pero los ocho asientos que ganó la semana pasada – más que doblando su bancada – son solamente dos quintas partes de los que el Frente ganó.

Si hubiesen tenido menos trabas por la alianza de su partido, los candidatos Comunistas podrían haber galvanizado sentimientos populares y hecho aún mejor. Y si el PCC hubiera roto con NM, su apoyo a la FA habría entregado un golpe aún más fuerte que el duopolio neoliberal.

Los inciertos

Estas elecciones decisivas introducen una imprevisibilidad prometedora a la política chilena, especialmente en la izquierda. Apoyo para el Frente Amplio podría abrir nuevas vías para otras fuerzas de izquierda que se han visto obligados a permanecer en Nueva Mayoría como la única opción disponible. Los movimientos inmediatos del Frente serán decisivos.

Aunque es poco probable que el PCC siga el ejemplo de Cuevas, sus bases pueden hacerlo. Hay señales alentadoras de que los mineros, por ejemplo, continuarán a romper con el liderazgo Comunista y buscarán tácticas y el liderazgo local radicales independientes. Reconfiguraciones partidistas son más probables entre los socialistas. La viabilidad de el FA puede astillar el partido de Allende, liberando secciones de la dominación de su liderazgo neoliberal.

Los próximos pasos del Frente Amplio aún no están claros, pero sus señales iniciales son prometedores. Ahora en el centro de la política chilena, el FA debe decidir qué hacer en la segunda vuelta electoral. Hace dos semanas, Piñera parecía una apuesta segura, pero el 20 por ciento del Frente daría Guillier una oportunidad real.

NM ha lanzado una agresiva campaña para cortejar a los votantes de la FA. Afortunadamente, el Frente de forma inequívoca anunció que no negociará con Nueva Mayoría. Sus principales líderes – incluyendo Boric, Jackson, Sánchez, y Sharp – han declarado que van a seguir actuando como una oposición militante, sin importar quién gane.

NM está utilizando promesas y amenazas para ganar a los votantes del FA.

Cuando comenzó la ofensiva de Guillier, Sharp puso las expectativas patas arriba, invitando a los Comunistas a unirense a la lucha del Frente contra las pensiones y la educación privatizadas. La respuesta casi cómica llegó de inmediato: no sólo el PCC es totalmente compatible con el programa de reforma radical de la FA, pero la Nueva Mayoría en su totalidad, incluyendo los Democratas Cristianos, quería ganar la segunda vuelta, precisamente con el fin de promulgar estas mismas reformas. Como una señal a la izquierda, y al parecer sin ironía, Guillier nombró la Comunista Vallejo a un puesto clave en su equipo de campaña reorganizada.

Sin embargo, el FA no se movió, recordando que el candidato de NM falló en pasar estas reformas mientras que en el mandato. Así Guillier recurrió al chantaje. El Frente, según él,asumiría la responsabilidad si Piñera gana. Sin ntimidarse, los líderes del FA lanzaron la pelota de vuelta: si triunfa Piñera, NM sólo puede culpar a sí mismo. Para asegurar una victoria, la coalición de centro-izquierda debe convencer a los votantes independientes de izquierda que Guillier logrará sus reformas deseadas.

Sabiamente, el FA no ha dado nada a cambio de puestos ministeriales u otras ofertas. Ahora bien afirmado, está usando su influencia para obtener concesiones sin gastar capital político.

A diferencia de los Comunistas, el Frente Amplio será capaz de actuar de forma independiente y movilizar movimientos aliados, si y cuando el próximo gobierno no cumpla con sus promesas. El PCC eligió fortalecer el régimen bipartidista con el fin de ganar reformas, pero el FA parece comprometido con el fortalecimiento de los movimientos de masas con la esperanza de que van a hacer caer el régimen neoliberal.

Como Gonzalo Winter, un miembro del Movimiento Autonomista de Boric recién elegido al Congreso, puso:

Queremos transformar a Chile, no sólo ir y disfrutar de nosotros mismos en el Congreso. Como el Movimiento Autonomista, tenemos claro que ni los representantes del Congreso, ni presidentes cambian países, ni las ideas radicales solo; más la gente organizada, lista para tomar el control de sus vidas, para defender transformaciones y ideas radicales.

La última vez que fuerzas políticas tenían una posibilidad real de obtener un poder tan popular fue en 1973, antes del golpe que derrocó a Allende.

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Puntapeuco, derechos humanos y el nuevo periodo

ESCRITO POR PABLO VARAS

El Clarin

Publicado el 12 Marzo 2018

Más allá del penal de PuntaPeuco, medida que debió tomar Bachelet el primer día en que asumió por segunda vez la presidencia del país, el asunto fundamental actual es el precario estado en que se encuentra el Movimiento de Derechos Humanos en Chile.

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A pesar de los tantos intentos por revertir la derrota posiblemente esta sea una de las más duras e incomprensibles. Podemos entender el abandono de las consignas que se lanzaban en esos años de rebeldes, las boinas caladas al estilo del Che; hemos logrado entender hasta el miedo que los obligó a dejar en el abandono a sus propios compañeros y camaradas para viajar al exilio. Todo lo hemos entendido, así fueron quedando los asuntos.

Bachelet presidenta, militantes del PS, con sus ministros PPD/PS/PRSD/PC, abandonan su historia, claudican, se rinden y dejan en la mitad del camino a la generación que creció entre golpes, miedo, como si en la medida de lo posible no estaba ni llegaba una página bien escrita en la historia, una frase tan violenta con apellido golpista.

De repente, después de todos los años que tanta espera en sus primeros años, que la puerta suene a cualquier hora para verlo regresar, que la casa se llene en todos sus rincones con el sonido de la llave, o encontrar la camisa en el suelo por las mañanas. Los años también se han cansado, la derrota es violenta, tantos que se cambiaron y levantaron los brazos. Y esos otros, que no son los miles y miles que no cejaron, que no se entregaron, que vencieron el miedo y que lo intentaron de nuevo..

La impunidad que desde hace mucho está instalada, no llegó sola, la trajeron y la mantienen sencillamente porque no les interesa lo que esperamos de ellos. Allá los ya viejos familiares con los mismos carteles. Compañeros que no tenían por qué terminar como pancarta, cuando era un estudiante, obrero, una profesora, o dirigente sindical.

Michelle Bachelet NUNCA tuvo la real voluntad de CERRAR PUNTAPEUCO y tampoco existió en su gobierno PPD/PC/PS/PRSD la fuerza necesaria para que se pusiera fin con la agresión que sufren cotidianamente las víctimas y la república de los que habitan PuntaPeuco esa cárcel, especialmente construida por los del mismo bloque, lagos/frei/bachelet/nuevamayoría.

Las Agrupaciones de Familiares, que desde los primeros días ocurrido el golpe militar iniciaron largos recorridos en busca de sus familiares, que se juntaron valientemente en el Comité Pro Paz, han sido una de las más notables páginas en la historia de la patria. En los días más duros, los más horribles, esos cuando la DINA buscaba, torturaba y mataba con total impunidad y desafiando el absoluto poder de la criminalidad uniformada, su búsqueda también las convirtió en correos, ayudistas, casa de seguridad, resistentes y cobijo, los familiares fueron todo.

De esos primeros familiares que fueron creciendo de forma dramática, un chileno detenido desaparecido era un familiar más a la agrupación, y para los asesinados también estaban sus familiares, los cercanos, sus compañeros de trabajo en las fábricas y sindicatos, en liceos y universidades.

Toda esa bestialidad militar desatada que duró tantos años. Tantas conciencias y voluntades que se sumaron a la tarea de la denuncia y el clamor para conocer toda la verdad. El sostener que en Chile SE HARA JUSTICIA cuando terminaban la manifestaciones entre apaleos, encadenamientos, huelgas de hambre y viajes a las comisarias.

Los detenidos desaparecidos, los ejecutados políticos, y los ex presos políticos deben volver a constituirse en los artífices de las demandas y propuestas políticas profundas e irrenunciables. No es el tiempo de andar clamando una justa reparación que la han negado sistemáticamente socialistas/comunistas en el gobierno desde 1990 hasta los tiempos actuales. Un asunto es el valor de la razón, la verdad en la hora meridiana que acompaña, y lo otro es el desdén con que se trata a los miles que todavía esperan conocer el último lugar de los seres queridos.

Los próximos tiempos que deberán recorrerse con la extrema derecha y el piñerismo en el gobierno, debe contemplar la irrupción de un nuevo Movimiento de Derechos Humanos, amplio, democrático, que incluya desde los padres hasta los nietos de los que fueron violentamente agredidos por las Fuerzas Armadas.

No pueden ser las agrupaciones de familiares instrumentos de pequeños grupos/partidos sin ninguna representación que hacen política partidaria en nombre de quienes no están. El abandono de familiares en el norte y el sur de la patria es evidente, en muchos rincones de Chile la memoria del dolor sufrido, anida entre los más cercanos dando paso a una especie de amnesia intencionada.

Si Bachellet hubiera cerrado Puntapeuco no era el fin de la batalla. Las tareas fundamentales está en la instalación de derechos universales en una sociedad extremadamente desigual como la chilena. Millones de niños y jóvenes no conocen su propia historia, esa que tiene el mismo valor y altura de los libertadores de la patria.

Para este periodo 2118 – 2022 se debe reconstruir el Movimiento de Derechos Humanos a nivel nacional, donde se recoja todo lo trabajado y recorrido, en educación, derechos, memoria, verdad y justicia, donde sean los propios familiares quienes sostengan las nuevas demandas políticas y sociales.

No son necesarios los partidos de la centroizquierda, socialista/comunista, justamente porque es allí donde habita la traición, el abandono, la cobardía y el insulto finalmente. Cuatro años sin decir nada, colocando de tarde en tarde una frase para decir que hago se hace. Hubo valentía y generosidad para ejecutar un tiranicidio, pero faltó la dignidad para sostener gestos dignos y cerrar una cárcel/privilegio.

No será fácil reconstruir un referente ético y moral, que deje instalado la urgencia para que otros sigan trabajando y concluir las grandes tareas.

Conocemos a Piñera desde que fue jefe de campaña de Buchi, el candidato de las Fuerzas Armadas. Sus ministros defendiendo un centro de tortura y exterminio como Colonia Dignidad. Un ministro de defensa que copió su tesis para convertirse en abogado. Todo un bloque de herederos de un pinochetismo que aún está vivo y al que hay que vencer.

Y si por alguna casualidad la alegría llega con algún gesto altanero rebelde con memoria…se le saludará alegremente.

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No precisamente un país de maravillas

ESCRITO POR SERGIO MARTÍNEZ (TEMPORALMENTE DESDE ÑUÑOA, CHILE)

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Mercancia barata y de mala calidad, verdaderos bésales en el centro de Santiago, Chile. Febrero 2017

” Cuando te sientes extrangero en tu propia tierra “

¿Qué hace que año tras año, muchos de los chilenos de la diáspora nos encontremos aquí, de vacaciones o de visita en Chile? Más allá de razones derivadas de lazos familiares, uno se termina preguntando si se trata de nostalgia, de sentimiento patriótico (el “amor al terruño” como dicen algunos) o—me atrevo a decir—de una buena dosis de masoquismo.

Por mi parte debo admitir que mis lazos familiares (y de amistad, agregaría), son una razón para tragarme las más de doce horas de vuelo desde Canadá a Chile. Descarto, como un sentimiento un tanto ñoño, eso del “amor al terruño”. No, ni ver la cordillera (montañas también las hay en Canadá y en montón de otras partes), ni el mar (ídem) me motivan a venir. No hay nada de especial u original en esos accidentes geográficos. ¿Qué va quedando entonces?

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Mercancia barata y de mala calidad, verdaderos bésales en el centro de Santiago, Chile. Febrero 2017. Foto: Luis H Alarcón

Para algunos la palabra a veces es poco apreciada, pero yo la reivindico como una buena razón para venir a Chile, me refiero a la nostalgia. Este término derivado del griego es en verdad una poderosa razón para volver con cierta regularidad al país en que alguna vez viví y en el cual soñé y puse mucho de mi mismo para hacerlo mejor. “Mirar a casa con dolor” es el significado aproximado de la expresión “nostalgia”. Un concepto casi poético pero que también tiene ramificaciones en muchos otros ámbitos de la vida, incluyendo el accionar político, que fue lo que en última instancia motivó mi ida a otras latitudes.

Y por cierto que hay motivos para mirar al viejo hogar con dolor: el Chile solidario que una vez conocí se ve cada vez más sumido en un individualismo y un afán competitivo en que el sentido de comunidad se ha perdido casi por completo. La población pobre (eufemísticamente referida ahora como “sectores vulnerables”) se la ha disfrazado como “emprendedores” y “trabajadores por cuenta propia”. Y a juzgar por las imágenes que uno ve en la Alameda en Santiago, o en la Avenida Valparaíso en Viña del Mar, esos vendedores de baratijas y hasta de comidas hechas en la calle misma, son el retrato más visible, tanto de la pobreza como de la hipocresía de la sociedad chilena. Eso sin contar que ese comercio callejero da un aspecto de bazar de mala muerte o corte de los milagros, a gran parte de nuestras ciudades. La pobreza no se ha erradicado, quizás ni siquiera se ha reducido, sólo se la ha disfrazado y en las estadísticas se presenta a ese gente como “emprendedores”, en verdad ellos no son más que el retrato en pequeño del país: un gigantesco bazar de donde todo parece estar disponible al mejor postor, desde nuestras riquezas naturales hasta un buen número de políticos.

IMG_1479.JPGPor cierto no tengo nada contra esos vendedores callejeros, ni contra los que me ofrecen mercaderías innecesarias y de mala calidad a bordo de los buses del Transantiago o del Metro. Tampoco me molestan los músicos que invaden la tranquilidad de los viajes urbanos con sus estentóreas interpretaciones. Al fin de cuentas es mejor que se dediquen a vender o cantar, antes que se deslicen por el fácil camino del delito o la prostitución. Sólo que cada vez que contemplo estas situaciones, se me reafirma ese retrato doloroso del Chile actual.

Todo lo anteriormente expuesto me lleva entonces a lidiar con la otra posible razón para visitar Chile: ¿tenemos una cierta dosis de masoquismo los chilenos del exterior que regularmente venimos a dejar nuestros dólares, esforzadamente ganados, en este país que, en el mejor de los casos, nos recibe con indiferencia? Puede ser.

Claro está, ese sentimiento a su vez puede compensarse o incluso cancelarse con el poderoso aliciente de la esperanza y un cierto optimismo que basábamos en la capacidad de movilización y de lucha del pueblo chileno. “Las cosas tendrán que cambiar” nos decíamos quienes año a año nos encontramos de paso. Nosotros, antiguos compañeros de luchas pretéritas, cada tanto nos parecía ver renacer ese espíritu de lucha en las sucesivas movilizaciones sectoriales que observábamos, ya fuera en nuestros propios viajes o a través de los recuentos de la televisión o de las redes sociales desde nuestros países de residencia. Pero este año las cosas parecen diferentes: la derecha obtuvo un triunfo contundente y cuando sus personeros anuncian que ahora van a afincarse en el gobierno por muchos años, uno no puede menos que tomarlos en serio: sí, pueden hacerlo.

Por cierto la política es imprevisible, pero uno bien puede intentar un análisis considerando todos los datos objetivos: para empezar, el poder de los grandes grupos económicos se ha hecho tan fuerte que ningún gobierno de nuestro sector le ha hecho mella. Por lo demás, tampoco hubo mucha voluntad política en tal sentido. La desindustrialización del país ha traído por consecuencia la notable reducción de la clase obrera, lo que ha significado que el sector social llamado a propiciar y liderar el cambio social (ya ni se dice revolucionario) se ve crecientemente empujado a la irrelevancia. Eso ha repercutido también en el desclasamiento de vastos sectores, que sencillamente han pasado a engrosar las filas del lumpen.

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Venta de artículos femeninos por vendedores ambulantes en el centro de Santiago. Foto: Luis H Alarcón. Febrero 2017

Hay en los hechos una “lumpenización” del país cuya expresión más notoria es el considerable aumento de la delincuencia, especialmente en las grandes ciudades. Donde antes había “poblaciones obreras”, vale decir áreas urbanas en las que la mayoría de sus habitantes era obreros o empleados en servicios menores y sólo una minoría muy pequeña estaba constituida por lo que entonces llamaban “patos malos”, hoy son estos últimos los que en muchas de esas poblaciones tienen control efectivo, especialmente pandillas que se dedican al microtráfico de drogas. El caso más emblemático y vergonzoso se dio en la comuna de San Ramón donde el alcalde—un connotado miembro hoy expulsado del Partido Socialista— estaba vinculado a las bandas de narcotraficantes. Y para quienes todavía tengan poca claridad conceptual respecto de este espinoso tema, no se confunda “clase trabajadora” con “pobres”, mucho menos con “marginales” ni “lumpen”.  Muchos de esos sectores que sin duda entran en la categoría de “pobres” (rebautizados por los que manipulan la opinión pública como “sectores vulnerables”), se sitúan en una posición de derecha, especialmente el sector más claramente identificable como “lumpen” pues éste es por definición esencialmente venal. Y obviamente la derecha siempre tiene más recursos para comprar su apoyo. Históricamente el lumpen siempre ha engrosado las filas de lo más siniestro de la derecha: grupos de choque en el Partido Nazi y en el Movimiento Fascista en Alemania e Italia respectivamente, y cerca de casa, los que combatían en las calles en la banda de Patria y Libertad. Posiblemente el más emblemático exponente de este rasgo venal y siniestro del lumpen fue el que fuera dirigente poblacional de Lo Hermida en tiempos de la UP, Osvaldo “Guatón” Romo, posteriormente un notorio torturador de la DINA.

Como corolario de esta situación vemos que en efecto esa mentalidad individualista y egoísta que hoy predomina, no ha aparecido de la nada. Los medios de comunicación, controlados por la derecha, han contribuido a una creciente “idiotización” de la población. Su expresión más patente son esos resumideros de la estupidez colectiva que son los matinales de la televisión, en estos días todavía comentando los chismes del Festival de Viña y la intempestiva salida de un canal de una famosa animadora, supuestamente víctima de intrigas que en ese ambiente son pan de cada día.

Lo que me lleva a comentar las insólitas opiniones de nuestro pintoresco canciller: “Venezuela no es una democracia como la conocemos”, declaró en entrevista a El Mercurio. Tiene toda la razón: en Venezuela hay varios diarios y otros medios de oposición al régimen y al sistema político vigente, en Chile no hay ninguno; la constitución venezolana fue elaborada en una asamblea constituyente (y ahora se la pretende modificar por el mismo mecanismo), en Chile la constitución fue elaborada entre cuatro paredes por funcionarios designados por la dictadura. Heraldo Muñoz, el flamante canciller chileno, “tiene del año que le pidan”, como se decía en otros tiempos.

Así transcurren estos días de vacaciones en el viejo país. Poco queda de esos tiempos que hoy alimentan nuestra nostalgia. Por cierto subsisten todavía unas pocas cosas a apreciar, además de los recuerdos que ya sólo existen en nuestra mente: mi habitual visita a Valparaíso para andar en trole—medio de transporte no contaminante que naturalmente fue removido de Santiago en aras de beneficiar a la industria de motores diesel y a la mafia de dueños de microbuses— y el regreso a las “picadas” de los tiempos cuando vivía en este país, las empanadas fritas del Bar Nacional o—aun más tradicional—de El Rápido, las exquisitas pizzas del Da Dino (si a uno no le molesta comer de pie) y los mejores sandwiches de lomito de la capital en la también emblemática Fuente Alemana cerca de Plaza Italia por la Alameda, eso sin olvidar boliches típicos de las cercanías del Pedagógico como la Fuente Suiza o Las Lanzas (si uno disculpa el mal humor del dueño), lamentablemente el icónico  Los Cisnes en Macul frente a la entrada principal de la facultad dejó de existir hace muchos años.

Así veo pasar estos días, cuando Chile—este país que no es de maravillas— se apresta a soportar un nuevo gobierno de Sebastián Piñera.  Por lo menos estos cuatro años que se avecinan le darán mucho trabajo a los caricaturistas.

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Vendedores ambulantes, Santiago. Chile. Febrero 2017. Foto: Luis H Alarcón

 

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Cierre de revista ‘Punto Final”: Un nuevo y certero atentado contra la democracia

Radio U. de Chile
proximonumero_1Explicaciones hay muchas ante la pérdida de una revista tan importante y solvente como Punto Final. Sin embargo, lo que más desalienta es que no exista entre aquellos “chilenos que les ha ido bien”, y siguen profesando (según dicen) las causas del progresismo, un esfuerzo por salvar a esta revista, pero también proponerse entregar recursos que alimenten la diversidad informativa“.

 

El director de la Revista Punto Final ha anunciado el inminente cierre de su publicación. Problemas financieros serían la causa de que se apague una publicación de más de 50 años de existencia y que ha representado con lucidez la visión del progresismo o de la izquierda en nuestro país. Un notable esfuerzo editorial valorado en todo el continente y que difundió el pensamiento de decenas de periodistas e intelectuales reclutados siempre por Manuel Cabieses, cuya solvencia, ética y destreza profesional están ya inscritos en el largo y tesonero esfuerzo del periodismo libre y digno. Con independencia y sin ataduras factuales, pero siempre comprometido con los valores de la justicia social y el entendimiento político y social que se deben nuestros pueblos.

Su próxima edición promete ser la última y con ello se suma al fatal desenlace de decenas de revistas y diarios que prevalecieron e incluso surgieron durante el régimen de Pinochet pero que la posdictadura asesinó o asfixió deliberadamente durante estos 30 años de connivencia con los uniformados golpistas, los más poderosos empresarios, los partidos políticos y gobiernos que prometieron pero terminaron traicionado la demandada democracia.

El cierre de Punto Final es el triunfo de la ideología de quienes postulan el neoliberalismo económico, la democracia vigilada, la concentración de la riqueza y la marginalidad de millones de chilenos, muchos de los cuales son brutalmente reprimidos actualmente en La Araucanía, como también son perseguidas y desacreditadas sus organizaciones sociales, políticas y culturales. No podríamos decir que significa la derrota de quienes fueron nuevamente apabullados electoralmente por Sebastián Piñera y la derecha. Cuando de verdad los sucesores del dictador fueron cooptados por las ideas ultra reaccionarias y terminaron cediendo y abrazando los postulados de las cúpulas protegidas por la Constitución de 1980, el Tribunal Constitucional y los medios de comunicación hegemónicos. Esto es, por los oligopolios informativos que terminaron moribundos en 1990, pero que fueron revitalizados por los nuevos moradores de La Moneda. En la idea de que era preferible “encantarlos” con impunidad y publicidad estatal, antes que apoyar cualquier medio que se propusiera alentar los cambios, profundizar la democracia y terminar con las agraviantes desigualdades sociales.

Vale decir que, al igual que lo acontecido con diarios, revistas y otros medios progresistas, Punto Final sobrevivió gracias al compromiso de sus colaboradores, la fortaleza moral de su director y el apoyo recibido desde el exterior, siempre modesto y limitado. No consta que en todo este tiempo esta revista haya obtenido avisos o contribuciones personales o institucionales que se hayan propuesto colaborar aunque sea con la “diversidad informativa”, que hoy en el mundo se asume como una condición indispensable en la formación de conciencia y ejercicio ciudadano. Especialmente en aquellos países de solidez institucional que velan por el pluralismo ideológico y en que sus gobiernos procuran accederlos a fuentes de financiamiento a objeto de que no se vulnere este “pilar democrático”. Ejemplos de ello hay muchos en Francia, Alemania y otras naciones, como también en México e, incluso, en países pequeños como Paraguay, donde observar cualquier kiosco es comprobar la existencia de diversidad y disenso. Mientras que en Chile ya casi no se distinguen los titulares entre los dos o tres diarios de un par de empresas y los de los canales de televisión abiertos. Todos los cuales son controlados por algunos pocos magnates sin interés alguno en que Chile se consolide como una democracia verdadera. Ni, menos, en que las demandas populares alcancen difusión y encauzamiento.

Es evidente que en estos años hay varios ejemplos de personas que transitaron de las posiciones más radicales de la izquierda para culminar como empresarios o referentes que han encontrado tribuna en aquellos medios que en el pasado los abominaron y hasta demandaron su purgamiento; a cambio, por cierto, de abjurar de las ideas del pasado y someterse al pensamiento hegemónico. De la misma forma en que por estos días se puede observar a varios dirigentes políticos ansiosos por vincularse con el gobierno próximo a asumir y sacudirse del incómodo pasado, cuando la verdad es que lo que ahora valoran es la herencia pinochetista. Así como hay otros jacobinos de antaño que, como al actual canciller Muñoz, se les cae por fin la careta en su obsecuente propósito de ser reconocidos por la derecha y hasta por el gobierno de Trump.

De este heraldo personaje, por cierto, no pocos periodistas tuvimos la sospecha de que era un agente o un infiltrado desde que lo observamos maniobrar en un evento convocado por Fidel Castro en La Habana. Evento continental al que concurrió desafiando los temores que ya tenía de él la “inteligencia cubana”, que siempre fue reconocida por su eficiencia.

Con la perspectiva del tiempo, hoy se entiende perfectamente que quienes negociaron la salida política chilena con el gran empresariado, las FF.AA. y los llamados poderes fácticos (con el concurso del Departamento de Estado) fueran, en realidad, muy funcionales a la jibarización informativa y a la farándula de los medios de comunicación. Ingenuamente hubo algunos esfuerzos por desarrollar algunos diarios y revistas que marcaran diferencia con los medios dilectos de la dictadura y de la conservación de su legado que igualmente culminaron desfinanciados, cerrados y desdeñados completamente por sus camaradas en La Moneda, el Poder Legislativo y, por supuesto, las cúpulas de los partidos. Alguna vez se escribirá la historia de lo que hicieron especialmente los gobiernos de Aylwin y Lagos por oponerse a su consolidación y cumplir así a las promesas que le habían hecho especialmente a Agustín Edwards, quien le debe su recuperación económica justamente a estos gobiernos. De la misma forma que Julio Ponce Lerou, quien fuera en todo caso obligado a financiar transversalmente la política para acrecentar sus negocios.

Explicaciones hay muchas ante la pérdida de una revista tan importante y solvente como Punto Final. Sin embargo, lo que más desalienta es que no exista entre aquellos “chilenos que les ha ido bien”, y siguen profesando (según dicen) las causas del progresismo, un esfuerzo por salvar a esta revista, pero también proponerse entregar recursos que alimenten la diversidad informativa. Así como lo hacen como mucha visión política poderosos empresarios del continente, entre los que se nos ocurre citar al multimillonario Carlos Slim, quien entiende que sus buenos negocios no tienen por qué correr riesgo con un régimen que respete los derechos, por ejemplo, de los trabajadores, de los pensionados, de los estudiantes y de las minorías étnicas.

Pero lo más propio es que emergentes instituciones sociales, agrupaciones políticas realmente consecuentes, sindicatos con muchos recursos y un sinfín de instituciones de Derechos Humanos, entre tantas otras, se concierten para dar aliento a una prensa independiente y liberadora como debe ser el buen periodismo. En este sentido, debemos valorar la existencia de algunas emisoras universitarias y medios electrónicos que están en la tarea de construir cotidianamente otras pautas informativas y servir de expresión de los que “no tienen voz”. Y que, desde luego, son muchos más de los que alcanzan los medios sostenidos económicamente por las empresas privadas, las transnacionales y, para vergüenza, la publicidad estatal.

Ojalá que el lamentable anuncio del director de Punto Final nos alerte y no se transforme en otro contundente despropósito político que continúe desangrando nuestra prometida democracia. Por ahora, solo honrarnos de haber formado parte de un proyecto editorial tan digno y señero que dejó sembradas las semillas de la esperanza y, también, la posibilidad de perseguir los ideales de liberación por otros medios, cuando la censura informativa y la represión cercan tan dramáticamente al país.


Anexo: Carta de Manuel Cabieses, Director de “Punto Final”.

A LOS REDACTORES Y COLABORADORES DE PUNTO FINAL

Estimados compañeros y compañeras:

Lamentamos informarles que en marzo nos veremos obligados a suspender la publicación de la revista por una crisis financiera que no hemos podido solucionar.

El último número -en esta etapa de la accidentada vida de Punto Final- será el que comenzaremos a preparar el lunes 26 de febrero y que circulará el viernes 9 de marzo de 2018.

Agradecemos a cada uno de ustedes el esfuerzo aportado durante estos años que permitió a Punto Final alcanzar el prestigio y respeto del que goza en Chile y numerosos otros países.

Estamos orgullosos de la labor cumplida por PF en más de medio siglo al servicio de los intereses del pueblo trabajador, de las ideas revolucionarias y de la hermandad latinoamericana y caribeña.

Reciban un abrazo fraterno de

MANUEL CABIESES DONOSO

Director

Santiago, 15 de febrero de 2018

http://radio.uchile.cl/2018/02/18/un-nuevo-y-certero-atentado-contra-la-democracia/

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Capitán Osses envió correo a creador de software “Antorcha” con textos idénticos a los encontrados en celulares de comuneros detenidos en Operación Huracán

Email fue remitido el mismo día y hora en que Carabineros periciaba los celulares de los imputados

Fuentes: El Mostrador/Ciperchile.cl

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Este martes, a través de un reportaje de Ciper,  se dio a conocer la existencia de un correo redactado y enviado por el capitán y miembro de la Unidad de Inteligencia Operativa Especializada de Carabineros (UIEO), Leonardo Osses Sandoval, que lo compromete en la investigación sobre la manipulación de pruebas en la Operación Huracán.

Esto, porque el mismo día y a la misma hora en que el personal de inteligencia de Carabineros periciaba los celulares de los comuneros mapuche detenidos el 23 de septiembre, el capitán Osses envió por correo electrónico a Álex Smith, creador del software “Antorcha”, un archivo de texto con supuestas conversaciones entre Héctor Llaitul y otros implicados en la causa.

Lo revelador es que estas conversaciones son exactamente los mismos diálogos que luego aparecieron en archivos .txt en los celulares de Llaitul.

 

HABLAN CAPITÁN LEONARDO OSSES Y FISCAL LUIS ARROYO – haga click link

“Operación Huracán”: la trama que dinamitó los puentes entre Carabineros y la Fiscalía de Temuco

Además tres peritajes indican que los archivos no son de mensajería instantánea y que habrían sido puestos en los teléfonos tras la incautación de la policía.

Ese día, a las 21:08 hrs., Osses envió al funcionario civil de la institución, Smith, un correo electrónico con las imágenes de un notebook, una flecha y un celular en el asunto, en medio de un texto que decía “Documento de… Ojala Termine”. El email, además, incluía un archivo adjunto, un documento de texto con el nombre Llaitul.txt.

Pocas horas antes Carabineros y la Fiscalía habían realizado un conjunto de detenciones en el marco de la denominada “Operación Huracán”, en la que se acusó a ocho comuneros mapuche –entre ellos al líder y vocero de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), Héctor Llaitul– de formar una asociación ilícita terrorista dedicada al incendio de camiones.

Cabe mencionar que tanto Osses como Smith se encontraban en medio de los equipos computacionales instalados en un amplio salón de la sede del Labocar.

Asimismo, cabe recordar que a fines de diciembre del año pasado el Ministerio Público recibió un peritaje encargado a la Unidad Especializada en Lavado de dinero, Delitos Económicos y Crimen Organizado (Ulddeco), que determinó que los mensajes .txt encontrados dentro de los celulares de varios de los imputados en la causa no correspondían a archivos de mensajería instantánea, y que incluso algunos de ellos habían sido creados cuando los dirigentes mapuche ya estaban detenidos. Esa conclusión fue corroborada por otros dos peritajes, uno de la Policía de Investigaciones (PDI) y otro de un experto informático de la Universidad de Santiago (Usach).

Finalmente, en una carpeta de uno de los celulares de Héctor Llaitul se encontró el mismo archivo de texto (con la misma extensión txt) enviado por el capitán Osses al “profesor” Smith la noche del 23 de septiembre. Sin embargo, en el aparato Lenovo de Llaitul, el archivo –ubicado en el directorio del programa de mensajería instantánea Telegram– aparece con la denominación Text.txt, donde aparecen los mismos mensajes y en el mismo orden en que se encuentran en el archivo Llaitul.txt

Al ser consultado por el medio, el capitán Leonardo Osses aseguró que “en los equipos celulares de los imputados no se instaló ningún archivo. Yo doy fe de eso. Porque se pasaría algún funcionario de poner un archivo en presencia de todas las personas que estábamos esa noche. Es imposible, realmente es imposible. Sería muy terrible si así fuera”, dijo.

El intercambio de mensajes alojado en el teléfono de Llaitul parte con un diálogo entre “matute” y “negro”. El mismo diálogo aparece en el archivo Llaitul.txt enviado por Osses a Smith, solo con la diferencia de que en ese documento “matute” es identificado como Jorge Huenchullán y “negro” como Héctor Llaitul.

-matute: documento.xls

-LISTADO

-ESCOPETA 6

-REVOLVER 10

-PISTOLAS 12

-FUSIL 2

-MUNICIONES

-250 CARTUCOS APROX

-550 BALAS 38

-84 balas 9

-matute: audio.mp3

-negro: de argentina me van a llegar

-negro: el 15

-negro: te envio

-matute: GRACIAS

-matute: definiendo fecha

-matute: antes del 21

-negro: te apoyo con 900 lucas

Cabe recordar que este diálogo sobre un supuesto intercambio de armamento entre comunidades mapuche de Chile y Argentina, fue uno de los que dio el pie para que el subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, viajara a Buenos Aires en el marco de la fallida Operación Huracán.


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Bachelet-Guillier = Piñerachet al cuadrado

José Steinsleger

 

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En los momentos cruciales de su vida política y en el decurso de su devenir, los pueblos siempre se formulan la pregunta del millón: ¿se puede lograr la justicia social en democracia, sin violencia y derramamiento de sangre?

Tal fue la esperanza del pueblo chileno en noviembre de 1970, cuando la Unidad Popular (UP, coalición liderada por Salvador Allende), ganó los comicios presidenciales con poco menos de 37 por ciento de los votos. Triunfo ajustado, ya que la derecha dura y pura, más la Democracia Cristiana, cosecharon 63 por ciento de los votos (35 y 28 por ciento, respectivamente).

Centenares de politólogos de fama mundial se dieron cita en el país andino, produciendo millares de textos y polémicas que giraban en torno a la transición pacífica al socialismo. Y en 1971, la esperanza se redobló: la UP consiguió 48.6 por ciento de los votos en las elecciones municipales, y en marzo de 1973, 44 por ciento de las bancas parlamentarias.

El triunfo de la UP tuvo lugar en el cénit de la llamada guerra fría. Por ejemplo, un cable desclasificado del Departamento de Estado revela el diálogo sostenido entre Richard Nixon y el secretario de Estado Henry Kissinger, luego que el New York Times publicara una información sobre la chilenización del cobre. Un proceso que había iniciado el presidente Carlos Ibáñez del Campo (1952-58), continuado por el democristiano Eduardo Frei Montalva (1964-70), y completado por Allende en julio de 1971.

Nixon: ¿Viste esto?

Kissinger: Sí, lo vi.

Nixon: Es hora de patear a Chile en el culo (it’s time to kick Chile in the ass).

Entonces, el diario El Mercurio, de la familia Edwards, empezó a recibir ingentes sumas de dinero de la CIA, en el entendido de que este medio tenía un efecto multiplicador, y “…sus editoriales y noticias eran leídos en todo el país a través de varias cadenas de radio” (informe del senador Frank Church, 1975).

Simultáneamente, en noviembre de 1971, Fidel aterrizaba en Santiago. Una visita extraordinaria que, inusitadamente, se extendió por más de tres semanas. A partir de ahí, las derechas pasaron a la ofensiva.

En junio de 1973, las fuerzas armadas enviaron el primer aviso (tancazo), y el 11 septiembre, durante el bombardeo al Palacio de La Moneda, Allende murió con metralleta en mano, defendiendo la Constitución… por la razón, o la fuerza. Así quedó despejada la interrogante planteada más arriba: la violencia seguía siendo partera de la historia.

Ahora bien: ¿de cuál historia? Porque mientras el pueblo chileno resistía heroicamente contra la dictadura (1973-1989), los políticos velaban por la suya en lo que dio en llamarse Concertación(1988), bajo la mirada vigilante del tirano, el modelo de alternancia de los Pactos de la Moncloa (Madrid, 1977), y la Constitución pinochetista de 1980, hasta hoy vigente.

Por la razón, o la fuerza. Lema adoptado por los próceres independentistas de la llamada Patria Vieja (1810-1814), y que remite a Platón, el Estado de Derecho de la antigua república romana (por consejos, o por espada), y que no necesariamente es igual a Estado democrático.

De ahí que, luego de la alternancia entre los gobernantes de la Concertación (Patricio Aylwin, 1990-94; Eduardo Frei Ruiz Tagle 1994-2000; Ricardo Lagos 2000-06), dimos cuenta, en sucesivos artículos, de las fraudulentas ecuaciones institucionales que el diario español El País calificó en un editorial de “…exquisitas formas entre vencedores y vencidos” (sic, 18/12/17):

Pinochet + Concertación = Bachelet (2006); Bachelet – Pinochet = Piñerachet (2010), Piñerachet + Matthei = Bachelet (2014), hasta llegar al engendro de días pasados: Bachelet – Gillier = Piñerachet al cuadrado.

Común denominador: Pinochet. En suma, 44 años de un cuento ideológico que permite entender, plenamente, la crónica abstención de 50 por ciento del electorado, en uno de los países más injustos y desiguales del continente.

En marzo de 2018, la izquierdista Michelle Bachelet entregará nuevamente la banda presidencial al magnate Sebastián Piñera, uno de los tantos dueños de Chile que, a más de ser hermano de José Piñera (acérrimo colaborador de Pinochet), cuenta con un amplio prontuario judicial.

Cabe esperar, por fin, que la ceremonia no esté marcada por el percance que sufrió Bachelet en 2014, luego que se le cayera la piocha de O’Higgins. Por lo cual, el edecán del Senado debió facilitar una de sus insignias para salvar el incómodo momento. La piocha es el distintivo que en el traspaso del mando de un presidente a otro, simboliza la entrega del poder en Chile.

http://www.jornada.unam.mx/2017/12/20/opinion/019a2pol

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GOBIERNO LLAMA A GENERAL VILLALOBOS A SUSPENDER SUS VACACIONES Y RETOMAR SUS FUNCIONES “A LA BREVEDAD”

El general director de Carabineros abordó la noche de este domingo un avión con destino a Miami.

29 de Enero de 2018 08:35

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INSUBORDINACIÓN, CORRUPCIÓN, FALSIFICACIÓN DE PRUEBAS, ASOCIACIÓN ILÍCITA, MEGAMALVERSACIÓN DEL ERARIO NACIONAL, SOBRESUELDOS Y SOBREPENSIONES TRUCHOS POR CLASES JAMÁS REALIZADAS.

Los múltiples males de una institución cuya función debiera ser proteger el orden y que extravió completamente su mandato y principios fundamentales.
Y su principal responsable, de vacaciones en Miami, en una verdadera democracia este General al menos estaría detenido y con arraigo, mientras se dilucida su responsabilidad.
Por lo menos se atrevieron a solicitarle que suspendiera sus vacaciones.

Este lunes, el Gobierno, a través del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, reaccionó al viaje a Miami del general director de Carabineros, Bruno Villalobos, realizado la noche de este domingo y lo llamó a regresar al país.

“A partir del conocimiento de las informaciones referidas al uso de vacaciones del general director de Carabineros, Bruno Villalobos, mientras se desarrollan investigaciones administrativas y penales vinculadas a la denominada “Operación Huracán”, se le ha indicado a la autoridad policial que suspenda su feriado legal y retome sus funciones a la brevedad”, indicó el comunicado.

La noche de este domingo se conoció que, haciendo uso de sus vacaciones, el timonel de la institución policial abordó el vuelo 912 de American Airlines, con destino a Miami, planeando su regreso a suelo nacional el próximo 26 de frebrero.

Lejos de pasar desapercibido, el viaje de la autoridad policial se da en medio de una profunda crisis de la institución que dirige, acusada de un presunto montaje de pruebas en el proceso judicial iniciado en contra de 17 comuneros mapuche, siendo 8 de ellos detenidos y acusados de la quema de iglesias, maquinarias y camiones en La Araucanía.

Lo anterior trajo consigo la orden de la Fiscalía a la Policía de Investigaciones de allanar el cuartel de la Unidad Operatica Especializada de Inteligencia de Carabineros en Victoria,sin embargo, en primera instancia los funcionarios de la policía uniformada le negaron el ingreso a los detectives, aunque posteriormente el procedimiento pudo realizarse de igual forma.


NOTICIA RELACIONADA:

“El carabinero llegó y me apuntó con la metralleta”: El relato de Juana Linconao del cuestionado allanamiento en casa de la machi

La hermana mayor de la machi Francisca estaba tomando mate cuando una treintena de oficiales irrumpieron en su casa la tarde del 4 de enero de 2013. En conversación con El Desconcierto, relata el episodio de principio a fin, incluido el momento en que carabineros de civil le impidieron presenciar el allanamiento a una ruca, donde se encontró la evidencia que involucra a la machi en el caso. La misma que se descartó en el último juicio debido a la “falta de garantías” en que incurrió la policía.

Por / 28.01.2018

Comunicado de prensa Subsecretaría del Interior

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Hoy la misma Iglesia Católica se basa en una enorme hipocresía. Da sermones sobre amor y compasión, pero se dedica a discriminar y condenar a aquellos que no entren en sus limitadas categorías de lo “natural” y “correcto”.

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Lo que esta visita del Papa terminará de causar

Hoy la Iglesia Católica se basa en una enorme hipocresía. Da sermones sobre amor y compasión, pero se dedica a discriminar y condenar a aquellos que no entren en sus limitadas categorías de lo “natural” y “correcto”. Apoya la caridad, y ayudar al pobre, y le pide al Estado chileno (que según la misma derecha conservadora y religiosa está pasando por difíciles momentos económicos) una suma de $4.000 millones.

Por / 11.01.2018

eldesconcierto.cl

Esta semana, el diputado socialista Fidel Espinoza ha propuesto atrasar la discusión de la Ley de Identidad de Género porque le parece “un poco provocativo” hacerlo cuando el Papa inicia su visita oficial “por cuanto todos sabemos que es un tema complejo”, y nos acusan a quienes nos oponemos a aplazar estas discusiones de ser “intolerantes”. Pero, ¿por qué intolerantes? En un Estado laico, que la agenda legislativa sea determinada por la venida de la figura máxima de cualquier credo religioso es inconcebible. Sabemos que hay un tema político, que es aprobar esta ley antes del cambio de gobierno, antes de que un presidente apoyado por el sector más conservador pueda interferir en la aprobación de esta ley.


NOTICIA RELACIONADA:

Sacerdotes, diáconos y una monja, entre 78 religiosos pederastas en Chile: ONG de EU

CIUDAD DE MÉXICO (apro).– La organización no gubernamental (ONG) estadunidense Bishop Accountability dio a conocer una lista de 78 clérigos acusados de abuso sexual contra menores de edad en Chile.

De acuerdo con el informe emitido esta mañana, se trata de casos de pedofilia documentados de 2010 a la fecha. Entre los involucrados figuran sacerdotes, diáconos y una monja. LEER MAS —->


Entonces, ¿qué es lo intolerante? ¿Criticar que una figura religiosa venga a costo de todos los chilenos y chilenas, que pueden o no ser católicos? ¿Qué se tengan que suspender aproximadamente 800 cirugías? ¿Qué sea necesario un horario especial de apertura del Metro? ¿O es intolerante, acaso, aplazar la discusión que posiblemente posibilitará que muchas personas puedan vivir su vida diaria de acuerdo al género que las identifica, sin ser discriminadas por el Estado? Ciertamente, lo menos intolerante, lo más democrático e ‘institucional’, es promover que se mantenga la agenda legislativa y se discuta esta importante ley.

Sin embargo, lo que se esconde detrás de esta tensión no es únicamente un conservadurismo y catolicismo al interior de un Estado supuestamente laico, sino que es la posición de la propia Iglesia, que no sólo acepta, sino que exige este trato privilegiado. La Iglesia reclama defender valores como la solidaridad, la compasión, el amor, la fraternidad, el respeto, y muchos otros. Pero, en los hechos, se sustenta en el conservadurismo, la discriminación e, incluso, el odio.

¿Por qué la Iglesia condena a los homosexuales? ¿Por qué se ha opuesto históricamente a medidas como la igualdad de los hijos, el divorcio o el aborto? ¿Por qué discriminan a las personas trans? ¿No que debo amar al prójimo como a mí mismo? ¿No que quien esté libre de pecado tire la primera piedra?

La Iglesia Católica es una de las instituciones con mayor poder económico en el mundo. Con todos estos recursos, ¿es realmente necesario que el Estado deba aportar con una cantidad absurda de dinero para financiar el evento? Este dinero podría ser usado en el financiamiento de educación y salud, por ejemplo. Se supone que la religión católica impulsa un espíritu de compasión con los pobres, a no buscar la abundancia. Pues, ¿No era la biblia la que decía que “es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”? (Lucas 18:25) Que uno debe ayudar a su prójimo, “Pues si uno es rico y ve que su hermano necesita ayuda, pero no se la da, ¿cómo puede tener amor de Dios en su corazón?” (1 Juan 3:17).

En el fondo, hoy la misma Iglesia Católica se basa en una enorme hipocresía. Da sermones sobre amor y compasión, pero se dedica a discriminar y condenar a aquellos que no entren en sus limitadas categorías de lo “natural” y “correcto”. Apoya la caridad, y ayudar al pobre, y le pide al Estado chileno (que según la misma derecha conservadora y religiosa está pasando por difíciles momentos económicos) una suma de $4.000 millones.

Lo que esta visita del Papa está causando, y terminará de causar, es lo contrario a lo que busca. Busca un acercamiento de las personas con la religión y lo único que ha hecho es demostrar, de manera aún más marcada, el profundo alejamiento que tiene respecto del gozo y las esperanzas, las alegrías y las tristezas del pueblo chileno.

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Piñera arrastró votos DC, izquierda anti-concertación y activó a la derecha con “Chilezuela”

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Antes de la segunda vuelta se asumía que el techo de Piñera estaba en la suma de lo que él había obtenido más la votación de Kast. Pero logró 855 mil votos más. ¿De dónde vinieron esos sufragios? ¿Del Frente Amplio? En esta columna el sociólogo César Guzmán-Concha examina el probable traspaso de votos de cada sector y sugiere que entre un 40% y un 60% de los que optaron por Carolina Goic terminó con Piñera, al igual que un 11,4%, al menos, de los votantes que se habían inclinado originalmente por un candidato de izquierda. A ellos, dice, se sumaron votantes inclinados a la derecha que no acudieron a las urnas en noviembre y que se activaron con la campaña “Chilezuela”.

Por César Guzmán Concha

La victoria de Sebastián Piñera fue sorpresiva y aplastante. Sorpresiva, porque la mayoría de los analistas y observadores anticipaba una disputa voto a voto, y no pocos le daban chances de triunfo a Guillier. Aplastante, por los nueve puntos de distancia que sacó Piñera y porque su votación sobrepasó por casi 150 mil votos a la suma de los candidatos del centro a la izquierda en la primera vuelta.

Piñera, con sus casi 3,8 millones del domingo pasado, consiguió 855 mil votos más que la suma de lo que obtuvo él mismo y José Antonio Kast (2,94 millones en la primera vuelta), superando por 640 mil votos a su contendor.

Guillier, en cambio, con sus 3,1 millones se quedó casi 500 mil votos abajo de la suma de todos los candidatos del centro a la izquierda en la primera vuelta (3,66 millones).

¿Cómo podemos explicar esa impresionante votación y, en particular, los 855 mil votos adicionales para su sector en segunda vuelta? ¿De dónde proceden esos votos? ¿Hubo un traspaso de electores que se inclinaron por  Sánchez, Goic o Marco Enríquez-Ominami? ¿De qué magnitud y qué tan decisivos fueron dichos traspasos?

Una encuesta post-electoral sería una herramienta muy útil para responder esas preguntas, pues se podría estimar la magnitud de los cambios y las continuidades en las preferencias electorales a nivel individual, el origen y destino de las transferencias de votantes, y el potencial impacto de las campañas políticas en el electorado.

Hay que explicar los 855 mil votos adicionales de Piñera y los casi 500 mil que Guillier no consiguió capitalizar en la segunda vuelta”

Hasta donde sé, no existen encuestas de este tipo en Chile. Los datos de los que disponemos hoy corresponden a unidades ecológicas o territoriales, como las comunas, los locales de votación o las mesas. Dado que el voto es voluntario y dado el incremento general de la participación en segunda vuelta (330 mil personas adicionales), y considerando el descenso en la cantidad de votos nulos y blancos (de casi 28 mil unidades, lo que resulta en unos 360 mil votos extra válidamente emitidos en segunda vuelta), cualquier análisis que parta del supuesto de que exactamente las mismas personas votaron en ambas fechas sería errado. Los universos votantes de las elecciones del 19N y 17D son distintos.

Lo anterior no impide hacer estimaciones de transferencias, pero para hacerlo corresponde proceder con cautela.

En primer lugar, tales estimaciones deben realizarse sobre la cantidad de votos y no sobre los porcentajes de votación. Los porcentajes son calculados con referencia a la afluencia a las urnas y si esta varía entre una votación y otra, los porcentajes pueden confundir más que aclarar.

En segundo lugar, no debemos concentrarnos en la votación, ni en el porcentaje final a nivel nacional o comunal por un candidato, ni en la posición en la que quedaron en la segunda vuelta. Lo importante es la diferencia (o margen) entre el voto que obtuvo Piñera en segunda vuelta respecto de lo obtenido en la primera por el mismo Piñera y Kast combinados (el voto de derecha), y la diferencia (o margen) entre la votación obtenida por Guillier en la segunda vuelta respecto al voto combinado de Guillier, Sánchez, Goic, MEO, Navarro y Artés en la primera (el voto de centro-izquierda, para entendernos).

Esta diferencia, también llamada swing en los estudios especializados, es la clave para realizar estimaciones de transferencias. En particular, hay que explicar los 855 mil votos adicionales de Piñera y los casi 500 mil que Guillier no consiguió capitalizar el 17D.

Algunos periodistas están comparando porcentajes, lo que conduce a conclusiones erradas. Por ejemplo, una nota de La Tercera concluye que los bastiones del Frente Amplio “apoyaron de forma importante a Guillier, quien incluso mejoró el desempeño de Frei en 2010”. El medio digital El Desconcierto se hace eco de la misma nota, la que a su vez se basa en análisis realizados por la plataforma DecideChile.

Tematicas Elecciones Presidenciales 2017El problema es que dichos análisis confunden planos. Una cosa es el desempeño de Guillier comparado con el de Frei Ruiz-Tagle en segundas vueltas en comunas importantes, como Santiago, Puente Alto o Valparaíso; o quién ganó en determinadas comunas donde el Frente Amplio obtuvo un respaldo significativo. Pero otra bien distinta es abordar hasta qué punto Piñera consiguió incrementar su respaldo más allá de la suma Piñera + Kast en tales distritos.

El artículo de La Tercera nos permite inferir que el grueso de los votantes de Beatriz Sánchez se volcó con Guillier en segunda vuelta, y que a éste le fue mejor que a Frei Ruiz-Tagle en algunos lugares clave. Pero surge la paradoja de que, aun mejorando el desempeño de la centro-izquierda en 2017, Guillier perdió ante Piñera por una magnitud más amplia. La paradoja se debe a que se comparan porcentajes que están basados en universos de votantes distintos.

Además, esas comparaciones no permiten identificar transferencias de votantes hacia Piñera, ni menos explican el origen de los 855 mil nuevos votos para el candidato de derecha de la segunda vuelta. Si se pone atención al swing, en cambio, se observa que aun quedando segundo en varias comunas grandes, Piñera fue capaz de aumentar su respaldo en varios miles de votos. Es ese incremento sostenido en la gran mayoría de los territorios lo que explica la distancia final entre él y Guillier.

La evidencia que se examina en esta columna sugiere que una parte importante del voto por Carolina Goic de primera vuelta, la gran mayoría de los nuevos votantes de la segunda vuelta y una fracción minoritaria, pero significativa, de votantes de candidatos de izquierda (Sánchez, Enríquez-Ominami, Navarro y Artés) fue a parar a Piñera.

Desde esta perspectiva, la derecha ganó porque:

1. Consolidó sus piezas fundamentales, principalmente el voto de los dos candidatos del sector en la primera vuelta, e incorporó a la campaña a figuras importantes del sector (Felipe Kast y, principalmente, Manuel José Ossandón) que evitaron una fuga de votantes y/o arrastraron nuevos votantes;

2. Atrajo nuevos electores a las urnas.

3. Robó votos en otros caladeros, entre ellos el conservador de la base DC y un voto anti Concertación/Nueva Mayoría que se aprecia principalmente en una parte del electorado del FA y MEO.

En cambio, Guillier ni consolidó su sector ni atrajo nuevos electores ni robó en otros caladeros. Es la presencia (o ausencia) de las tres causas combinadas (y no por separado) la que explica el resultado final.

EXAMEN NACIONAL

Conocidos los resultados la noche del 17D, las miradas se dirigieron hacia los votantes del Frente Amplio. Guillier quedó más de 495 mil votos debajo de la sumatoria de todos los candidatos del centro a la izquierda del 19N, y varios observadores, especialmente del bando de Guillier, acusaron a la joven coalición de izquierda de la derrota de su candidato.

La evidencia sugiere que una parte importante del voto obtenido por Goic, la gran mayoría de los nuevos votantes de la segunda vuelta del 17D, y una fracción minoritaria pero significativa de votantes de candidatos de la izquierda (Sánchez, Enríquez-Ominami, Navarro y Artés) fue a parar a Piñera”

Supongamos por un momento que esos análisis son correctos y que la totalidad de esa merma puede ser atribuida a votantes de Sánchez que se inclinaron en segunda vuelta por Piñera (en adelante, dichos 495 mil votos de diferencia serán referidos como la “merma de Guillier”).

En dicho escenario, un 63% de los votantes de Sánchez habría respaldado a Guillier, mientras que un 37% lo habría hecho por Piñera. Sabemos, sin embargo, que este escenario no es razonable, porque implica asumir que a la merma de Guillier solo contribuyeron los votantes de la candidata del FA y no los votantes de otros candidatos, como Goic, MEO, Navarro o Artés.

A pesar de su inverosimilitud, este supuesto nos ayuda a establecer un límite teórico máximo de transferencia del voto de los candidatos de izquierda. Decimos límite teórico máximo porque parece razonable pensar que, de haber una trasferencia de votantes de izquierda a Piñera, dicha transferencia no podría ser superior a la merma de Guillier (esos 495 mil votos de diferencia entre el voto combinado de los candidatos del centro a la izquierda del 19N y los que obtuvo Guillier el 17D).

En relación alconjunto de votos de la izquierda (es decir, para el voto combinado de Sánchez, Navarro, MEO y Artés), dicha transferencia sería del 15%. Pero este supuesto es útil, además, porquenos permite notar que, aun si los 495 mil votos que no consiguió asegurar Guiller fueran solo de electores del FA que votaron por Piñera, todavía quedarían unos 360 mil votos para explicar la totalidad de la ventaja obtenida por el candidato de la derecha.

Respecto al 19N, hubo casi 360 mil votos válidamente emitidos adicionales en segunda vuelta. Habría que asumir que la totalidad de dichos votantes adicionales se inclinaron por Piñera para resolver el misterio de los 855 mil votos extra de la derecha. Sin embargo, sabemos otra vez que dicho supuesto es muy probablemente equivocado. Una parte de los nuevos votantes lo hizo por Guillier, pero no sabemos exactamente cuántos.

Por otra parte, cualquiera que sea la forma en que los nuevos votantes se repartieron y el porcentaje de votantes de izquierda que no siguió a Guillier en la segunda vuelta, aun queda una cantidad importante de votos que cabría incluir en la ecuación para explicar la diferencia en favor de Piñera.

guillier

Y aquí es donde entran los votantes de Carolina Goic a la ecuación. A modo de ejemplo, si el 80% de los nuevos votantes se hubiera inclinado por Piñera  en la segunda vuelta, y el 80% de la merma que tuvo Guillier se hubiera originado en electores que escogieron a un candidato de la izquierda el 19N, pero que prefirieron a Piñera antes que a Guillier en segunda vuelta, entonces sería necesario que 171 mil votantes de Goic también se hubieran inclinado por el candidato derechista en la segunda vuelta. Esto equivaldría a un 44% del total de votantes de la candidata DC (Goic obtuvo 387.780 preferencias).

Pero, para desentrañar los flujos de transferencias en modo más preciso es necesario concentrar la atención en las comunas. Las cifras exactas y los porcentajes de las transferencias son imposibles de calcular con los datos disponibles. Pero si utilizamos algunos supuestos conservadores, pero bien fundados, podemos arribar a estimaciones sensatas que permiten desmentir ciertos mitos ya instalados y otras acusaciones infundadas.

COMUNAS CLAVES

En Puente Alto Guillier quedó 19 mil votos por debajo de la votación que obtuvieron Guillier + Goic + Sánchez + MEO + Navarro + Artés en primera vuelta.

Si suponemos que la totalidad de esos 19 mil votos faltantes son atribuibles exclusivamente a electores que en primera vuelta se inclinaron por Sánchez (que en Puente Alto fue primera mayoría con 50.583 votos, el 31,4%), eso significaría que solo un 61% de sus votantes lo hizo por Guillier en segunda vuelta y que, al menos, un 39% lo habría hecho por Piñera.

Pero ya sabemos que ese supuesto no es razonable.

Otro elemento a considerar es este: en esa comuna Piñera obtuvo 23 mil votos más que los que obtuvo en primera vuelta la suma de sí mismo y Kast. Además, la participación se incrementó en 4.300 nuevos votos válidamente emitidos.

Si un 80% de la merma que registró Guillier fueran votantes de candidatos de izquierda devenidos Piñeristas y un 80% de los nuevos votantes hubieran ido a parar a Piñera, todavía faltarían unos 4.600 votos para arribar a los 23 mil votos extra que obtuvo Piñera en esta comuna.

Solo queda mirar a los electores de Carolina Goic.

La candidata decé obtuvo 7.800 preferencias en la primera vuelta. Sumando y restando, esto significa que un 59% de los votantes de Goic del 19N se habrían inclinado por Piñera en segunda vuelta.

Si atribuimos –en forma arbitraria– la totalidad de la merma de Guillier por izquierda en Puente Alto exclusivamente a votantes de Sánchez (un supuesto poco razonable pero útil para graficar mi argumento), resultaría que al menos un 70% de los votantes de la candidata del FA apoyó a Guillier el 17D, y un 30% a Piñera en esta comuna.

Pero sabemos que la merma por izquierda de Guillier no es atribuible exclusivamente a un grupo específico de votantes. Es muy factible que una porción de electores de MEO, Navarro y Artés no se inclinara por Guillier el 17D (votando Piñera, nulo/blanco o absteniéndose).

Beatriz-Sánchez1

Lamentablemente, no tenemos antecedentes para dar una estimación razonable de dicha porción. De todos modos, los votos nulos y blancos en la comuna fueron inferiores en la segunda vuelta, lo que permite descartar un movimiento masivo en esa dirección, reafirmando la impresión de que algunos de esos electores efectivamente cambiaron su preferencia por Piñera.

De esta revisión se puede concluir que es razonable pensar que como mínimo un 70% del electorado de Beatriz Sánchez en Puente Alto prefirió a Guillier el 17D.

El efecto Ossandón habría arrastrado en favor de Piñera a un porcentaje cercano al 30% de la votación de Sánchez, es decir, unos 15 mil votos –muy probablemente algo menos que ello.

Los restantes 8 mil votos que se necesitan para completar los 23 mil extras de Piñera provendrían de los nuevos votantes y de los votantes de la candidata del PDC.

Proporcionalmente a su votación, el efecto favorable a Piñera de la campaña de la segunda vuelta sería más significativo entre los votantes de Goic (59%) que entre los votantes de Sánchez (30%). Esta es la situación de una comuna con un electorado especialmente expuesto a la oferta de la así llamada “derecha social”, donde era claro que parte de la votación de Beatriz Sánchez provenía de personas que en el pasado habían respaldado a Ossandón.

En Ñuñoa, Guillier obtuvo casi 55 mil votos el 17D, unos 8 mil por debajo de la suma Guillier + Sánchez + Goic + MEO + Navarro + Artés (suma que en esta comuna totalizó 63.458 votos).

Piñera, en tanto, obtuvo 12 mil más que la suma Piñera + Kast de primera vuelta (es decir, poco más de 60 mil votos). Hubo también poco más de 4 mil votantes adicionales y, a diferencia de Puente Alto y de la tendencia nacional, los votos nulos y blancos se incrementaron en la segunda vuelta (unos 600 nulos y blancos adicionales).

¿De dónde provienen los 12 mil votos adicionales de Piñera?

Para estimar un límite máximo a una eventual transferencia de votantes de izquierda, atribuiremos la totalidad de la merma de Guillier en esta comuna (unos 8 mil votos) al conjunto de votantes de Sánchez, MEO, Navarro y Artes de la primera vuelta.

En síntesis, Piñera ganó por tres motivos: (1) consolidó sus votación, e incorporó a figuras que evitaron una fuga de votantes y/o arrastraron nuevos votantes; (2) atrajo nuevos electores a las urnas, y (3) robó votos a su contrincante”.

Tal estimación es arbitraria, pero ilustrativa de los máximos que es razonable atribuir a la transferencia de votantes de izquierda. Por otra parte, si:

(a) la totalidad de los votos que obtuvo Goic en la primera vuelta (8.869 preferencias) fueran atribuidos a Piñera, y

(b) si suponemos que el 80% de los nuevos votantes lo hizo por Piñera (unas 3.200 preferencias),

la diferencia que resulta respecto del margen (swing) obtenido por el candidato derechista en Ñuñoa, permitiría estimar el mínimo de transferencia de votantes de izquierda a Piñera (unos 300 votos)(1).

Ambos límites son teóricos y poco probables. Para obtener una estimación más razonable, debemos introducir algunos supuestos adicionales.

Usando el supuesto conservador de que un 44% de los votantes de Goic lo hizo por Piñera, unos 3.500 votos, y que un 80% de los nuevos votantes lo hicieron por Piñera, unos 3.200 votos, entonces unos 5.300 electores de candidatos de izquierda el 19N habría votado por Piñera el 17D (2).

Dicha cifra representaría un 16,2% de los votantes de izquierda del 19N (o un 19% de los votantes de Sánchez, en caso que arbitrariamente atribuyamos la totalidad de tal transferencia a votantes de una sola candidata de los cuatro de la izquierda). Como es claro, mientras mayor sea el porcentaje de transferencia de votos DC, menor sería la transferencia de votos de izquierda.

En efecto, si usáramos un supuesto más audaz, es decir, que tal como en Puente Alto, el 59% de los votantes de Goic de Ñuñoa se plegó a Piñera el 17D (unos 5.200 votos), entonces solo unos 3.600 votantes de izquierda el 19N optaron por Piñera en segunda vuelta. En términos porcentuales, ello representaría el 13% de los votos de Sánchez, siempre suponiendo (erradamente) que la totalidad de la transferencia de votantes de la izquierda a la derecha se explica por los electores del FA del 19N.

En comunas como Las Condes o Vitacura, Guillier obtuvo en la segunda vuelta más votos que la suma de Guillier + Sánchez + MEO + Navarro + Artés el 19N, mientras que Piñera incrementó su votación casi calcado a la suma de Piñera + Kast + Goic el 19N y de los nuevos votantes del 17D.

En general, dado que Piñera obtuvo muchos más votos que la suma Piñera + Kast en numerosas comunas, no hay modo de explicar tal incremento si no se suma una parte importante del voto por Goic y una parte de significativa de los nuevos votantes a Piñera.

Es evidente que ni la totalidad de los votantes de Goic ni el 100% de los votantes nuevos votaron por Piñera, pero es razonable concluir que una gran parte lo hizo.

En Valparaíso, Beatriz Sánchez fue primera mayoría el 19N con casi 44 mil votos (36,8%). En segunda vuelta, Guillier quedó casi 13 mil votos por detrás de la sumatoria de todos los candidatos del centro a la izquierda el 19N.

Mientras, Piñera, aumentó en más de 12.500 sus votos respecto a la suma de él mismo y Kast de la primera vuelta.

Tal como hemos procedido anteriormente, atribuiremos la totalidad de la merma de Guiller a los votantes del FA y así fijaremos el límite máximo de la trasferencia de la izquierda a la derecha. En este caso, esos 12.500 votos corresponderían al 24,7% de los votos por candidatos de izquierda (o un 29% de los votos de Sánchez).

Atribuyendo la totalidad de los votos de Goic a Piñera, y sumando la ligera disminución de 300 unidades en los votos válidos (vamos a suponer que dicha disminución se trataría de votantes del centro a la izquierda que no acudieron a las urnas el 17D, por lo que contribuirían a la merma de Guillier), fijamos el límite inferior de transferencia de votos de la izquierda a Piñera.

Sebastián Piñera

En este caso, unos 7.300 votos, el equivalente al 14,4% de la votación por candidatos de izquierda el 19N (o un 17% de los votos del FA, en caso que arbitrariamente atribuyamos la totalidad de tal transferencia a votantes de una sola candidata de los cuatro de la izquierda).

Dado que no es razonable atribuir la totalidad de esa transferencia a los votantes de Sánchez, la transferencia exacta de votantes de la izquierda a la derecha en Valparaíso se encuentra en algún punto entre 12 mil y 7.300 votos (es decir, entre el 29% y el 17% de sus votantes).

MULTICAUSAL

Las estimaciones anteriores, con datos nacionales y de algunas comunas seleccionadas, se han hecho introduciendo supuestos relativamente conservadores, pero fundados, a fin de explicar el significativo incremento de la votación de Sebastián Piñera en segunda vuelta, muy por sobre la votación combinada obtenida por los candidatos de la derecha el 19N, así como el fracaso de Alejandro Guillier en consolidar el respaldo combinado de los candidatos del centro a la izquierda.

El objetivo no ha sido explicar los porcentajes ni la posición relativa de cada candidato en la segunda vuelta, sino los márgenes perdidos o ganados en términos de número de votos, por sector, entre el 19N y el 17D.

El análisis permite concluir que el espectacular incremento de la votación de Piñera en segunda vuelta, 855 mil votos, se explica por la combinación de tres factores. Primero, Piñera aseguró la votación de primera vuelta de su propio sector (en particular de José Antonio Kast, el otro contendor de derecha). Segundo, Piñera incorporó nuevos votantes: se registraron 350 mil nuevos votos válidamente emitidos el 17D, los que en su gran mayoría fueron a parar al candidato de la derecha. Y tercero, la campaña de Piñera fue eficaz en sustraer votos de otros candidatos en el centro y la izquierda. En particular, una parte significativa de los votantes democratacristianos, y una porción minoritaria pero significativa de los votantes de los candidatos de la izquierda.

En el caso de los electores de los candidatos de la izquierda el 19N, la transferencia a Piñera, en el peor de los casos, no habría superado el 15% del voto combinado por los candidatos del sector (Sánchez, MEO, Navarro y Artés). Si la totalidad de dicha transferencia fuera atribuida a votantes del FA, esta llegaría como máximo al 37%, pero sabemos que tal atribución se basa en un supuesto errado.

En efecto, estas cifras se reducen significativamente cuando computamos el efecto de los nuevos votantes y la transferencia por parte de los votantes del PDC.

Nuestro análisis, basado en supuestos conservadores, permite establecer que entre un 40% y un 60% de los votantes de Goic fue captado por Piñera. De tal modo, si un 50% de la votación de Goic hubiera migrado a Piñera (193 mil preferencias), y si el 80% de los nuevos votantes lo hicieron por Piñera (288 mil preferencias), la transferencia desde los votantes por candidatos de izquierda se reduciría a un 11,4% (o unas 373 mil preferencias).

¿Quiénes son estos votantes? El análisis anterior es consistente con algunas interpretaciones cualitativas sobre la movilización electoral provocada por la campaña de Piñera para la segunda vuelta. El miedo a “Chilezuela”, a los votos marcados, a no encontrar trabajo, a otro gobierno con los comunistas en La Moneda, activó a los votantes derechistas (y a otros no tan escorados a la derecha).

El incremento de la participación, esos 330 mil nuevos votantes, parecen responder a estos llamados hechos con insistencia por los líderes de la derecha. Por otro lado, parece claro que una parte no despreciable de votantes de Sánchez y MEO se corresponde con personas de marcada identidad anti Concertación – Nueva Mayoría. Dicha identidad se superpondría a cualquier otra (por ej., la identidad de izquierda sería secundaria o inexistente entre estos votantes), lo que los haría impermeables a los llamados a votar por Guillier hechos por sus respectivos líderes.

Por último, como han declarado varios personeros del PDC tanto antes como después de las elecciones, una parte de su propio electorado estaría penalizando la alianza de su partido con las fuerzas de izquierda, especialmente con el Partido Comunista. Para los votantes más conservadores del PDC (por ejemplo, para aquellos que se identifican con personeros como Mariana Aylwin), en ausencia de un candidato propio, Piñera era la mejor alternativa.

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Después de la paliza… ¿Y ahora qué?

El triunfo de la derecha fue demoledor. No se trata solo de un triunfo político, también es un triunfo en lo cultural. La derrota de la centroizquierda fue aplastante. ¿Qué hacer?


Escriben Arturo Alejandro Muñoz y Luis Casado

Fuente: diarioelect.politika@com


que-hacer

Quienes tienen más de 60 años de edad recordarán la derrota sufrida por la izquierda –con Salvador Allende a la cabeza– en el año 1964: la derecha decidió no llevar candidato a la presidencia y apoyó al democristiano Eduardo Frei Montalva. Así le otorgó a Frei y a la DC un triunfo cuyo resultado superó el 56% de los votos válidamente emitidos. No fue la última vez que el “centro” y la derecha se unieron para impedir el triunfo de la izquierda de izquierda (para diferenciarla de la izquierda de derecha o “centroizquierda”). Años más tarde, en 1973, ambos sectores contribuyeron al golpe de Estado.

Hoy, en la segunda vuelta de la presidencial, el triunfo de la derecha fue demoledor. No sólo se trata de un triunfo político, también es un triunfo en lo cultural. La derrota de la “centroizquierda” fue aplastante. Para Bachelet y la “centroizquierda” entregarle el poder a Piñera deviene una costumbre.

De 1990 en adelante, con o sin alternancia, hemos asistido a una suerte de cogobierno. Desde hace 27 años la “centroizquierda” y la derecha han compartido el mismo modelo económico heredado de la dictadura. De ese modo se arriba a una forma de desarrollo socioeconómico mediocre, en la cual –desgraciadamente– las grandes ideologías y los sueños de profundos cambios políticos salen sobrando. Lo que prima en cualquier gobierno inserto en este horizonte es el interés de los poderosos, no las grandes utopías.

Una derecha pragmática, bárbara y fría, –con el concurso de una “centroizquierda” deslavada y obsecuente–, impuso en la sociedad objetivos que benefician sus propios intereses.

E hizo de quienes debían estar situados en la vereda de enfrente sus socios putativos. Putativos y dóciles. Individualismo y consumo han sido los pilares fundamentales del sistema que se apoya en una democracia de “Mall”, donde sólo existen consumidores, clientes y deudores.

Ya no hay, como décadas atrás, una visión de futuro, un sueño de país, de República integradora.

A estas alturas la derecha no tiene necesidad de inventar nada. No lo necesita. Culturalmente, la sociedad parece aceptar que el dominio de los poderosos surge de una Ley Natural inexistente. Tanto menos cuestionable que es Natural, e inexistente.

La izquierda de derecha, fraccionada, sin ideas sino las de la derecha, más preocupada de la repartija de sinecuras que del pueblo que dice representar, practicando el método “quítate de allí que yo me ponga”, lucha por la corona del ‘elegido’, del ‘iluminado’, de la Juana de Arco que movilizará a los millones de seguidores que alguna vez tuvo ese sector.

Esa izquierda de derecha, la mal llamada “centroizquierda”, es la derrotada. Nunca fue portadora de nada, de ningún proyecto fundador de una República democrática, justa, verdaderamente moderna, en la que la inmensa mayoría de la población pudiese reconocerse. La izquierda de derecha se contentó con administrar el espejismo del consumo a crédito, de la libertad de auto explotarse como “sub-contratista”, de pequeño empresario con ínfulas de potentado, de winner en la jungla de las oportunidades para todos.

Al final, no puede sorprender a nadie que los electores que aun votan prefieran el original de derecha a la mala copia “centroizquierdista” que a ratos, –solo a ratos–, impulsada por algún remordimiento de consciencia, evoca algún derecho secuestrado para restaurarlo disuelto en agua bendita.

Mientras tanto… ¿qué propone la izquierda de izquierda? ¿Qué puede oponerle a la derecha que pretende tener la exclusividad del “crecimiento”, del consumo y la felicidad en la Tierra?

La cuestión tiene pertinencia planetaria. Allí donde las fuerzas de la izquierda consecuente renacen, replantearse la economía es tarea prioritaria. Reciprocamente, allí donde se replantean la economía, renacen las fuerzas de izquierda.

La utopía de un mundo maravilloso centrado en el lucro, en la explotación del Hombre y la Naturaleza, es inviable. La dominación de los poderosos, asentada en la pauperización de los más, nos lleva al desastre. La concentración de la riqueza en manos de un puñado de privilegiados que se erige en modelo, es la receta para un mundo impracticable.

La dimensión ecológica de la izquierda de izquierda debe estar en el meollo de sus reflexiones: lo que está en juego es la supervivencia de la Humanidad. El crecimiento sin fin no es una utopía: es una condena.

Por ahí hay quien sugiere releer a Malthus, y en una de esas lleva razón. El mundo es finito. La aceleración del consumo y la desaparición de los recursos renovables nos acerca a una crisis en que la lucha de clases no tiene nada que ver. Se trata de la supervivencia de la vida en la Tierra.

Como suele suceder, quienes tocan el tema desde el punto de vista de la “ciencia ficción” asumen un papel de precursores. Los films Elysium o Interstellar nos hablan de un mundo agotado, en el que el riquerío se reserva el recurso de una prisión de lujo, o algunos científicos en plan Giro Sintornillos venden la pomada del viaje a otras estrellas.

Por lo pronto, avanzado el primer cuarto de siglo XXI, no logramos ni siquiera revertir el fenómeno de la creciente apropiación del trabajo de todos por parte de una oligarquía insaciable. Bernard Maris llegó incluso a sugerir que ese es un viaje sin regreso o, en otras palabras, una condena a muerte sin remisión de pena.

Nos acercamos, a pasos agigantados, al triunfo de los privilegiados que dominarán sin contrapeso en un mundo inviable.

Gradualmente, las elites remplazaron el sueño del paraíso en el cielo por la quimera de ser todos como Piñera: ignorantes, mediocres, deshonestos, inmorales, pero pillines y ricos.

La izquierda de izquierda tendría que partir por dejar claro que si el primer sueño tuvo como objeto mantener dócil la mano de obra para facilitar la acumulación primitiva, el segundo es una pesadilla de la cual no despertaremos.

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